En la mañana salí de mi habitación y algo se sentía mal; como de costumbre, me llego el olor que venia desde la cocina, pero el dia de hoy era diferente. Bajé dando pequeños brinquitos y, cuando puse un pie en la cocina, vi a mi padre recargado en una encimera y a Rose frente a la estufa. Mi padre, al ver mi cara —que seguramente era de sorpresa e incredulidad—, se acercó a mí. —¿Dormiste bien? —preguntó con voz cálida mientras me envolvía en sus brazos. —No, ya no pude dormir... me dio... olvídalo, no es nada —mi voz era baja y lastimera—. ¿Qué es lo que pasa aquí? —pregunté para cambiar de tema. Mi padre me dio un beso en la cabeza antes de sacarme de sus brazos, se paró a mi lado y puso una mano en mi hombro. —Bueno, como la nueva señora de la casa, es mi deber alimentar a

