Maldita vida... —¿A caso no me reconociste?—preguntó con algo de asombro Marian. —Por supuesto que no, te ves completamente distinta y sin decir que no sabía que habías regresado de Grecia.—dije más confundida que antes. —Vaya, al parecer todos nos conocemos.—río Alexander algo incómodo rascando su nuca. —Camil, ¿Puedo hablar contigo?— habló por fin David. —Claro que sí, permitanos un momento.— hablé y David me tomó del brazo delicadamente. Nos alejamos un poco de Alexander y Marian y nos sentamos en una mesa completamente vacía. —¿Que putas fue eso?—habló exasperado. —¿Perdón? Estás loco si crees que me vas a hablar cómo se te de la gana.— expresé molesta—El señor no se ha dignado a hablarme por un mes y cuándo lo haces me rechazas por un "compromiso" y resulta que estás abra

