Capítulo 12
Valeria Peña Madrigal
Puerto Vallarta, Jalisco, México
—Qué buena amiga eres, Val — Me reclamó — Ayer, no solo me dejaste plantada en la fiesta que dieron mis padres, tampoco me llamaste para decirme que no irías.
La verdad se me había olvidado por completo, además yo no le dije que iría, se tenía que imaginar que si no le llamé sería por algo, yo no estaba en la obligación de estar diciéndole cada uno de mis movimientos.
—Larissa, lo siento mucho — Me disculpé de inmediato — Por el retraso del centro comercial, tuve un problema muy serio con mis padres y por eso ya no pude llamarte, para nada.
—No lo sientas, Val. Nunca quise causarte problemas con tus padres. Es más, si quieres vamos ahorita a tu casa y les explico, que nos tardamos ayer por mi culpa.
No podía dejar que mi amiga insistiera en eso de ver a mis padres, tenía que irme ya. Todo esto de Larissa y de mis mentiras para con ella, estaba amenazando con salirse de mis manos y era algo, que definitivamente, no podía permitir.
—Amiga, me vas a disculpar, pero me tengo que ir — Le dije — No quiero otro problema con ellos, es que amenazaron con sacarme de la academia, si me vuelvo a retrasar así.
Eso era algo que de seguro la calmaría, estaba segura de que ya no iba a insistir, viendo que yo estaba a punto de ser castigada si no llegaba a la casa de mis padres antes de cierta hora, era una buena excusa, ella no dejaría que, por su curiosidad, me sacaran de la academia si sabía que era mi sueño titularme.
—Está bien Val, que te vaya muy bien — Dijo Larissa — Pero, ¿No vino por ti tu chofer?
—Sí, está a la vuelta de la academia, para no entrar en el tráfico. Nos vemos, hasta mañana.
No le di tiempo a Larissa, de decirme más y me escabullí lo más rápido que pude, afortunadamente pasó el camión asqueroso y apenas lo vi, le hice la parada para subirme y así logré llegar a tiempo a las instalaciones del canal y a mi lugar de trabajo, tenía que arreglar el vestuario de unas chicas que iban a lucir una colección de playa y todo debía ser espectacular, quería impresionar a Alan y estaba segura, que lo iba a lograr.
—Hola Valeria, ¿Ya terminaste con las modelos? — Me preguntó Luis — Es que, te han venido a buscar.
No tenía a nadie que me viniera a buscar, yo no tenía por qué decirle a cualquiera donde trabajaba, bueno más bien donde tenía que trabajar todos los días, para poder pagarme la carrera, aunque no le veía nada de malo, pero como y aseguraba que era rica, no tenía por qué trabajar si mis padres me lo podían dar todo.
—Hola Luis, sí ellas ya están listas — Respondí felizmente — Son todas tuyas ¿Quién me busca?
—Larissa Ramos, me dijo que es tu mejor amiga ¿Le digo que pase?
Ella se había atrevido a seguirme y por supuesto que se había dado cuenta de que había tomado la molestia al de seguir el autobús, no había otra manera de saber dónde estaba, pues este ya había llegado a su fin.
—No, Luis, ya voy con ella. Gracias, ¿Te dijo Alan si ya me puedo retirar?
Ya había llegado la hora de mi salida y aprovecharía para irme de aquí con Larissa, me tocaría explicarle por qué estoy en este lugar trabajando, ya no quiero seguir mintiendo y si eso me aleja de ella, tendré que aprender a vivir con ello.
—Sí, perdón — Se disculpó Luis — Es todo contigo, por hoy. Ya puedes irte, descansa Valeria y nos vemos mañana.
—Nos vemos mañana, Luis.
Caminé a mi inminente final, no podía creer que mi mejor amiga, Larissa, se había tomado la molestia de seguirme y sabía que ya no tenía escapatoria. Le tenía que decir mi verdad y más pronto de lo que pensaba, ella si ya me había seguido era porque no creía del todo ya, nada de lo que yo le pudiera decir, así que me armé de valor y me acerqué a mi amiga, apenas la vi.
—Hola, Val — Ella me abrazó — Esto está súper padre. No puedo creer, que tu familia se dedica, al mundo de la televisión.
Lo pensé solo por un instante el seguir con la mentira, pero eso yo creo que no iba a funcionar, de donde iba a sacar a unos padres en este momento, yo ya no tenía escapatoria y ya no quería seguir mintiéndole, ella que era mi amiga, la única que tenía.
—Hola, Larissa — Respondí — No, nada es lo que te imaginas. Ven, acompáñame, hay algo que quiero mostrarte. Vamos a mi departamento.
Larissa, me miró un poco contrariada y era lo normal. Ella sabía, que yo vivía con mis padres, supuestamente en una gran casa y era lógico que se iba a impresionar cuando viera, que mi departamento, no era ni siquiera del tamaño de su recámara, pero ya no podía mentir más, además de todas mis desgracias, se le iba a sumar, la de perder a la única persona que quería y que me quería en realidad.
—Pasa, Larissa — Dije al abrir la puerta — Sé que todo esto, ahora mismo te parece imposible, pero te he mentido todo este tiempo con lo de mis padres, porque la realidad, es esta. Vivo en este pequeño lugar y saliendo de la academia, soy esclava del canal, ganando un sueldo miserable, con lo que apenas puedo malvivir. No me odies, por favor.
Esperaba que mi confesión, no la fuera a hacer enojar, pues le había mentido todo este tiempo, desde el momento en que nos habíamos conocido, creo que yo era la única de la academia que tenía que aparentar lo que no era, los demás se podía ver claramente que llegaban en sus propios autos o los llevaban choferes, así como a Larissa.
—Val—Larissa se tapó la boca y al salir de su asombro me abrazó—Debiste decirme la verdad, yo soy tu amiga y te voy a querer siempre, sea cual sea tu realidad. Además, no tienes que estar aquí, te puedes ir a vivir conmigo, mis padres te aman y lo sabes.
Yo tenía que salir adelante por mis propios medios, no me iba a ir a vivir con ella y que sus padres me mantuvieran, eso sí que no iba a ser.
—No puedo Larissa, entiéndeme por favor y perdóname. Espero que ahora que sabes que soy una muerta de hambre, no te dé pena juntarte conmigo.
—Para nada amiga — Larissa, me secó el llanto — Te quiero mucho y te admiro, por ser muy valiente, por trabajar y ganarte tú sola la vida.
Me sentí aliviada, al saber que al menos no iba a perder a mi mejor amiga, entonces sí, me hubiera muerto de tristeza. En ese momento, mientras yo seguía llorando y contándole a mi mejor amiga, las desdichas de mi vida, por la puerta del departamento, entró Dex. Larissa, lo recordó del centro comercial, me di cuenta por la cara de asombro y al parecer él, también se acordó de ella.