Salsa Azzar había llegado al palacio imperial. La muchacha corrió la cortina del carruaje una vez este se detuvo. Sus ojos quedaron abiertos de par en par en cuanto vio la fachada del palacete de su hermana, la concubina imperial Azzar. —Señorita Salsa, hemos llegado —avisó el eunuco jefe. —Gracias Tan pronto como bajó del carruaje, Salsa subió las escaleras de piedra rojiza y encontró al final de estas a una imponente y recatada señorita Yasmina. —Saludos, señorita Salsa. —¡Hola! —dijo emocionada. —Sígame, por favor Salsa siguió los pasos de Yasmina mientras miraba con asombro el recibidor y el trayecto entre las puertas externas y el palacio interior de Ezra. Finalmente, ingresó al palacio de la belleza eterna y se sentó en uno de los sillones mientras esperaba a su hermana. —Sal

