—Danna, por el momento no puedo explicarte mi decisión, pero... —Me senté en la cama, tomé la mano de mi padre y negué con la cabeza, interrumpiendo su discurso. —No es necesario que me expliques nada. Admito que no me gusta la idea de tenerla en nuestro hogar, y menos después de lo que dijo anoche, pero confío en ti. —Lo miré a los ojos, dejando ver la certeza y la absoluta confianza que sentía por él. Mi padre sonrió, bajó la mirada un momento y, al notar la pulsera en mi muñeca, la acarició suavemente con la yema del pulgar. —El que la haya traído no significa que no vea los riesgos o que vaya a arriesgar de nuevo nuestro patrimonio. Cometí ese error con tu madre... —Se rió al ver la cara de asco que puse cuando la llamó así—. Lo siento: con mi exesposa. Eso no volverá a ocurrir,

