**ADRIANA** Y aunque parte de mí lo seguía queriendo, otra parte… ya no sabía cómo volver. Me giré lentamente, hasta quedar frente a él. Su rostro estaba empapado de algo más que nostalgia. Le acaricié la mejilla con la yema de los dedos. —Te amé como no supe amar a nadie más. Pero ahora… ahora solo sé cómo amarme a mí. Y en sus ojos, vi el golpe silencioso de la verdad. El tipo de verdad que no se grita. Que simplemente… duele. Solté su agarre con cuidado. No bruscamente, pero sí con la determinación de quien ha aprendido a poner límites. Mis manos temblaban, aunque por fuera pareciera tranquila. No era fácil. Nunca lo ha sido con él. Sin embargo, justo cuando di un paso hacia atrás, sus brazos me rodearon con más fuerza. —No —susurró con voz quebrada—. No te vayas. No otra vez.

