Capítulo 26.-
Dex DeCostello
Puerto Vallarta, Jalisco, México
La lección no me la iba a dar Eryx a mí, yo se la iba a dar a él, pues nunca había confiado en mi capacidad.
—Charlie, antes de que te vayas, dile a Ava, por favor, que sintonicen mañana por internet a las 6 de la tarde el canal 49 de aquí de México y se llevarán una sorpresa, es de suma importancia para mí y para todos—Se iban a ir para atrás cuando me vieran de conductor—Saludos a Dom y a Ava.
—De tu parte, Dex.
Terminé mi llamada con Charlie y me di cuenta de cómo me estaba mirando Valeria, no sabía lo que pasaba por su mente, pero tampoco quería saberlo ahora. Tenía ganas, más bien de otra cosa, por lo que me fui acercando más a ella, hasta que la tuve a mi alcance a pocos milímetros de mis labios.
—No sabía que huiste de casa, Dex ¿Cuál es tu historia? —Valeria quería saber más de mí—Dime, estoy ansiosa por saber.
No le había contado a nadie cuál era mi situación, si había llegado con Luis, solo los que sabían mi procedencia eran los dueños del canal, nadie tenía por qué saber alguna otra cosa de mí, creo que los datos personales tenían que ser confidenciales.
—Yo quiero contarte todo, pero no esta noche—Acaricié su hermoso rostro—Hoy quiero que nos sigamos divirtiendo como lo estamos haciendo y no me niegues que la estás pasando bien conmigo.
Era como si por primera vez estuviéramos de acuerdo en algo y me encantaba tener este tipo de amistad con Valeria, que fuéramos más cercanos, más confidentes, ella y Luis eran los que iban a saber mi verdad, porque muchos creían que solo había llegado de vacaciones y que así siguieran creyéndolo.
—Eso es innegable, Dex. Tú me agradas, tanto que, si no te hubiera visto así con Silvana la otra noche, yo ahorita estaría en tu cama—Dijo muy desinhibida—Pero, no podemos hacer eso.
Valeria, y yo ya estábamos bastante tomados, yo era muy cuidadoso de la forma en la que tomaba, pero ahora si me había importado estar como estábamos, además era en el departamento, no habíamos salido a ningún lado a incomodar o que nos incomodaran a nosotros.
— ¿Por qué no? —Cuestioné—Tú quieres y yo quiero, me encantas Valeria y sí tú fueras mía, Silvana y todas las mujeres del mundo dejarían de existir para mí.
Ella bajó su guardia y yo la acerqué más a mí, la besé suavemente notando como ella se estremeció al roce de mis labios con los suyos, fue un beso delicioso, tierno, lento y muy romántico que dio pie a que ella misma a medida que nuestras bocas se disfrutaban, se acercó a mí y abrió sus piernas, así sentados en el tapete de la sala, en dónde estábamos. Yo me prendí más con tenerla tan cerca y mi reacción no se hizo esperar. La pegué más a mí y me desquicio sentir su humedad.
—No te detengas, Dex. Me encantas—Susurró—Quiero ser tuya.
Esas palabras las estaba diciendo al calor de las copas, no quería que se fuera a arrepentir después, ya que ella le había hecho el comentario a Silvana que todavía no había tenido relaciones con nadie, no quería perjudicar su virginidad.
—Valeria, yo quiero que seas mía, pero ¿Estás segura? —Le pregunté—No quiero que tengamos un problema por esto después.
Ella no me dejaba ni pensar, estaba más que dispuesta a que tuviéramos esta noche llena de pasión, que yo con gusto le daría esa noche, pero teníamos que estar seguros los dos.
—El único problema que habrá es que me dejes con ganas, Dex. Por favor, dame lo que los dos queremos.
Cuando Valeria me confirmó lo que quería que le hiciera, ella enredó sus piernas alrededor mío y yo, me levanté con ella en brazos y en el camino a mi recámara nos seguimos besando intensamente, hasta que ella se sacó el top dejando al aire sus hermosos pechos, la recosté en la cama y empecé a besarlos, a venerarlos y a acariciarlos con mucha ternura, ella me inspiraba ser así y me gustaba verla retorcerse de deseo por mí,
—Me encantas, Valeria. Estás preciosa.
—Tú eres guapísimo, Dex.
La besaba en los labios de cuando en cuando para mantenerla bien encendida de pasión por mí y yo, me quité mi short y mi camisa a la velocidad del rayo, quité delicadamente la falda de Valeria y retiré con cuidado su prenda de encaje que estaba totalmente húmeda, separé sus piernas y ella me atrajo hacia ella, nos miramos a los ojos, conectándonos plenamente y entonces la sentí temblar.
—Dex, quiero que me lleves a las alturas, te deseo.
Yo también la deseaba, esto lo pensé, desde que la había visto por primera vez y supe que tenía que conocerla y hacerla mía y ahora lo era y yo era suyo.
—Valeria, te prometo que haré de esta experiencia la mejor de tu vida.
La besé con ternura y disimulé lo mejor que pude lo nervioso que yo estaba, también. Porque ella, era la primera chica virgen con la que iba a estar y no quería hacerle daño, la besé con ternura introduciéndome despacio en ella y sequé con mis besos las lágrimas que salieron de sus hermosos ojos, cuando entré.
Empecé a moverme lento y despacio y ella, poco a poco, fue cambiando su expresión de dolor, por una de placer, haciéndome sentir muy afortunado por ser su primer hombre. También era mi primera vez con una mujer virgen, yo con la experiencia que tenía, la haría llegar a puntos insospechados.
Eran tan cálida y me recibía con mucho ímpetu, también se movía a mi encuentro, haciéndonos uno solo, la amaba, estaba seguro de eso, era la primera vez que me sucede con alguien, le estaba haciendo el amor por primera vez a una mujer y a la que estaba seguro de que amaba.
Valeria se deshacía en mis brazos, jadeaba y me tragaba sus gemidos que eran música para mis oídos, aún no me creo que esto sea real, que esté haciendo el amor con Valeria, yo a partir de ahora no voy a tener ojos para nadie más. Quería escucharle decir mi nombre de sus labios, que ella sepa que yo soy el único que le voy a hacer llegar al infinito.
—Dex.
Sus ojos se pusieron en blanco, eso quería decir que estaba disfrutando al máximo, me volvía loco su respuesta, la beso, esto es cada vez más excitante, ella se contrae en mis brazos y yo no puedo hacer otra cosa que seguirla, también llegando a un orgasmo descomunal.
—Valeria.
Salió su nombre de mis labios, era inevitable que no la acompañara en este nuestro primer orgasmo, había sido espectacular, lo mejor que había sentido en mi vida y para ella lo era por igual.
—Eres lo máximo.
Dijo cuando terminamos de hacer el amor y hasta ahora me acordaba que no habíamos utilizado protección, esperando que ella tome la píldora anticonceptiva.