Luciana enarcó una ceja y miró a su compañera que la observaba con una embelesada sonrisa. ―Dime si eso no es amor, Luciana, a pesar de tu escepticismo no puedes negar que ellos dos se aman. ―No sé, no parecen enamorados. Parece más bien un trato, un pacto entre los dos de amarse o de demostrarse amor. Yo sé lo que te digo, esos dos están haciendo todo esto por cualquier razón, menos por el amor que se dicen profesar. ―Vamos, él, con cuarenta de fiebre, deliraba su amor por ella, le pedía que no se fuera con Diego, que él la amaba. ―Sí, es cierto, pero si el amor viniera de antes, ¿no sería un poco extraño la reacción tan tranquila de él hacia esa situación? ¡Es su hermano! Y le quería robar a su novia. ―¿Tranquila? Por favor. Se cayó hasta de un barranco por lo mal que estaba

