Camil: El vaso en el suelo se rompió en mil pedazos y yo solo me quedé estática por la voz que venía detrás de mi espalda ¿Por qué demonios estaba David aquí? Ya matenme. Sentí mi cara ponerse caliente y mis mejillas se tiñeron de rojo, la cara me ardía de la vergüenza por alguna razón. —¿Todo bien, darling? No escuché cuando te levantaste de la cama. No te muevas o puedes cortarte.— habló un semidesnudo Alexander delatando que se había despertado por el estruendo que había ocasionado. Desapareció rápidamente de la puerta, yéndose a quien sabe dónde. —¿Me puedes explicar que carajos haces aquí?— preguntó con asombro y coraje mi ex profesor, viéndome de arriba abajo. —Creí que ayer había sido bastante clara.— contesté posando una de mis manos en la cadera. –Además ¿Tú que haces aquí

