Antonella (presente)
Mi cabeza me daba vueltas, trataba de respirar lento y profundo para calmar las náuseas, realmente me sentía fatal y no entendía por qué.
Sé que estamos en temporada de exámenes, pero no considero que esto me estrese a tal grado de causarme una crisis o al menos nunca antes me había sucedido.
Sentí a alguien sentándose a mi lado, pero no abrí los ojos.
— Señorita Watson, su amiga me informó de su estado de salud y creo que lo más conveniente será llevarte a la sala de emergencias.— Era la voz del profesor Richard, su voz era calmada y suave, pero se notaba preocupado.
Yo realmente me sentí avergonzada de tenerlo al lado mío. Significaba que había interrumpido la clase por mí.
— Lo lamento profesor, no quise molestar. Debería estar dando su clase—
A decir verdad me estaba costando articular palabra, lo que me asusto.
— Profesor Richard, aquí están las cosas de Antonella y está es la carpeta que me pidió traer de su auto.— Era la voz de Alexa, se escuchaba agitada como si hubiera atravesado todo el estacionamiento para lograr su cometido.
— Se lo agradezco señorita Smithers, ahora le pediré que se quede con ella, iré a buscar al médico.
___________
Richard Lewis
¡Maldición! Sabía que esto podría sucederle alguna vez, pero no pensé que ahora. En cuanto supe que ella estaría aquí pedí su expediente médico a sus padres, quienes me lo mandaron por fax.
Fueron sus padres quienes me contactaron primero hace algunos meses, antes de que ella viniera a estudiar a Michigan.
Flashback
— ¿Diga?
— Buenas tardes, ¿Con él señor Richard Lewis?— Reconocí su voz de inmediato, era Sonia Watson, la madre de Antonella.
— El habla.
— Disculpe que me atreva a llamarle, usted mismo me dio su tarjeta hace algunos años, dijo que si necesitábamos su ayuda que no dudáramos en hacerlo. ¿Se acuerda de mi?
— Por supuesto que la recuerdo señora Watson. ¿En qué puedo ayudarlos? ¿Mi sobrino ha contactado a su hija de nuevo?
— Oh no, gracias a Dios no. Pero mi esposo y yo queríamos pedirle un enorme favor. Nuestra Antonella fue aceptada en la Universidad de Michigan, sabemos que usted trabaja allí y queremos pedirle que cuide de ella por nosotros. Ella no quiso que fuéramos con ella, y entendemos que quiera su independencia, el problema es, que desde que sucedió El accidente debemos llevarla a revisión cada cierto tiempo y estar atentos ante el mas mínimo dolor de cabeza o desmayo.
— Entiendo señora. Lo recuerdo bien, estuvo en terapia intensiva mucho tiempo. Dígame, ¿Ella ya recuerda lo que paso?
— Oh no. Esa es otra cosa que quería decirle. Ella piensa que tuvo un accidente de tránsito en un autobús. No sabe la verdad.
— Entiendo y lo respeto. No se preocupen, cuidaré de ella, sólo envíenme su expediente médico para estar preparado.
Presente
Y aquí estaba yo ahora, con el corazón bombeándome a todo lo que da.
Le enseñe el expediente al médico de la universidad, quien abrió los ojos con gran sorpresa y de inmediato llamo una ambulancia.
Ésta tardaría quince minutos en llegar y tardaría otros quince en llevarnos al hospital.
Era lo más rápido que podían, y sentí que era una eterna espera.
¿Y si algo malo le sucedía antes de llegar al hospital? ¿ Qué le diría a sus padres?¡¿Qué debería hacer ahora?!
No sabía que decirles, mientras pensaba como hacerlo, llegó la ambulancia, su amiga quería ir con ella, pero le pedí que se quedara y que yo iría como responsable, al fin y al cabo fue en mi clase en la que colapso. Le prometí mantenerla informada y ella accedió.
Hablé también con el rector y le mostré un documento firmado por los padres de Antonella, en los que sin que ella supiera, yo aparecía como su tutor en caso de algún problema médico. El sin duda estaba extrañado, pero me dio licencia para lo que restaba del día.
Al llegar al hospital, ya había un equipo médico esperándonos, la llevaron directo al quirófano y yo debí quedarme afuera en la sala de espera.
Estar allí era desesperante, necesitaba tomar aire.
Salí al estacionamiento del hospital y saque mi teléfono, marque a la casa de sus padres. Respiré profundamente y contuve la respiración mientras se escuchaba el tono de marcación.
— ¿Hola?— Era el señor Henry Watson
— ¿Señor Watson? Soy el profesor Richard Lewis
— ¿Sucedió algo?— Su voz era ansiosa
— Me temo que no traigo buenas noticias. — Se escuchó un silencio incomodo por algunos segundos y proseguí.
— Antonella se desmayó en clase esta tarde. El médico de la universidad la examinó pero el no podía hacer mucho, así que llamó a una ambulancia. Hace apenas unos minutos la acaban de ingresar a cirugía, parece que lo que temíamos pasó. Se reventó el aneurisma cerebral.—
Nuevamente el silencio se hizo presente. Después de unos segundos pude escuchar los sollozos de la señora Watson por el teléfono.
— Gracias por informarnos profesor.— Era la voz de la señora Watson, cuya voz era apenas entendible por el llanto.
—Ahora mismo buscaremos el vuelo más próximo y en cuanto estemos en el aeropuerto le llamaremos.
— De acuerdo señora. Por favor cuídense mucho.— Colgué.
Me sentía impotente y desesperado, necesitaba un cigarrillo, pero recordé que los deje en el auto y yo me fuí en la ambulancia.
Suspiré y trate de que el viento en mi cara me tranquilizara.
Trate de pensar en otra cosa, pero la angustia no me dejaba, después de una hora de estar mirando a la nada, vi doblar en dirección al estacionamiento un Mustang azul igual al mío.
Abrí los ojos lo mas que pude. ¡Era mi auto!
Camine hacia él molesto.
— ¡¿Qué demonios haces tú aquí?!— Grité
— Oye tío cálmate. Sólo vine a traerte tu auto, ¿De acuerdo? El rector me llamó y dijo que tuviste una emergencia médica con una alumna... Que curiosamente es tú protegida y no lo sabía.— Me reprochó el infeliz
— Bien, ya trajiste el auto. Ya puedes largarte— Le respondí cortante
— ¡¿Qué carajo pasó contigo?! Relájate.
No tengo la culpa de que se te esté muriendo una alumna por sabrá dios que cosa— Respondió Tomas
Yo no pude contener lo que sentía, me daba mucha rabia verlo allí. Él era el causante de todos sus males. Y le propiné un puñetazo en la cara.
— ¡Maldita sea Richard! !¿Acaso estás drogado o que te pasa?!
— Esa chica, que está luchando por su vida en este momento es Ella. ¿Me entiendes imbécil? Es Antonella—
El iba a regresarme el golpe, pero en cuanto supo de quien se trataba se detuvo.
— ¿Qué? — Fue lo único que atinó a decir antes de quedar con la mirada perdida unos segundos
.
— Ella quedó tan mal desde el accidente que los médicos sabían que tarde o temprano volvería a necesitar una cirugía cerebral. No sabemos si va a lograrlo.
Deberías irte, sus padres están informados y pueden llegar en cualquier momento y tu eres la última persona que quieren ver cerca de su hija.
— Pero quiero quedarme. — Su voz sonaba firme. Miré sus ojos y realmente parecía sentirse arrepentido y culpable.
— No puedes. Lo siento.— Respondí
El asintió con la cabeza gacha mientras intentaba limpiar disimuladamente sus ojos. Dio media vuelta y camino en dirección a la parada de autobuses.
___________
Tomas Allen
Me sentí desorientado, necesitaba despejarme, así que en vez de tomar el autobús comencé a caminar hacia el centro, no estaba muy lejos del hospital.
Caminé al rededor de unas ocho cuadras cuando vi el letrero neón de un bar.
Entre y me senté en la barra.
Pedí una botella de whisky y me tome dos shots de golpe.
La culpa me quemaba por dentro.
Las estupideces cometidas en mi pasado seguían haciendo daño.
En nuestras familias, lo sucedido se convirtió en tabú.
Cuando hacían mención sobre lo que pasó lo llamaban solo como "el accidente".
Lo último que supe después de eso fue que Antonella había perdido la memoria. Sufría de una amnesia parcial y ciertos eventos no podían ser recordados, sobre todo él último año anterior al accidente.
Flashback
Había dejado de verla un tiempo después de lo sucedido en la guarida, cuando la deje inconsciente por un ladrillazo. Incluso hasta me había olvidado de ella, hasta que un día sin querer choco conmigo en un pasillo.
Sus libros cayeron al piso.
— ¡Fíjate por donde caminas! — Le grité
Ella sólo tomo sus libros y se paró rápidamente.
— Lo siento— Dijo
Había algo raro en ella, se veía triste o...¿estaba enferma?
— No te olvides que eres mi mascota. Has estado muy alejada de tu dueño cachorrita— Dije para molestarla.
Ella sólo me miro sin expresión y se fue. Yo me quedé allí parado como tonto. Nunca me habían ignorado de ese modo, ni siquiera se intimido como la última vez.
Los días pasaban y yo seguí molestándola en los pasillos, principalmente me le acercaba cuando sabía que había otros abusadores cerca.
La tonta no parecía darse cuenta que yo le estaba haciendo un favor. Si me veían cerca de ella nadie se atrevía a hacerle nada porque era de "mi propiedad"
Al pasar las semanas, comenzaba a acostumbrarse a mi presencia.
Incluso en algunas ocasiones ella me esperaba al final del pasillo para caminar conmigo hasta el comedor.
La primera vez me sorprendió bastante, no esperaba eso de su parte.
Yo estaba sintiéndome cómodo con su compañía, pero comencé a notar que mi popularidad y mi "reputación" estaban viéndose afectados por como estaba relacionándome con ella. Así que guarde mi distancia un poco y traté de no ser tan amigable.
Ella parecía entender y no dijo nada.
A veces íbamos a mi guarida a fumar marihuana, al parecer era mi culpa que le hubiera agarrado el gusto.
Hacía lo que yo le decía que hiciera, al final era mi mascota y las mascotas obedecen y a cambio nadie más en todo el instituto se metía con ella.
— ¿Podemos dejar de hacer esto?— Preguntó de pronto.
— ¿ A qué te refieres?— Dije mientras le daba una calada a mi porro.
Ella dio un largo suspiro.
— Me estoy cansando de este juego Tom.
— Lo sé, pero no es tan fácil como parece.
— Claro que lo es. Sólo que tu eres demasiado estúpido para darte cuenta que le das mucha importancia a lo que piensen de ti toda esa bola de idiotas.—
Me quede callado, tenía razón.
— Creo que... será mejor que ya no me hables.— Cuando ella dijo eso sentí como si me hubieran golpeado en el pecho y me sacarán el aire.
— ¿De qué estas hablando? Tu no puedes dejarme.— Dije alterado
Ella estaba en la puerta y yo la detuve.
La abrace, la quería pero era demasiado orgulloso para aceptarlo y decírselo. Solo estupideces salían de mi boca.
— No puedes irte, eres mía. ¿recuerdas?
Eres MI mascota.—
Ella me aparto y me dio una cachetada, mientras escurrían lagrimas por sus ojos, ¿significaba que estaba triste?
— Por favor. Déjame ir. Me haces daño.—
Debo admitir que no entendía lo que decía, mi cerebro estaba tan aturdido por las drogas que pensaba que hablaba de algo físico y la miré confundido porque ni siquiera la estaba tocando.
— ¿Lo ves? Justo ahora lo haces. Tu forma de ser me confunde y ya no quiero eso. Me lastimas aquí. — Decía mientras ponía su mano sobre su corazón— Pero a ti eso no te importa, solo soy tu juguete y ya no puedo seguir con este juego enfermizo en el que no se si somos amigos o enemigos.—
Me volví a acercar a ella y la besé.
Ella me aparto de nuevo y la tomé con brusquedad. Sostuve su cabeza con ambas manos y la obligué a besarme.
Ella pareció corresponderme pero no dejaba de llorar.
Me dejé llevar de nuevo por su olor hipnótico y la comencé a tocar por todas partes mientras ella me pedía que me detuviera. Pero no lo hice.
Sentía que si lo hacía ella se iría y no volvería y yo llevaba mucho tiempo reprimiendo lo que me causaba estar cerca de ella.
La coloque sobre el viejo sofá mientras ella forcejeaba para soltarse.
Luchó con todas sus fuerzas, pero yo era mas fuerte que ella.
Silencie su llanto con mis labios mientras me daba paso dentro de ella.
Ella sólo cerraba los ojos mientras seguía llorando.
Me deje llevar por mis instintos a pesar de saber que estaba mal.
No sabía cuanto me arrepentiría después.
Ella salió corriendo hacia la escuela
Y lo que siguió después...fue sólo el principio.