Cuatro meses después —Alteza, ya todo está listo —susurró una doncella a su ama. La mujer estaba sentada sobre el banquillo frente al espejo mientras cinco doncellas más se ocupaban de arreglarla. Pusieron pendientes en sus orejas, un vestido verde y rojo con brocados dorados y de plata, un brazalete en forma de hoja de laurel y el sello representativo de su clan. Ella no era cualquier persona, era una de las princesas del reino Gurjara, una que para salvar a su padre, el rey Devaraja tuvo que casarse con el califa abasí al-Mahdi. El reino al que pertenecía la princesa debía varios meses de tributo al imperio Abasí, no podían seguir escribiendo excusas al rey si no querían que este los conquistara. La candidata perfecta para casarse con el califa y entablar una relación más amena entre

