Pov: Lizandro Beltrán
— ¿Tú quién eres? —pregunto confundido.
Ella me mira escaneándome, se voltea al instante sin dejar de sostener la puerta.
— ¿No contestas? —no tenía otra clienta.
Estoy seguro, yo solo atendería a Hally, por lo que no comprendo qué hace esta pelirroja en mi habitación.
— ¡Señorita! —trato de llamar su atención.
— Por favor, vístase —me carcajeo.
— Por favor ¿Salga? —cuestiono, porque entra a mi habitación y ella me da órdenes a mí.
— No puedo. Vístase por favor, no es apropiado que un hombre y una señorita estén en una habitación y que uno tenga poca ropa.
— Primero, usted entró a mi habitación y si quiero, andaré desnudo porque es mi espacio. ¿Quién es y qué hace aquí? ¿Es una acosadora? «Tendría lógica» ¿Rechacé su solicitud? No lo creo —no rechazaría su solicitud, en absoluto, menos cuando ella se ve...
Joven y linda.
— Tiene razón, es su habitación, pero ¿Acaso no le da pena que una desconocida lo vea en paños menores? —comienzo a reír.
— Ay, por favor, hoy en día es un privilegio ver un cuerpo como el mío, ¿Por qué me daría pena? Al contrario, estoy orgulloso de lo que tengo para ofrecer —ella se voltea a verme, espantada y…
¡Woow! Unos ojos hermosos, una boca pequeña y perfecta con un pequeño lunar que la hace completamente llamativa, ella es de verdad la mujer más bella que he visto, sus rasgos no son para nada comunes, al menos a mis ojos.
Me mira solo un momento a la cara y desvía su mirada a otro punto.
— No pienso que así sea, pienso que es totalmente inapropiado y no me agrada.
— ¿Meterse en habitaciones ajenas? ¿O ver a un hombre guapo?
— Es bastante vanidoso que usted se perciba a sí mismo como guapo.
— Lo soy ¿O no?
— Esa observación no la haría jamás.
— Pero si entra a mi habitación sin permiso, eso es acoso, señorita, si entra y no quiere salir debe abstenerse a lo que eso significa y eso es: que yo aquí puedo pasearme como quiera, incluso sin la toalla —me mira a la cara.
— ¡Por favor, no! Solo... no puedo salir de aquí —vuelve a desviar la vista.
¿Acaso todo el rato estará evitando verme?
— ¿Por qué se metió aquí?
— Porque estaba abierto —arqueo una ceja.
— ¿Y por eso tiene derecho a invadir la privacidad de otros? ¿Porque estaba abierto?
— Lo siento, no es cortés eso, pero no podía hacer otra cosa —la miro confuso.
Ella no se ve bien, parece preocupada, además, la forma aterrada en la que entró, sosteniendo la puerta como quien desea impedir el paso de alguien más.
— ¿Quién es? No se podrá quedar hasta que me explique quién es y qué hace, si no lo hace la sacaré de aquí.
— ¡No lo haga, por favor! Yo... —mira sus manos dudosa mientras las retuerce—, me llamo Jazmín... no puedo decirle qué hago aquí, lo siento, pero no puede hacerme salir —mira hacia un costado—, solo vístase por favor…
— Solo me dices tu nombre y ya debo obedecer, lo siento, chiquita, pero así no funcionan las cosas. A mí nadie me da jodidas órdenes y como lo dije antes: aquí andaré como me plazca, si no te agrada, pues te sales —aunque si se queda tampoco me molestaría, no si deja un poco a un lado esa vergüenza que trae.
Ella es linda, solo que rara, cualquier otra me hubiera mirado a detalle, pero ella no, lo cual es muy tonto de su parte.
Tiene la vista gratis y no la aprovecha.
No dice nada, solo se voltea para no verme y eso es más inaudito aún.
Ni que nunca hubiera visto a alguien envuelto solo en una toalla, además que cuando entró me vio.
— ¿Decidió qué hará? —cuestiono mientras voy a buscar algo de ropa.
— Quedarme, no tengo de otra.
— ¡Qué audaz! Porque quedarte implica muchas cosas que estoy seguro no podrías soportar, mírate nada más, cubriéndote la cara para no ver un poco de piel —me carcajeo.
— ¡Es muy descarado y tiene falta de modales con una señorita!
— ¿En qué siglo vive? Ni que fuera de la realeza, no se ve mayor que yo, tampoco es que estemos en la era medieval ¡Por favor! ¿Cómo quiere que le hable? Dudo que si entra a otra habitación de este edificio encuentre algo diferente a lo que hay aquí, incluso quizás la situación podría empeorar si hubiera entrado a otra.
— No entiendo qué dice...
— Y eso la hace sumamente extraña, señorita —la puerta suena.
— ¡Está aquí! —dice ella y me mira llena de terror.
— ¿Alguien vino a recogerla? Al fin, mejor que se vaya marchando porque su rareza me está incomodando —me voy a acercar a la puerta y ella se acerca poniendo sus manos en mi pecho para pegarme a la pared
— No, por favor, ¡Ayúdeme! — la miro sin palabras, porque el calor de sus pequeñas manos en mi pecho erizan mi piel—. Se lo suplico, no puedo salir de aquí, no puedo... —asiento hipnotizado, sin poder dejar de pensar en el calor de su piel y como siento que me quedo sin aire.
— ¿Qué es lo que sucede? —pregunto al sentirla temblar y veo su boca también hacerlo, a la vez que el terror en sus ojos es notorio, el verde azulado de ellos se empieza a ver brillante.
— Solo... Ayúdame a que no me descubra…
— ¿Quién? —me mira a los ojos con suplica pestañeando y se ve sumamente indefensa.
Yo solo quiero que ella deje de verme así, que deje de temblar y quiero... ayudarla.
La puerta vuelve a sonar insistentemente.
— ¡Maldición! Entrará, yo... —sus ojos se empañan.
— Si te ayudo estarás en deuda conmigo —remarco ante la extrema curiosidad sensorial y emocional que ella acaba de generarme.
— De acuerdo —la aparto y ella se pone a un lado de la puerta, el cual cubriré cuando la abra.
Miro la mesita que tengo a un lado con mis cosas y saco algo que puede servirme. Vuelven a golpear y abro la puerta con el llamativo dildo fucsia en mi mano.
— Hola, señor, busco a una señorita...
— ¿Una señorita? No, muñeco, aquí estoy yo solo, con mi amigo —muevo en mi mano el pene de goma a lo que el hombre alto, con traje y cara de maleante, me mira espantado—, a menos que quieras sumarte y que la pasemos bien ¿Qué opinas? No te ves nada mal, dicen que los serios son los mejores —frunce el ceño con asco y me apoyo en el marco de la puerta con mucho relajo y coquetería.
— ¡No! Lamento molestar su actividad—se marcha apresurado.
— Si te arrepientes, te espero, muñeco —me carcajeo y entro a la habitación.
Jazmín está apoyada en la pared a un lado de la puerta, respirando agitada en completo pánico.
— Listo, ya se fue, fue demasiado fácil —digo agitando el juguete fucsia.
— Gracias... —mira el suelo y trata de controlar su respiración.
— ¿Es tu ex novio o algo? —me mira y su cara de terror pasa a avergonzada cuando mira mi mano.
— ¡Dios! —cubre con su mano la visión lo cual me hace carcajearme.
— ¡Vamos, a ti todo te da pena! Es de plástico, aunque tengo uno real también, que tiene un tamaño muy comparable —me mira con espanto abriendo la boca.
Soy un cerdo, pero ella tiene una boca muy linda, llamativa, peculiar.
— ¡Es un degenerado! —comienzo a reír.
— ¿Así me hablas luego que acabo de salvar tu pellejo? Así se sintió, deberías elegir mejor la próxima, que tu novio no sea un loco con cara de maleante, no sé, quizás que sea guapo, castaño, ojos entre verdes y azules y que solo traiga una toalla puesta.
— Usted es tan descarado, que… ¿Cómo se atreve? —dejo en la mesita de luz el juguete.
Ella es tan... tan llamativa que no recuerdo la última vez que me sentí así: entretenido, curioso, con ganas de más, más cercanía, más charla, más de todo.
Solo de verla puedo pensar miles de cosas que hacen que mi imaginación vuele y eso, no me pasa hace demasiado tiempo.
— Atreviéndome —me siento en la cama sin ningún cuidado—. Ahora que yo te he ayudado, estás en deuda conmigo ¿Cómo pagará, señorita?