Capítulo 14.-
Dex DeCostello
Puerto Vallarta, Jalisco, México
—Gracias Dex, no me merezco que seas así conmigo, después de cómo fui contigo, desde que nos vimos. Perdóname—Se disculpó—No sé cómo tratar a nadie, por lo mismo. Me afecta mucho ser pobre y me desquito con quién puedo, no soy buena para nadie, por eso me quiero morir.
Era una manera muy fea de pensar, nadie se tenía que morir y mucho menos por no tener dinero, pues muchos que lo tenían, se podían llegar a sentir vacíos, el dinero no compraba la felicidad interior que debíamos tener cada uno, debería estar contenta porque tenía un empleo digno que la mantenía.
—No vuelvas a decir eso, por favor—Le supliqué—Todo, tiene una solución en esta vida y la vamos a encontrar, si tú quieres, juntos. La vida es hermosa, solo tienes que verla desde otra perspectiva.
Ella se negaba a lo que yo le decía y por más que intentaba, no podía evitar, que ella siguiera llorando, eso me estaba destrozando demasiado. Tenía que hacer algo, para que ella dejara de estar llorando, pero, por alguna razón con ella, no quería mostrarme demasiado atrevido. Entonces, fui tanteando el terreno, volví a secar sus lágrimas y después, me acerqué poco a poco a su carita, que se veía preciosa, le di algunos besos suaves en su mejilla, bebiendo el agua salada de sus lágrimas, notando como ella, se estremecía ante mis besos.
—Dex—Me susurró.
—No digas nada, Valeria.
Yo no quise detenerme, ella no había rechazado mis besos y era ahora o nunca, Me iba a jugar el todo por el todo, ya la tenía así a mi merced y yo, había querido besar sus labios, desde el primer día que la vi en el centro comercial, Valeria no era solo una mujer, es el sueño de cualquier hombre, incluyéndome.
La tomé suavemente de su carita y la acerqué a mí, para darle otro beso, esta vez en la comisura de sus labios y cuando vi que ella cerró los ojos, siendo esa la señal que tanto esperaba, así que no perdí el tiempo, rocé suavemente sus labios con un beso muy tierno y ella, no me rechazó, sino todo lo contrario.
Ella, se acercó más a mí y entreabrió su boca, lo que hizo que me volviera loco al probar su sabor tan dulce, su lengua y la mía se reconocieron, se rozaron y se perdieron en ese dulce beso que, se fue volviendo más y más apasionado, me hacía sentir en las nubes, era un beso maravilloso.
Me separo un poco y aparto mi boca de la suya, pero no quiero terminar así, la miro directamente a los ojos respirando con un poco de dificultad y ella se ve de igual manera, respiramos entrecortadamente, y vuelvo a tomar sus labios, los beso con mucha más hambre y ella me corresponde, esto es una locura, creo que me puedo volver adicto a sus labios.
Sentía que la ropa nos estorbaba, pasé mis manos por sus costados hasta llegar a su pecho, mientras sentía sus dedos en mi cabeza, justo en la nuca, esto se estaba volviendo cada vez más candente, sus manos viajaron a mi espalda y llegando a mi trasero, yo ya le quería arrancar la ropa y que ella arrancara la mía, estábamos desenfrenados y así podíamos llegar hasta donde ella quisiera, mis manos bajaron por su cintura y se posaron también en su redondeado trasero.
No me quería aprovechar de la situación, pues ella ahora se encontraba vulnerable y no quería que se arrepintiera después, aunque yo nunca me iba a arrepentir de estar con ella, dadas las circunstancias, yo debía parar esto, pero escucho como gime en mi boca y esto se va a poner peor de lo que ya está, Valeria me quita la camisa y pasa sus manos por mi espalda pegándome más a ella.
Pero cuando yo estoy a punto de ir a desabrochar su blusa, ella se detiene por completo y caigo en cuanta que ella lleva una lucha interna la igual que yo, me separo de ella y miro sus labios rojos por los besos que nos acabamos de dar y me supongo que yo estoy igual, pues ella mira mis labios, y lo peor es que se muerde su labio inferior.
—Discúlpame, Valeria—Dije sin soltarla del todo—Creo que debí detenerme antes de que pasara esto, pero no lo pude evitar.
Debería dejar que se fuera a su recámara, estoy haciendo esto más doloroso para mí, pues estoy listo para hacer de esta noche, la mejor para los dos, pero ella debe dar su consentimiento y la veo indecisa, aunque no deja de lamerse los labios, esto es definitivamente una cruel tortura.
—Yo también tengo la culpa Dex, por no detenerte a tiempo, tampoco era mi intención.
Ahora es cuando debería yo irme o dejar que ella definitivamente se vaya, y yo estar bien, dejar que todo este fuego se me apagara, pero estoy semi desnudo, con mi torso al descubierto y sus manos aún en mis bíceps, me dice claramente que está en las mismas condiciones que yo, que le gustaría que siguiéramos.
—No sabes cuánto me gustaría terminar esto donde lo dejamos, pero no te voy a obligar a que hagas algo que no quieras y que después te vas a arrepentir, pero quiero que lo pienses bien Valeria.
Le estaba dando la oportunidad de rechazar mi oferta, yo estaba dispuesto a todo, a estar con ella y repetir las veces que quisiéramos, creo que con ella no me iba a cansar nunca de tenerla, pues la forma que me ha hecho sentir con solo un roce de sus dedos me ha bastado para estar listo para la acción, ninguna mujer antes de ella me había hecho sentir de esta manera.
—Muchas gracias, Dex, por pedir mi consentimiento, no estoy segura de que fue lo que me pasó, y discúlpame tú a mí, por ponerte en esta situación, no pensé que iba a llegar hasta aquí, soy una desconsiderada y fea mujer.
Sabía a lo que se refería, Valeria, pues mi m*****o lo sentía más duro que una roca y palpitante listo para lo que se viniera, pero ella con estas palabras me daba un no rotundo, pero sé que le habían gustado nuestros besos, porque no dejaba de mirar mis labios, tenía tantas ganas de seguir besando esa linda boca y luego sus ojos miraban mi pecho desnudo.
—Sigues estando preciosa, Valeria, pero será mejor que dejemos las cosas como están, mejor me voy a ordenar la habitación, que estés bien, buenas noches.
Ella dejó de mirarme y fijó su vista en otro punto que no fuera mi pecho, y yo solo necesitaba que ella me siguiera mirando y que siguiera tocándome con esas manos suyas que me derretían, eran como si dejara una huella de lava ardiente por toda mi piel.