—Entonces, Rouse... dime, ¿qué intenciones tienes con mi padre? —solté de golpe. Rouse escupió el café que estaba tomando. Definitivamente no se esperaba una pregunta así de mi parte. —Pues... aún no lo sé, Danna. Apenas nos estamos conociendo —respondió entre tosidas, tratando de recuperar el aire mientras miraba a mi padre buscando auxilio desesperadamente. —Entiendo... ¿Y ya follaron? —insistí, viendo cómo la cara de Rouse se ponía roja como un tomate mientras intentaba ocultarse detrás de su taza. —¡Danna! ¿Qué clase de pregunta es esa? —me reprendió mi padre de inmediato. Yo sólo le dediqué una sonrisa con mi mejor cara de inocencia. —Bueno, tengo que saber si me debo preparar para ser hermana mayor, ¿no lo crees así, Rouse? —Esto era sumamente divertido; jamás había visto a

