CAPÍTULO 6

2161 Words
CAPÍTULO 6. XAMIRA . . Anoche la pasé muy mal, luego de que Maika terminara la llamada ya no me pude comunicar con él. Tuve la intención de sentarme a escribir un poco, pero me fue imposible concentrarme luego de toda esa confesión de su parte. Me rompió el corazón verlo tan vulnerable y saber que ha pasado por todo eso solito. ¿Qué clase de mierda es esa gente, cómo pudieron tratarlo de esa manera? Luego de dar muchas vueltas, opté por irme a la cama a ver una película y distraerme para que se me fuera un poco la angustia. Si a mí me ha dejado así, no me quiero imaginar cómo pudo haber quedado él. Terminé durmiéndome porque el cansancio me ganó. Hoy en la mañana, le envío un mensaje para que, cuando pueda, se comunique conmigo y no lo llamo para darle espacio, tal vez quiera recomponerse antes de hablar con alguien más. Nación me envía algunos mensajes que, sinceramente, no abro porque no tengo ánimos de nada. No entro en el juego y tampoco soy capaz de agarrar la computadora para nada. Ahora son las 9 pm y mi teléfono vuelve a sonar una vez más. Es Maika. —¡PERDÓN! —Le noto otro semblante, creí que iba a estar destrozado—. Lo siento, lamento haberme ido de esa manera anoche. No sabes cuánto agradezco que me hayas escuchado. Te juro que me siento un poco más aliviado. —Oh, no sabes cuánto me alegro de oír eso. He estado muy preocupada… —Tranquila, he aprendido a juntar los pedazos… Quiero terminar de relatar mi historia, capaz que te sirve de inspiración para escribir alguna de tus novelas. —No sé si sería capaz de hacer algo así, pero si tú quieres lo hago. —Como quieras. Aquella noche terminé con un ojo morado, el labio partido, la nariz casi rota y algunos moretones en el cuerpo. Solo, triste, con una mochila y una maleta con lo poco que me dejaron sacar de la casa. Eran mis cosas las que se quedaban allí dentro, pero ya vería la manera de tener todo lo que quisiera en la vida. “No tenía a dónde ir, pero al menos tuve la inteligencia de agarrar mis cosas de valor, algunas joyas y relojes caros que me habían regalado en alguna ocasión. También tomé el dinero que tenía ahorrado, mi laptop y el celular. En la urgencia olvidé los cargadores, qué tonto”. Él ríe de manera extraña, haciéndome sonreír a mí. —Y, ¿cómo te fuiste? —Me pareció extraño, pero uno de mis hermanos le dijo a mi padre que permitiera que me llevase mi auto, dijo algo como que yo podría realizar la denuncia de robo al tener el vehículo a mi nombre y mi padre me tiró la llave en la cara. Cuando salí de la casa, lo entendí. “Mi autito tenía todos los cristales rotos, las luces, espejos, todo. ¿Sabes qué? Me lo llevé de todas maneras porque me serviría para obtener un poco de dinero para sobrevivir más adelante. “Esa noche conduje por muchas horas, hacía frío, mucho frío. Encontré una tienda donde ingresé y llené un carrito con comestibles, frutas, productos de aseo y cuidado de mi cuerpo, bolsas grandes de basura, refrescos, agua. Todo lo que se me ocurrió y fuera necesario. Temblando llegué a la caja y al terminar de pasar la compra como para un par de meses, estiré mi mano con la tarjeta de crédito que mi propio padre me había regalado hacía poco tiempo. Temía que ya hubieran cortado mi cuenta bancaria, no fue así, para mi fortuna todavía no lo habían hecho. “Entré en otra tienda y me compré dos pares de zapatos deportivos, dos de vestir y unas pantuflas rosas con flamencos. En otra tienda, compré una gran variedad de ropa: deportiva, de vestir, de trabajo y de salir; a la mierda el niño bueno que siempre fui. Pasé por un cajero y retiré una buena suma en efectivo, el límite de lo permitido por día. “Cuando dejé todo en el auto, con miedo a que me robaran, a las corridas ingresé en una tienda electrónica a comprar los cargadores que necesitaba, para mala suerte de mi padre no tenían el de mi laptop, así que me compré una nueva y una Tablet de diseño para poder trabajar de lo que me gustaba. “Estaba temblando, eufórico por mi hazaña, sentía que estaba robando. A la mierda todo. Conduje nuevamente por las calles turísticas de Londres en busca de un lugar dónde pasar la noche y me topé con un hotel y me dije: “A probar suerte Maika”. “Ingresé al lugar, llegué a la recepción y una chica muy linda y amable me dio la bienvenida. Me aseguré de pagar con la misma tarjeta de crédito una estadía de 10 noches all inclusive. Y en ese momento pasó. Al querer pasar la tarjeta por 10 días más, no pude. Ya la habían bloqueado, de seguro le había llegado la alerta a mi padre gracias a que me comporté como mono con ametralladora. “Le expliqué a la chica el motivo antes de que pensara que la había robado y ella me entendió, le había pasado lo mismo cuando sus padres se enteraron de su embarazo el año pasado. ¿Te das cuenta de lo desgraciados que fueron al abandonar a una chica de 20 años solo porque un bastardo la engañó y la dejó embarazada a su suerte, con una criatura a medio camino? “Ebba, así se llama ella. En ese momento me dijo que terminaba su turno y que podía darme una mano para llevar mis cosas a la habitación. Así lo hicimos, de manera rápida, no quería robarle mucho tiempo. Ella debía llegar a casa para atender a su pequeña, la pequeña Sophy, así me dijo que la nombró en honor a su abuela. “A la mañana siguiente, me aseguré de colocar las bolsas de basura transparentes a modo de cristales en el auto y salí en busca de una maleta más, una más grande para guardar todo lo que había comprado la noche anterior. Tomé mi celular y le envié un mensaje a Ebba preguntándole a qué hora entraba a trabajar y si quería que la recogiera, de alguna manera quería agradecerle por la ayuda que me brindó la noche anterior. “Ebba, en el trayecto hacia el hotel, me comentó que en su edificio había un apartamento libre, no eran de lujo, pero eran cómodos, amplios y muy limpios. Me comentó de una trampita que podría realizar en el hotel para que me devolvieran el dinero que pagué y con ese mismo dinero poder hacer la entrega inicial en el apartamento. “Perdón. Me fui un poco del tema”. —No hay problema, sigue contando. —Tal vez te esté aburriendo con mi cuento. —Para nada. Continúa. —Para cuando volvimos al hotel ya había visto el lugar donde viviría y era perfecto para mí, estaba amueblado con lo indispensable y eso era más de lo que podía pedir ya que no tenía absolutamente nada más que mi ropa. “Preparé todo, organicé mis dos maletas y la mochila con todas mis pertenencias. Ebba me prestó un bolso de mano bastante grande por si lo necesitaba y menos mal que lo hizo, porque no me cupo todo en los bolsos que tenía. “Redacté mi queja y se la envié al mail de la administración del hotel, amenacé con hacer la denuncia si no me daban una solución, no recuerdo qué motivo fue, pero sí que me dieron una respuesta inmediata. En esta decía que disculpara por los inconvenientes y que podía pasar a retirar el monto neto por el cual pagué “mi estadía fatídica”, en efectivo. “Esperé a que mi nueva amiga terminara su turno y nos fuimos muertos de risa, esa noche ella me ofreció pasarla en su apartamento y al día siguiente comenzaría con las diligencias que el conserje del edificio me pidió para poder tramitar mi propia renta. “Los trámites no demoraron casi nada gracias a que pude pagar por 12 meses de alquiler por adelantado, 1500 libras por mes, un total de 18000 libras. Había podido sacar del cajero 20000, yo tenía ahorrado unas 16500 libras y en el hotel recuperé casi unas 10000. Tenía dinero para pagar las cuentas y comer por un tiempo, aunque no pretendía dejarme estar. Quería ponerme a trabajar de inmediato. “El primer mes me lo tomé para sanar, tanto las heridas externas como las internas y las del corazón. Lloré más de una noche de rabia, de tristeza y dolor. Me recuperé de la angustia que me daba estar completamente solo en la vida. “El segundo mes no fue diferente, lloré y lloré porque no me daban trabajo en ningún lado. Mi apellido y mi historia me ayudaron bastante a no tener oportunidades. Así pasaron unos 3 meses más, y aunque no estaba solo del todo porque la tenía a Ebba, me seguía sintiendo abandonado y encima inútil. “Recuerdo que mi amiga me convenció de ir a un cumpleaños de un compañero de trabajo de ella. Ahí fue donde un tipo adinerado, al darse cuenta de mi orientación s****l, se me insinuó con discreción para tener sexo, me negué. “A los pocos días, el mismo señor comenzó a escribirme al celular insistiendo con lo mismo. No tengo idea de cómo dio con mi número, pero el tipo estaba dispuesto a cualquier cosa por una noche con mi cuerpo y me seguí negando. Un día, cansado de aguantar los constantes mensajes, decidí que lo mejor era bloquearlo, pero ahí fue cuando me ofreció dinero a cambio de una noche de sexo. No malinterpretes, le iba a decir que no. El problema era que me ofreció una muy buena suma y yo ya estaba a punto de acabarme el dinero, por lo que sin más remedio, acepté. “El encuentro se dio dos días después, y la verdad es que yo no estaba para nada contento con mi decisión, ya que me había arrepentido; pero no tenía otra opción. “Esa noche, luego de dejar que el tipo ese usara mi cuerpo por unas cuantas libras, me sentí asqueado. Vomité, lloré, me bañé como 5 veces intentando limpiar aquello de mi cuerpo, mi mente no tenía solución. Luego de ese hombre, vinieron muchos más; por mucho que no quisiera, no podía hacer otra cosa que aceptar. El pago era muy bueno, no me iba a vender por unos pocos billetes. “Estuve de esa manera durante el resto del año, podía ahorrar para estudiar, no me iba a arriesgar a intentar entrar a una universidad aun sabiendo que calificaba para una beca y todo gracias a mi inteligencia. Tomé por el lado de los cursos privados. Me pagué el de idioma español, uno de diseñador gráfico y otro de administración de empresas, este último era online. “Al cabo de 2 años tenía más de 3 títulos. Cuando cumplí 22 años dejé la prostitución y por suerte conseguí trabajo desde casa, haciendo logos para diferentes empresas y administrando un par desde la comodidad de mi hogar. Hubo un par de clientes que eran fijos para tener sexo, a esos me los quedé por si las cosas se ponían feas. “Robert era uno de ellos, un cincuentón casado por obligación. A diario le muestra una sonrisa a su amada esposa, pero dos veces por semana me visita para saciar su hambre s****l conmigo. “Charles, es el otro, este viene una vez a la semana y entre los dos me dejan una ganancia de 30000 libras al mes, dinero del cual saco para pagar la renta y las cuentas, el resto lo ahorro por las dudas. En cuanto tenga suficiente y esté más afianzado en mi trabajo, los voy a dejar. Ellos ya lo saben y aunque ninguno está muy de acuerdo, me respetan. “A Ebba la echaron de su trabajo en el hotel, Sophy enfermó y la tuvieron que hospitalizar, lo que hizo que a mi amiga la despidieran por faltar varios días. Hijos de puta, ¿no saben que una madre debe estar con su hijita de apenas 4 años?”. —Sencillamente la gente es una mierda. —Y vaya si lo es. Nena, muchísimas gracias por escucharme y no juzgarme, eres una personita muy especial para mí. —No me agradezcas, si no puedo hacer eso por ti, ¿qué clase de persona sería? —Es que estoy acostumbrado al rechazo. Ahora si me lo permites, me voy a dormir porque no puedo más de sueño. Anoche no pude pegar el ojo. Te adoro, descansa. —Te quiero, nene, descansa.
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