Capítulo 13

1228 Words
Capítulo 13.- Dex DeCostello Puerto Vallarta, Jalisco, México Me quedé sorprendido, apenas abrí la puerta del departamento, pues Valeria tenía visita y la reconocí enseguida, era la chica con la que la vi por primera vez, en el centro comercial, pero algo había pasado por lo que me pude dar cuenta. Valeria estaba llorando y la otra chica, la estaba consolado. Hubiera querido llegar antes que ella, para ser yo, el que la tuviera en mis brazos para consolarla. —No te quedes ahí Dex—Me dijo Valeria—Pasa, por favor. Valeria me estaba invitando a que me quedara en el departamento, pero veía que era una situación delicada con esa otra chica, lo mejor sería que resolvieran lo que estuviera pasando y yo regresaría en otro momento, discúlpenme. —Hola—Saludé a las dos—Sí quieres, regreso más tarde. No quiero interrumpir algo importante. —Adelante, no pasa nada—Dijo la otra chica—Yo, ya estoy por irme de todos modos. Ante su insistencia, entré al departamento y cerré la puerta detrás de mí y al hacerlo, no pude evitar darme cuenta, que algo muy malo le pasaba a Valeria, estaba toda llorosa y tenía los ojos muy rojos e inflamados, lo que indicaba que llevaba rato llorando. Ella, como pudo, se secó las lágrimas y me miró a los ojos. Se veía preciosa, aún, así como estaba de triste. —Dex, ella es Larissa, mi mejor amiga—Me presentó—Amiga, él es Dex, mi compañero de trabajo y también de departamento. Nos presentó y la chica se veía muy amigable y que bueno que estaba aquí reconfortándola, tranquilizándola y no la había dejado sola. —Hola, Dex, mucho gusto—La chica me dio la mano—Larissa Ramos Plaza, para servirte. —Mucho gusto Larissa, ya nos habíamos visto en el centro comercial—Dije en tono casual—Yo las dejo, que sigan platicando. No quería ser el causante de que ellas dejaran de hablar sus asuntos, no tenía idea del problema que tenía Valeria, pues era la única que estaba llorando y la otra chica era la que la estaba consolando, no cabía duda de que Valeria la estaba pasando de verdad muy mal. —No te vayas Dex, he puesto mal a Val y no quiero que ella se quede así—Se disculpó su amiga—Por favor, te la encargo. Me pude dar cuenta que Valeria, a su amiga si le permitía que le dijera Val, a mí me lo ha prohibido, pero bueno, sus razones tendrá. Yo me quedé en mi sitio, ya que ella se iba y Valeria estaba aún llorosa. —Claro que sí, no te preocupes. Larissa, abrazó a Valeria y así se despidieron y caminaron juntas a la puerta del departamento, dónde volvieron a abrazarse y después se despidió también de mí. Al irse Larissa, pude ver a Valeria que quiso ir a su recámara, pues empezó a arrastrar los pies, mientras caminaba llorando por el pasillo, como alma en pena, en verdad se veía muy deprimida. Me destrozaba ver eso, era una de las cosas con las que no podía, ver llorar a una mujer, me rebasaba completamente. Detuve a Valeria abrazándola por la espalda y pensé que ella, se iba a resistir, pero, al ver que no lo hizo, la giré para que quedáramos de frente y con mis manos, le limpie una a una sus lágrimas, sus ojos estaban más rojos que antes. —Tranquila, ven vamos a sentarnos a la sala—Caminé con ella abrazándola con mucha ternura—Te prepararé algo, para que te tranquilices. Uno de esos tés, que siempre nos estaba preparando en casa Ava, cuando notaba que estábamos un poco alterados, sobre todo se lo daba a nuestro padre, Eryx DeCostello, era el que más se tenía que calmar por las travesuras que siempre habíamos hecho Dominic y yo. —No quiero nada, Dex—Sollozó ella—Por favor, solo no te vayas. Se notaba que lo que había hablado con su amiga, le había hecho mucho mal, no me gustaba ver llorar a ninguna mujer, es lo que me derrumba, y ella había llorado con mucha intensidad, no sabía de qué se había tratado, pero no me gustaba verla así. —No iré a ningún lado, te lo prometo. Nos sentamos en la sala y ella seguía llorando desconsolada en mis brazos. Yo no pude hacer nada, solo abrazarla más y tratar que ella encontrara consuelo y calma en mis abrazos. No la iba a obligar a que me contara nada, si tampoco era eso lo que ella quería. A veces, cuando alguien llora, lo mejor que se puede hacer es solo estar a su lado y escucharla. Pasó mucho tiempo, pero no me hubiera importado, pasar toda la noche así con ella, se sentía tan bien el estar abrazándola, no sé qué pasaba con ella, que me gustaba más de lo que nunca me gustó, ninguna otra mujer. —Dex, gracias por esto—Me dijo en voz baja—En serio, que, sin darte cuenta, me has ayudado mucho. —Claro Valeria, cuando quieras, tienes mis brazos para reconfortarte—Le dije separándola de mí, para ver sus bellos ojos—Sí, quieres, me puedes decir que te pasa. No sé, es que pienso que de pronto, yo podría ayudarte. Quería saber qué era lo que le pasaba para poder dar mi punto de vista, a veces uno se ahogaba en un caso con agua, teniendo la solución delante de sus ojos o por lo menos yo le iba a ayudar a que la viera, nada perdía con decirme de que era lo que se trataba. —Nadie puede ayudarme, Dex—Siguió llorando—Yo, estoy jodida. No tengo dinero, mi vida es una basura y a veces, de tantas cosas que me faltan, mejor quisiera morirme y dejar de sufrir. Lo que dijo Valeria, hizo que me diera un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo. No podía creer que una mujer como ella, que, a mi forma de verla, lo tenía todo. Era muy buena en su trabajo, según lo que Luis me ha contado y además está preciosa, podría tener todo lo que se proponga, ser modelo o qué sé yo, pero, en cambio, de eso, está hablando de morirse y eso, no me gusta nada. Yo le tenía que ayudar, no podía dejar que nada le pasara. Tomé sus manos y la miré nuevamente, directo a los ojos, sequé sus lágrimas que no podían dejar de salir de ellos. —Valeria, yo no te conozco y antes que me digas que no puedo opinar de ti, yo quiero decirte lo que veo—La miré con detenimiento—Veo a una chica bellísima, como nunca antes, he visto a nadie igual y no quiero que te sientas así, en mí tendrás a un amigo y me he propuesto, levantarte el ánimo. No iba a permitir que ella se sintiera de esa manera, era cuando menos podías dejar a alguien así, porque era cuando podían tomar una mala decisión, y ella era muy joven para que se quiera morir, o que atentara contra su vida de manera fatal, me arrepentiría toda mi vida si algo le pasara estando yo presente.
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