Pov: Lizandro Beltrán Entro a la cafetería con la esperanza de verla y la suerte está de mi lado, porque la veo acomodar las bandejas en una esquina. No puedo evitar sonreír porque me da gusto tenerla cerca. Camino hacia ella, preparando esa sonrisa que sé la hace sonreír inevitablemente. — ¿Larga mañana, mi florcita? —jadea y se voltea a verme, sus ojos se ven extraños, como de un celeste nublado, cuando el cielo avecina una tormenta. — Normal, como siempre —sonríe de forma fugaz y sigue con las bandejas. — ¿Estás bien? Ayer me sentí abandonado —una risa forzada sale de sus labios. — Pero podías invitar a alguien más si yo no podía, ya sabes, a quien quieras —arqueo una ceja. — ¿Por qué haría eso? Te invité a ti porque quería decirte algo —vuelve a mirarme. — ¿Qué querías

