CAPÍTULO 5.
XAMIRA
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—Creo que el peor día de mi vida fue cuando mis padres se enteraron de lo que soy. Soy gay, homosexual, desviado o como le quieran llamar. Mis progenitores me nombraron “cosa rara que no es digna de la familia Burke”.
“¿Cómo una de las familias, m*****o de la alta alcurnia de Inglaterra, va a tener un hijo que no cumple con los estándares de la “normalidad”? Y sí, lo digo entre comillas porque yo me siento totalmente normal. No soy extraterrestre y mucho menos un fenómeno o una aberración de la naturaleza… Creo que también escuché esas palabritas de la boca de mi papi. ¡Tierno!
“En fin, me gustan los hombres, amo los p***s y no las odio ni me dan asco —pero no son de mi agrado— las mujeres; a no ser para nada más que una linda y hermosa amistad, hermandad o lo que sea que no lleve contacto s****l.
“Soy el menor de mis hermanos, dos bien machos mayores y una mujer menor que yo. Me rompió el corazón escuchar a mi hermanita, tan altanera, diciendo que ahora nadie de prestigio se va a querer casar con la hermana del puto.
“Mi hermano mayor me dio un par de puñetazos mientras mi padre me pedía de forma no amable que me fuera de la vida de todos para siempre. “Cuando te arregles tal vez considere devolverte el apellido”. Gracias, pero no gracias.
“Hoy, a mis 25 años, me encuentro en un pequeño apartamento que pude alquilar gracias a mi trabajo, y no creas que ha sido fácil encontrar uno, para nada.
Cuando me echaron, peor que a un perrito sin r**a, me tuve que prostituir para salir adelante. Tenía 18 en ese entonces, no era una virgencita, pero no quería eso para mí. Me daba asco al inicio, luego me acostumbré. Supieras la cantidad de hermanos gay tapados que encuentras por la vida, ¡qué horror! ¿Cómo pueden ser felices siendo alguien más? No debería ser así, estamos en el 2021 y sigue pasando, hoy en día existen marchas en honor a la diversidad. Uno es dueño de su vida, de su cuerpo y orientación s****l”.
—¿Podrías contar cómo comenzó, cómo te diste cuenta de tu orientación, tus gustos?
—Claro… Tenía unos 8 años la primera vez que me sentí a gusto conmigo mismo, jugaba con mi hermanita, ella tenía 6. Nos sentamos en su mesa de té con las muñecas, jugamos toda la tarde hasta que, sin darme cuenta, el reloj marcó la hora que papá llegaba de su trabajo. Furioso, gritó cuando me vio con la Barbie de Taylor en las manos tratando de peinarla, la pobre estaba con el cabello parado y quise que se viera bonita. Papá me golpeó, me mandó a la cama sin cenar y a la nana la despidió, yo la amaba. Ella me amaba como si me hubiera parido, hoy me doy cuenta de ello. Me gané otra paliza por llorarla, “los hombres no lloran, marica”. Ahí comencé a darme cuenta que me gustaba entretenerme haciendo “cosas de niñas” según lo que dicta la gente.
“A los 12 años, cuando comencé a estudiar en la secundaria, a mis compañeros no les gustó mi cara el primer día, mis facciones delicadas les molestaba. Que fuera cuidadoso con todo, tampoco fue de su agrado y decidieron robarme el dinero todos los días durante 3 meses. Me golpearon, me hacían cualquier cosa para que llorara y me volvían a golpear por hacerlo, diciendo que era un afeminado. Comencé a darme cuenta que me gustaban los chicos y a acercarme más a los grupitos de chicas, me sentía más a gusto estando con ellas.
“Un día me quejé con el rector, mala idea, el tipo era el padre del peor chico de todos los que me acosaban. Llamaron a mis padres y, para terminar, cuando llegaron yo estaba llorando y en el momento que entré a la casa, recibí otra paliza.
“16, este año de mi vida preferí borrarlo de mi disco duro, hoy día puedo hablarlo… calmado, pero en su momento fue espantoso lo que viví. Descubrieron que era gay porque se lo comenté a una de mis “amigas” y el mismo hijo de puta que me acosó desde que comenzamos en el instituto, junto con sus amiguitos, me ataron a una colchoneta, desnudo. Intenté rogar que me dejaran en paz, que no diría nada de lo ocurrido y hasta pediría que me cambiasen de colegio, pero nada resultó.
“Me amordazaron con la intención de que no siguiera perturbándolos con mis súplicas y llantos. Me esperaba que me dejaran ahí, sería bastante humillante porque estábamos en el gimnasio del instituto, pero lo superaría de alguna manera. Mis nervios aumentaron cuando dos de ellos arrastraron la colchoneta en donde estaba tendido y maniatado, hasta la oficina del conserje. No había nadie y cuando giré mi rostro, había un par de chicas también.
“Reían entre ellos, se reían de mí, de lo que me hicieron ese puto día en que decidieron que podían curarme haciendo que esas dos chicas tuvieran sexo a la fuerza conmigo. Me violaron, no hay otra forma de nombrar aquel acto cruel que hicieron conmigo”.
Oh, Dios mío. No sé qué debo decir en este momento así que simplemente me quedo callada.
—Tuve que callar si no serían aún peores mis días y no sé cómo carajos aguanté hasta graduarnos, no sé cómo pude concentrarme y salir con uno de los mejores promedios. Si te preguntas cómo se enteraron mis padres y todos los que me conocen, fue así.
“Como despedida, y sabiendo que ya no iban a poder molestarme más luego de la graduación, ese día del festejo se tomaron las molestias de reproducir en el proyector el video que editaron del día que me iniciaron sexualmente a la fuerza. Obviamente no se me paró, no hubo una jodida erección ni un pene grande del que mi padre, en su cerebro de machista, estaría extremadamente orgulloso; no.
“Se reprodujo el filme en todos los celulares de la sala y en el proyector las imágenes de cómo esas dos mierdas refregaban su cuerpo sobre el mío y yo vomitaba; lloraba, gritando que me dejaran en paz. Imploraba por ello. Obviamente los rostros de ellas no salían nítidos, no se iban a dejar en evidencia, tampoco es que alguien los fuera a denunciar por intentar cambiarme.
“El asco con el que me miro mi familia, la indignación de mi madre al tener un hijo que salió de sus entrañas, inútil, ¿enfermo? ¿Repudiado por la iglesia? Ni siquiera creo en la hipocresía de los que predican en nombre de “Dios”. Tampoco creo en él.
“Recuerdo que al llegar a casa lo que menos recibí fueron felicitaciones por graduarme con excelentes calificaciones, para qué, si ya no se iban a sentir orgullosos de mí luego de ver aquel video. Me gritaron, atacaron con preguntas de todo tipo hasta que exploté y les confesé que no me gustaban las mujeres si no los hombres; de paso, les dije que no era algo que pudiera cambiar, que yo era así”.
—No puedo creer… todo esto que me has contado, has estado solo por la vida durante mucho tiempo y discúlpame por lo que voy a decir, pero tu familia… Qué hijos de putas, retrógrados de mierda, darte la espalda, lastimándote con toda esa actitud y palabras. Qué horror de personas, si es que así se les puede llamar.
—No llores por mí, por favor, no lo hagas que me hace sentir mal, Xam. Disculpa, debo colgar, te quiero, amiga.