Ezra regresó al palacio y pocas horas después muchos eunucos hicieron entrada mientras cargaban rollos de tela. Eran las pinturas prometidas por el rey.
—Saludos a Madame Azzar, estos son regalos del rey. Varios eunucos se quedarán para ayudarle a ubicar las pinturas —el jefe de eunucos se despide y da la vuelta para salir. Sin embargo, se devuelve con rapidez—. Madame, felicidades, el rey ha vuelto a convocarla esta noche.
El eunuco salió apresurado y tiempo después también lo hicieron los demás criados sin siquiera Ezra sentirlos. Los eunucos eran muy eficientes, pero a la vez criaturas intrigantes.
Ezra avanzó por el enorme corredor que separaba sus habitaciones de la cámara principal y llegó hasta una de las pinturas obsequiadas por el rey. El dibujo representaba fielmente la maternidad de una mujer del palacio, una madre dedicada al cuidado de sus hijos. Ezra sonrío levemente ante el concepto representado.
—Madame, felicidades, el rey la ha vuelto a convocar —habló Di-di.
—Creo que hay cambio de planes, ¿Qué dices?
El eunuco soltó una tenue sonrisa, pues entendió el significado de las palabras de su señora. Si Madame Azzar iba a entrar a la pugna, debía posicionarse con fuerza, inamovible.
Ezra siguió la misma rutina de preparación de la noche anterior. Los preparativos debían hacerse durante todo un día, y la belleza en cuestión recibía baños de rosas, masajes con fragantes aceites en todo el cuerpo. Su cabello era lavado, perfumado y peinado, todo esto terminaba con la confección del maquillaje con henna en las manos y los pies.
En este proceso, mujeres expertas la decoraban con elegantes y complejos patrones.
Finalmente, Ezra quedó lista. Iba vestida con una bonita túnica amarilla y en su cabeza el yihab¹ con bordes de monedas. Una mujer nunca debía mostrar su rostro a menos que estuviese casada, como ella ya tenía un marido podría dejar su rostro al descubierto.
—Madame, está realmente bella —Tafur la halagó con ojos brillantes.
—Gracias Tafur. Tú ayudaste a esta flor ser una belleza.
El día de arreglos de Ezra terminó, y finalmente los eunucos la llevaron al anochecer con el rey.
Ezra estaba envuelta entre las colchas del lecho, y al igual que la noche anterior se dedicó a esperar la llegada del rey. Ese día la muchacha se dio cuenta que, en vez de haber candelabros de mesa, había lámparas colgadas por toda la estancia, lámparas con destellos azules, rojos y amarillos.
El rey finalmente entró en la habitación, se quitó los zapatos y acompañó a Ezra.
Aquella noche fue decisiva para la mujer, pues si el rey quedaba satisfecho con su servicio, podía ganarse su favor y ascender en la pirámide.
En un principio Ezra pensó pasar desapercibida, eso hubiese sido una buena vía si el emperador no se percataba nunca de su existencia. Pero ahora, Ezra había captado la atención del emperador por días consecutivos. Definitivamente las esposas no la dejarían en paz. Ezra sabía que sobre ella vendrían días difíciles, pero si era lo suficiente astuta y se protegía en el rey, podría salir ilesa.
La larga espera de Ezra había finalizado. Ahora, la consumación era un hecho.
Durante el resto de noche, Ezra trató de conciliar el sueño, sin embargo, lo único que consiguió fue dar vueltas en el lecho. Cuando por fin las primeras luces del sol asomaron por la ventana trató de levantarse con sigilo, pero el rey la detuvo.
El hombre estaba todavía dormido.
—¿Dónde vas?
Ezra quería de alguna forma deshacerse del rey en ese momento y correr hasta su palacio sin temer las consecuencias. Ezra estaba muy incómoda.
—¿Ha oído su majestad el cantar de los pájaros? Escuchar esas criaturas le sanarán el corazón —trató de improvisar y corrió hasta las puertas del salón.
—¿Me estás evitando? —preguntó el rey sorprendido.
—Majestad, nadie se atrevería evitarlo. Yo no lo hago.
Ezra encontraba toda esa situación muy embarazosa. Ella solo quería salir corriendo de la sala, subir al palaquín de regreso y darse un extenso baño, pues sentía la piel arder y su cabello picar en la cabeza.
Ezra ni siquiera esperó una orden por parte del rey y salió apurada de la habitación. Afuera se encontró con los eunucos que la miraron confundidos. Después con diligencia la regresaron a su palacio.
⟦···⟧
Los rumores se habían regado por todo el complejo interior y ya la gran mayoría de las esposas y concubinas sabían que Madame Azzar había pasado dos noches con el rey.
La Consorte Akil escuchó los rumores mientras tomaba su desayuno. Se enfureció tanto con la noticia que tiró todas las vasijas que estaban en el comedor al suelo, haciendo que estas se quebraran en muchos pedazos. ¿Cómo era posible que una nueva concubina ya hubiese cautivado al rey? Akil debía conocer a la mujer y ver de qué calibre era la belleza y el porte de la mujer.
—Alteza, la esposa Cadi espera en el recibidor —su doncella entró para notificarle.
La Consorte aceptó con una mueca de cansancio, de inmediato la señora Cadi entró en la cámara principal. Akil era la segunda al mando del harén y tenía también mucho poder. Aunque no tanto como la emperatriz, ni tampoco poseía el perfil de tirana de la reina.
—Saludos Alteza —dijo Cadi
—Señora Cadi, te veo enérgica hoy ¿Debo estar preparada para tú ataque? ¿Cuándo será? —dijo mordaz la Consorte.
—Consorte Akil, no la atacaré más. Vengo para ofrecerle un trato.
—¿Por qué debería hacer acuerdos contigo? Eres aliada de la reina. Verdaderamente tú falsedad no tiene límites.
—Naovar… tenía mucho tiempo sin usar tú nombre ¿Te acuerdas cuando entré por primera vez al palacio? Era tan joven e inexperta, pero ahora eso es solo un borroso recuerdo.
—¿Dónde quieres llegar con esto? —dijo perdiendo la paciencia.
—¿Recuerdas cuando caíste al estanque del rey hace siete años? Yo te ayudé a salir, casi perdí la vida al intentar salvarte.
La Consorte recordó el incidente y solo pudo sonreír levemente ante el recuerdo. Los vientos del pasado le hicieron sentir culpable por tratar con brusquedad a Cadi, que después de todo la había salvado.
—La emperatriz no era ni sombra de lo que es ahora. Ella era tan amable, virtuosa y fresca. Pero esa esencia se perdió sin darnos cuenta. Tal vez sintió miedo, y luego ese miedo se convirtió en agresividad.
—Eran tiempos hermosos —reconoció la Consorte.
Naovar bint al-Husayni cerró los ojos y rememoró sus años de juventud. Ahora a sus 27 años se sentía como una anciana, sabía que poco había vivido. Sin embargo, la energía que demandaba la vida en el palacio era demasiada.
La consorte recordó el día que llegó al palacio, entró junto con la emperatriz, aunque en aquel momento la única que ocupaba un rango oficial era Raita bint as-Saffah, actual reina, la hija del tercer califa Abasí, as-Saffah, quien al morir sin hijos dejó el imperio en manos de su hermano Al-Mansur, el padre de Al-Mahdi.
—Ahora los tiempos se han vuelto realmente malos. No estoy dispuesta a perder a mi hija. La emperatriz no me ha dejado ninguna alternativa, no me importa volverme en contra de ella —la señora Cadi la sacó de su ensoñación.
—¿Cómo la engañarás? No es fácil con ella, puede oler cualquier peligro.
—Déjamelo a mí, no debes preocuparte por eso.
La Consorte Akil sonrío entre dientes.
Asma bint Atta al-Cadi, era una mujer con altas aspiraciones y no dudaría en utilizar las debilidades de otros para su favor. Ya ella había convencido a Naovar, quien nunca había dejado su naturaleza emotiva e inocente.
—Naovar, las únicas en el palacio que tienen un título de honor dado por el mismo rey es la reina y tú. Son las únicas cuyo título no es su apellido, utiliza eso a tú favor. ¡Consigue el favor del rey!
—Pero el rey está encantado con esa nueva asistente Azzar, ahora ella ya es una jawari².
—Lidiar con ella es fácil para nosotras, ella apenas entró al palacio y no sabe cómo defenderse. Te ayudaré a obtener el favor del rey y verás como esa plebeya cae en el olvido.
La Consorte Akil se emocionó con las palabras de la señora Cadi. Si ella lograba recuperar el favor del rey, aumentaría su poderío y como consecuencia el de su clan y familia.
Por otro lado, la señora Cadi estaba más que alegre por tener una nueva aliada, necesitaba obtener un distractor entre la Consorte Akil y la reina Khatri. Si ambas estaban concentradas en un solo objetivo, ella pasaría a un segundo plano. Asma sentía un poco de pena por la asistente Azzar, pues estaba a punto de integrarse en una larga batalla. Cadi pensaba en todo y por supuesto que la concubina embarazada era una piedra en el zapato y un dolor de cabeza. Si esa mujer daba a luz un varón para el rey, llegaría a ser la princesa madre, primera dama en el harén. Incluso por encima de la reina quien no había tenido ningún hijo varón.
Todas las esposas buscarían la forma de mantener su posición a cualquier precio, incluso podrían ser capaces de dejar a un lado todos sus valores.
Las bellezas eran más que hermosas mujeres adornando el harén del califa. Ellas representaban a las familias y clanes poderosos que soportaban la dinastía. No era un secreto que fuesen un enorme ejército dentro del palacio, pues, después de todo ellas eran flores de guerra.
[¹]. Yihab: es un velo que cubre la cabeza y el pecho, pero que deja descubierto el rostro.
[²]. Jawari: concubina o esposa favorita.