La semana que siguió fue verdaderamente buena para Ezra, quien se estaba cotizando como la favorita del rey. Los regalos que llegaban al palacio de la mujer eran de la mejor calidad, y pronto ese lugar dejó de ser aquel el simple hogar de una desgraciada concubina.
El rey había mandado a remodelar su palacio y poco a poco sus cámaras y habitaciones adquirían una imagen mucho más presentable.
Las visitas del rey al palacio eran muy constantes, incluso varias veces al día. El emperador solía sentarse en el gran sillón de la cámara principal para charlar con Ezra.
Ahora el nombre de la asistente Azzar estaba en boca de todas las esposas y concubinas del rey. Todas llegaron a saber sobre la ascendente fortuna de Ezra, tanto que algunas deseaban estar en su lugar mientras que otras su estrepitosa caída.
—Madame Azzar, mire el regalo que le ha enviado el rey —entró Didi emocionado.
Tras el eunuco iban otros sosteniendo en bandejas de plata, unas coloridas telas.
—Madame, el rey dijo que todas estas telas son para usted.
Ezra inspeccionó con alegría el regalo viendo que eran muy bonitas y hechas con el mejor algodón y seda de la región.
—Agradezco a su majestad —dijo feliz
La asistente real estaba viviendo el sueño de toda esposa o concubina, ser el primordial interés de su marido y vivir rodeada de todo tipo de comodidades y riquezas.
La joven concubina podía representar su actual estatus bajo una lluvia de papel oro, revolcarse entre sedosos y fragantes pétalos de rosas e incluso ostentar tantas joyas que le impidiese caminar.
Ezra era una figura famosa en el harén. Por lo tanto, el modelo a seguir de toda concubina. ¿Por qué había pensado en no ser la favorita? Aquello era lo mejor de la vida.
⟦···⟧
La Consorte Akil estaba que echaba humos por los oídos, ¿Cómo una simple asistente había cautivado el corazón del rey? Ni siquiera ella había logrado tanto.
Tal vez ella hubiese prolongado el favor del rey durante meses. Sin embargo, nunca había sido recompensada con tan buenas cosas ¡Nunca!
Quería ir donde esa presuntuosa mujer y dejarla tan humillada que no le quedaran ganas de siquiera salir de su palacio.
—Alteza, la señora Cadi ya nos envió la carreta. Están en el patio frontal.
—Baja todo y ubícalo en el jardín central. Avísame cuando esté todo listo.
—Sí, alteza
La doncella salió apurada de la cámara principal y enseguida hizo lo que su señora le había mandado. Todos los criados del palacio rojo estaban a la expectativa de lo que ocurriría ese día. No solo estaba involucrado el éxito de la consorte, también su propia promoción.
La señorita Zaira, doncella personal de la Consorte Akil, supervisó meticulosamente toda la actividad en el jardín. Los paquetes envueltos en finas telas de seda se movían de un lado a otro buscando la perfección y el mejor ángulo visual.
Finalmente, tras pasar horas organizando todo el material enviado por la señora Cadi, Zaira regresó con la Consorte.
—Alteza, todo está listo —avisó orgullosa
—Llévame allí
Cuando la Consorte Akil entró al jardín, sus eunucos retiraron las telas encima de los paquetes y ante ella quedaron expuestas muchas flores hermosas. Había de toda clase: rosas, lirios, azahares, crisantemos y orquídeas.
—Está hermoso —dijo maravillada
—Alteza, eso no es todo. Mire lo que hay aquí —Zaira corrió hasta las carretas y levantó la manta que las cubría. Hermosas mariposas estaban dentro de contenedores de vidrio. Una carreta entera estaba llena de dichas mariposas.
—La señora Cadi dijo que debíamos agregar gotas de miel cerca de las flores y así ellas no abandonarían en palacio.
—Entiendo, hazlo.
La doncella añadió pequeñas gotas de miel en todas las flores y luego empezó a destapar los frascos. Las mariposas jugaban alegres en las flores, y también se amontonaban en las gotas de miel.
Aquello era un verdadero espectáculo.
El palacio de la Consorte Akil estaba bajo una nube de preciosas mariposas, jugando y explorando todo el jardín.
Pronto las demás bellezas notaron que el palacio rojo estaba rodeado en mariposas, y curiosas se acercaron. Muchas esposas miraban sorprendidas la bella escena; mariposas danzando alrededor de una alegre y fresca consorte Akil. El espectáculo de mariposas hizo alboroto en todo el palacio, y en el harén ninguna concubina se retuvo de ir al palacio rojo.
Habían pasado varias horas desde que la Consorte había empezado su espectáculo y por fin el rey hizo presencia en su palacio, ¡Su plan seguía según lo estipulado!
Los rumores se esparcieron por todo el harén de rey. Ya no se hablaba de la fortuna de la asistente Azzar sino de las mariposas en el palacio rojo que, aunque ya habían pasado horas, seguían revoloteando enérgicas por todo el lugar. Aquel rumor también llegó a Madame Azzar que picada por la curiosidad caminó hasta el palacio rojo en compañía de la concubina imperial Alid.
—Su majestad el rey está aquí
Todas las concubinas recibieron al rey según la etiqueta demandaba, y se levantaron cuando este lo ordenó.
Las bellezas abrieron paso para el rey. El hombre cruzó el umbral y con lentitud llegó hasta la consorte Akil.
—Cuantas mariposas hay en tu palacio, Naovar. Son realmente hermosas.
La consorte fingió haberse sorprendido con la visita del rey y lo saluda.
—Majestad, no sabía que estaba aquí.
El rey la abrazó por los hombros y recorrió el jardín junto a ella mientras disfrutaba del espectáculo creado por la consorte. El olor dulzón de las flores junto con la miel resultaba en un aroma muy agradable para el rey.
—A su majestad le gustan las mariposas, creí conveniente traerlas para usted.
El rey sonrió y luego besó la frente de la consorte. Todas las concubinas que estaban allí presente miraron embelesadas o envidiosas a la pareja. Aquella escena resultaba demasiado dulce y romántica.
Ezra sintió punzadas dolorosas en su corazón, no sentía nada por el rey más que aprecio y admiración. Sin embargo, de alguna manera se sentía engañada y avergonzada.
—Aprecio mucho la hermandad entre mis mujeres, así que entren y disfruten de este maravilloso jardín —dijo emocionado a las concubinas amontonadas en la entrada del palacio rojo
Las mujeres entraron emocionadas al jardín para disfrutar de las flores y las mariposas. Aunque más bien también buscando la atención del rey. La coquetería con que miraban al emperador fue notada por la consorte Akil, quien se mordió la lengua para no sacarlas a patadas de su territorio, su propio juego. ¿Quién osaba jugar en su propio terreno? Naovar pudo identificar a la asistente Azzar entre la multitud de concubinas, y le hizo un examen minucioso. Era una belleza, eso nadie lo podía negar, también portaba el aire de frescura y encanto que la consorte había perdido hace mucho tiempo. Tal vez eso era lo que le atraía al rey de la mujer; su juventud. Reparando más en la mujer, la consorte trató adivinar su edad, podía estar rondando los veinte años o incluso menos.
La asistente Azzar podía tener todas las cualidades que le gustaban al rey. Sin embargo, no tenía toda la experiencia que había adquirido en el palacio.
Tanto pensó internamente la mujer que no se dio cuenta cuando el rey se alejó de su lado y decidió estar acompañado por Madame Azzar.
La mujer apretó los puños en señal de furia y frustración. Todo ese teatro con flores y mariposas lo había hecho en vano pues el rey no despegaba sus ojos de Azzar.
Desde otro ángulo del lugar, la señora Cadi analizó con cautela toda la situación que se vivía en el palacio rojo. El rey estaba en compañía de Madame Azzar y automáticamente Cadi sonrió, pero encubrió su sonrisa tras un pañuelo.
Asma regresó la mirada a Naovar y casi se le escapan carcajadas. La consorte estaba muy enojada, eso sí que era cómico. La señora Cadi estaba consiguiendo centrar los sentidos y fuerzas de la consorte Akil y emperatriz en alguien diferente a ella misma, el turno era ahora para la asistente Azzar.
“¿Sería capaz de soportar todo lo que se le vendría encima?” —pensó maquiavélica.