Capitulo 7: Recuerdos parte 3

1991 Words
Flashback Tomas Una vez que ella salió corriendo del lugar, me quedé allí sentado, mi mente estaba ausente, no quería asimilar lo que había hecho. Al cabo de una hora se me pasó el efecto de la marihuana y la culpa me inundo. Tenía miedo de salir de mi agujero y que la policía estuviera lista para arrestarme. Mi teléfono vibró y entonces me di cuenta de la cantidad de llamadas pérdidas que tenía de mis padres y de mi tío. Sentí un agujero en el estómago y la fuerza se me fue del cuerpo. No contesté. Decidí quedarme allí en silencio y en la oscuridad. Seguro mis padres estaban más que furiosos conmigo, mi estupidez estaba por costarles sus empleos, lo había arruinado todo. Decidí mantenerme drogado para no pensar y coloqué una tableta de LSD en mi lengua y cerré los ojos. No sé cuantas horas pasaron, de pronto un repentino jalón de las solapas del cuello de mi chaqueta fue lo que me despertó. Era mi tío Richard el que me estaba sacando de allí y me metió dentro de una camioneta negra. No dijo nada ni yo tampoco, traté de mirar hacia afuera y de vez en cuando miraba por el retrovisor. Se veía bastante molesto y una vena en su frente le saltaba. Sus nudillos se veían blancos de la presión con la que sostenía el volante. Dio un giro rápido hacia la izquierda y yo me golpeé la frente en la ventana. Aguanté el dolor y no dije nada, me lo merecía. Vi que nos acercábamos a la comisaria y trague saliva. Un oficial estaba esperando en el estacionamiento. Parecía que estaban siendo discretos. Al aparcar en la comisaria, sabía que estaba perdido, el oficial se acercó y me hizo salir con las manos detrás de mi cabeza, me puso de espaldas y me esposó. Me taparon la cabeza con una bolsa de tela negra y me metieron rápidamente a una sala de interrogatorio. Al entrar a la sala, me sentaron y me quitaron la bolsa de la cabeza. Miré el reloj de pared y este marcaba las once y media de la noche. Habían pasado cerca de ocho horas de lo sucedido, no tenía dudas, esperaron el momento oportuno para no levantar sospechas y evitar un escándalo de la prensa. Entonces la puerta se abrió y entraron mis padres. La mirada de ambos fue severa. Mi madre habló primero — Si tú, maldito idiota bueno para nada no fueras mi hijo, estarías ahora mismo en camino a la prisión federal. Abusaste de una menor y peor aún una chica con discapacidad intelectual. — ¿Te preocupa más que sea una discapacitada? — Pregunté estúpidamente. Recibí una doble bofetada de su parte. — Eres un completo idiota Tomas, en este momento estoy muy decepcionada de que seas mi hijo. Has puesto en peligro nuestras carreras. ¿Acaso tienes una idea de lo que hiciste grandísimo imbécil?. Te echaste varios cargos federales encima, es menor de edad y aparte neurodivergente. — Y ahora...¿Qué pasará conmigo? . — ¿Qué no es obvio? por favor, deja las malditas drogas. ¡Tan solo mírate! No eres ni siquiera capaz de razonar.— Dijo mi padre. — Lo ideal es que vayas a juicio por lo que hiciste, pero como aún eres menor por algunos meses, solo te encerrarían en la correccional hasta cumplir la mayoría de edad y de ahí seguiría el proceso de juicio y tu sentencia definitiva, la cual puede llevar años. Sin contar que nos dejarías arruinados. — Si van a encerrarme, háganlo de una maldita vez. Cualquier cosa es mejor que seguir viviendo con ustedes, tratando de aparentar la familia feliz. Esta vez fue mi padre quien me propinó una golpiza en la cara. — Tienes suerte, tienes una maldita suerte que no te imaginas. — Decía mi madre con rabia en su voz. — La chica solo quiere irse de aquí. Sus padres definitivamente te quieren preso, pero tu tío ha logrado dialogar con ellos y hemos llegado a un acuerdo. Tú te irás a Michigan a partir de ahora con tu tío Richard, sin peros ni objeciones. Tendrás que internarte en un centro de adicciones hasta que te limpies.— Dijo mi madre — ¿Y qué pasará con ella?— Pregunté — ¡Olvídate de ella maldita sea! te obsesionaste con esa niña, ella seguirá su camino, lejos de aquí y recibirá una compensación Por daños y perjuicios. Irá a terapia y con el tiempo logrará superarte. Ahora, su familia y ella están en la otra habitación, esperando que vayas, los mires a los ojos y pidas perdón por lo que hiciste— Mi madre estaba bastante alterada. Me hicieron caminar a la fuerza y entré a la otra habitación. Sentí como si mil kilos de piedra estuvieran aplastándome, no podía mirarlos a los ojos. Miré hacia donde estaba ella y esquivaba mi mirada. Su padre se abalanzó sobre mí y me empezó a golpear, el oficial iba a intervenir, pero mi padre lo detuvo. Era lo justo, él lo sabía... Yo lo sabía. Me dejé, no puse ninguna resistencia, recibí cada golpe con gusto, tratando de expiar mi culpa. — Lo siento. Perdóname... Antonella— Dije mientras seguía en el suelo siendo golpeado por su padre. Ella me miró a los ojos por primera vez desde que entré en la habitación mientras unas gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas. Era la primera vez en casi seis meses de conocernos en que la llamé por su nombre. — ¡Ya basta!- Gritó ella— Solo quiero que esto termine. El oficial me levantó del suelo, me sacaron directamente por la puerta trasera de la comisaría y me montaron nuevamente en la camioneta. Mi tío nuevamente entró en el auto. Tardamos unos minutos en silencio, aún no arrancaba el motor. Marcó a un número telefónico. — Hola, ¿Phill? Soy Richard. Disculpa que te moleste a esta hora, pero necesito que me hagas un enorme favor. ¿Tendrás espacio en tu clínica para un adolescente? De acuerdo. Voy a llevarlo personalmente no te preocupes. Conduciré desde Seattle, te veré mañana. Chao. — Colgó — ¿A donde me llevas? — No tienes derecho a preguntar. Arrancó el auto y condujo en silencio, ni siquiera puso música. Total y absoluto silencio. Solo podía mirar la carretera, miraba los carteles tratando de adivinar a donde me llevaría. No creía que fuera a llevarme hasta Michigan en el auto, nos tomaría todo el día llegar hasta allá. Vi que giró en la desviación a Portland Oregón. En algún punto me quede dormido. Me desperté cuando Se desvío por la Avenida Williams y frente a mí estaba ese edificio, el Hooper Detox Stabilization Center. Allí me encerrarían una temporada. Bajamos del auto y entramos al centro. Un hombre de mediana edad nos esperaba, debía ser él tal Phill. Nos condujo hasta adentro de las instalaciones y nos hizo el recorrido. Después mi tío Richard entró con él a una oficina. — Está todo listo Tomas. Te quedarás aquí hasta que te limpies. Normalmente los pacientes solo se quedan un máximo de 10 días, contigo harán una excepción.— Dicho esto mi tío se fue. Me condujeron a una habitación. Debo admitir que el lugar era bastante agradable, las instalaciones eran modernas y el personal era amable, sin embargo cuando comienzas a sentir la abstinencia, todo eso te importa un carajo. ________________ Antonella en coma Después de que llegara la ambulancia perdí el conocimiento de nuevo. Es extraño, es como estar en un cuarto oscuro, pero al mismo tiempo hay flashes de luces que al tocarlos parecen desplegar un recuerdo reprimido. Tengo curiosidad de saber que pasó exactamente cuando tuve el accidente, pues hay prácticamente un año borrado de mi cabeza y en casa nadie dice nada, como si fuera pecado hablar de ello. Toqué una luz y entonces sentí odio, odio hacia Tomas por lo que me hizo, pero yo lo amaba a pesar de eso. Incluso si el hubiera sido un poco amable y me hubiera pedido que me entregara a él, lo hubiera hecho. Pero cuando lo hizo por la fuerza me sentí realmente herida, rota... Como un objeto que estaba siendo usado para ser desechado y no pude con eso. Y me odié a mi misma por permanecer ahí en esa relación extraña que no era ni cercano a una amistad. ¿Qué nos unía? El poder y el miedo. A él le gustaba tener poder sobre mí y yo estaba con él por el miedo que él mismo me producía, después fue el miedo a que otros se metieran conmigo y lo veía como mi protector. A veces, solíamos estar sentados mirando el atardecer sin decirnos absolutamente nada, solo compartiendo de vez en cuando un cigarrillo y después... Otras drogas. despues tuve otro recuerdo, justo después de la paliza que mi padre le dio en la comisaría, me llevan a casa. Mis padres no dicen nada, solo me abrazan y yo lloro mientras lo hacen. Me siento rota. Dejo de asistir a clases unos días, me mata la vergüenza. Todos se reirán de mí y sin Tomas en la escuela, no hay nadie que me proteja de los demás, estoy sola. En mi casillero había escondido sus últimos cigarrillos y algunas pastillas. Las tome y las lleve conmigo. Comencé a ausentarme de las clases y me la pasé muchas mañanas y tardes en la guarida. Quería alejarme de todo. Comencé a sentirme responsable por su partida, sin él ahí no encontraba mi propósito, era un cachorro sin dueño. Mis padres me llevaron a terapia, pero me rehusaba a hablar con los psicólogos. Me distancié más de ellos. Decidieron que nos mudaríamos a Portland Oregón con la esperanza de que cambiar de aires me sentará mejor. Traté de simular que todo estaba bien un tiempo, pero yo ya no era la misma. Trate de ser buena alumna y no afectar mis calificaciones, pero fuera de eso yo no me relacione con nadie... Salvo con el traficante escolar. Usar drogas me hacía sentirme conectada con Tomas. Ahora entendía el recuerdo anterior que tuve cuando me desmayé en la escuela. Donde me veía a mi misma como una drogadicta, porque lo fui. ____________ Flashback de Tomas Los primeros días de abstinencia son los peores, te sientes realmente enfermo que crees que vas a morir. Sentía que ardía en fiebre y empapaba mi ropa de sudor. Vomitaba y no podía retener nada en mí estómago, estaba conectado a una intravenosa. Tienes alucinaciones audiovisuales aún sin estar drogado. Poco a poco se va disminuyendo la intensidad de los síntomas, pero te sientes ansioso... Necesitado. Aún mi cabeza estaba revuelta por todo lo que pasó, no sabía distinguir si me estaba desintoxicando de mi adicción a las drogas o mi adicción a ella. Estar con ella aun sin decirnos nada por largas horas me hacía sentir bien. Quizá era por su olor, ese aroma dulce que ella siempre despedía. Las semanas transcurrieron y antes de que me diera cuenta, ya había pasado dos meses en el centro. Ellos dijeron que estaba lo suficientemente bien para convertirme en un paciente ambulatorio y no uno residente. Convencí a mis padres y a mi tío de quedarme en Portland ese año, les dije sobre lo mucho que me ayudaba el centro y que quería quedarme como voluntario. Los tres accedieron. Me sentí una persona diferente, conseguí un empleo de tiempo parcial mientras terminaba la escuela a distancia y cada tercer día ayudaba en el centro Hooper Detox. Así siguió mi vida varios meses, me sentía bien con mi nueva vida, pero aún pensaba en ella. Entonces un día la vi. Estaba aquí también en Portland, la vi de lejos, no me acerque a ella. Estaba en un parque, fumando. Sonreí con tristeza, esas malas costumbres las aprendió de mí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD