**ADRIANA** Dicen que el tiempo transforma. Pero no es solo el tiempo. Son las decisiones. Los silencios. Las despedidas. Hoy camino por otro mundo. Uno en el que los pisos relucen con mármol italiano y los espejos nunca devuelven el cansancio. Donde la ropa lleva nombres que hace unos años me parecían impronunciables, y cada detalle —el bolso, el perfume, los tacones— cuenta una historia de quien ya no soy. No fue fácil, pero aprendí. Aprendí a sentarme erguida en cenas formales, a sonreír sin hablar de más, a no temblar cuando me miran como si esperaran algo de mí. Me convertí, sin proponérmelo, en una joven de la alta sociedad. Pero hoy, mientras retoco mi maquillaje frente al espejo de mi estudio, sé que el pasado viene a tocar la puerta. Mamá va a recibir a Tomás. Me lo dijo con vo

