Cambió la cerradura de mi cuarto por una digital; aparte dio una llave y él guardó las copias. Al terminar con mi habitación, pasamos a su estudio. Él ya había pasado su caja fuerte a su lugar asignado, ya que desde que trajo a Rose por primera vez había decidido guardar sus cosas, como relojes, pisacorbatas, anillos, juegos de gemelos y una que otra esclava; sólo dejaba afuera lo que usaba del diario. Necesitaba guardar también documentos importantes bajo llave, y aunque era una regla implícita que yo nunca entrara en su lugar de trabajo, nada nos aseguraba que Rose la obedecería. Para la instalación de las cámaras tendríamos que esperar hasta mañana a que viniera un técnico. Pedimos pizza para comer y nos sentamos en la sala a ver una película; éste sería nuestro último fin de sema

