Anotando mis datos: La desviación en la rutina

1492 Words
Sara La primera sesión de interacción fue solo el principio de la infiltración de Emma en la vida perfectamente codificada de Robert Klaus. Cuando bajé a la cocina para ver mi deliciosa comida me lo encontré husmeando en la puerta del horno. —Cenaremos los dos. Dije de forma solemne, haciendo que diera un brinco. —Auch, quema... —¿Está bien? —¿Y E? —Emma ya está dormida, señor y si quiere saber de ella, solo encienda la tablet. Ya noté que tiene un sistema de cámaras en todas partes– respondí avergonzada, pues me di cuenta tarde de las camaritas por toda la casa. ¡Incluso hasta en el baño! Pero no creo que nos haya visto, porque me miró extrañado como si le hablara de la polinización de las flores por drones milimétricos y por dentro lo agradecí. Me acerqué a él para ver su mano. —Es una quemadura superficial, pero es mejor tratarla. Lo llevé al grifo de la cocina y dejé que el chorro de agua fría calmara su molestia. —Gracias, ya... ya estoy bien. Ver así, vulnerable, a mi jefe, me era realmente extraño, lo que me ratificaba que era humano, no un robot. y hasta me provocaba cierta ternura. —Ya que se siente mejor y aunque me hubiese gustado que Emma estuviera con nosotros, es momento de cenar—Me miró con esos ojos grises esperando alguna orden o un comando y yo sonreí—. Vaya a la mesa, ya llevo el pavo y lo demás. —No... ¿No necesitas ayuda? —Tranquilo, estoy acostumbrada a hacer todo. Solo siéntese. Me obedeció como el niño bueno que era y mientras yo sacaba el pavo del horno lo ví sentarse en la silla y mirar todo como si fuera un mundo nuevo por descubrir. Había ordenado la mesa temprano, mientras Emma dormía su enésima siesta y no solo eso, había rellenado el pavo, cortado las papas y preparado ensaladas simples. Mi idea era que ellos dos interactuaran a través de la comida, pero a mi pequeño error le dio sueñito y cayó en las manos de Morfeo. Llegué con la bandeja a la mesa y él, como todo un caballero, me ayudó y tomó el pavo, fui por las patatas y nos sentamos uno frente al otro. —¿Y qué se hace ahora? —¿Nunca ha celebrado acción de gracias, señor? —La verdad es que no. Nunca he tenido tiempo para eso. Quería indagar, no podía creer que no la celebrara, pero ahí recordé. Mi jefe venía de Suiza y lo más probable es que no celebren esa fecha. —Pues, vamos a agradecer y disfrutar de esta deliciosa comida y de la anomalía que duerme en la habitación. Trocé el pavo, en delgadas porciones y le serví primero, no quise hacer el cliché de que el lo trozara, ya era demasiado lo que lo estaba sacando de su zona de confort, le ofrecí ensaladas y mis deliciosas patatas con eneldo. De la nada se levantó y corrió hacía un costado de la cocina y pensé que se había vuelto a quemar, pero no fue así. De donde mismo había salido la pantalla el otro día se abrió una puerta y de ahí sacó una botella de vino. —Interesante. —Fácil y funcional, como todo lo que necesito en mi vida. Desde ahí comimos en un silencio calmo, a veces me preguntaba cosas de mi vida o qué había hecho antes de entras en Corpus Inc. a las cuales respondía con naturalidad. No tenía nada que esconder. No se en qué momento ya se había acabado la botella, tampoco cuando serví el pastel de manzana que había comprado en Tony's. Menos de cómo llegué a la cama donde dormía Emma feliz. Solo sé que desperté con sus manitas haciéndome suaves caricias. Noa levantamos con mucha energía y comencé con mi segundo día de esta nueva rutina. Ya el primer día había dado sus pequeños frutos. La interacción de esos dos y la cena con mi jefe podían llamarse un pequeño gran exito. Pero había mucho camino que recorrer y poco tiempo. El que más me preocupaba era mi jefe. Yo mantenía la logística del Sistema de Apoyo Funcional en la casa, pero la verdadera batalla se libraba en su oficina y, sobre todo, en su mente. Mi plan era simple: Mantenr la consistencia y así empezaron a pasar los días y ya íbamos a cumplir dos semanas de nuestra interacción con Emma. Mantuvimos la Hora de Interacción a las 5:00 PM todos los días. Inicialmente, Klaus llegaba con la misma rigidez, analizando cada balbuceo y movimiento de Emma como si fueran datos bursátiles. Pero la rutina, esa fuerza que él tanto adoraba, empezó a trabajar en mi favor. Cerca de la tercer día, Klaus cometió el primer error conductual grave. Estaba yo en la cocina revisando la fórmula de Emma, cuando Klaus entró en la sala, con diez minutos de antelación a su horario. No me vio. Se acercó a Ella, que estaba en su corral de alta tecnología con paredes transparentes y figuras que se movian, y se quedó observándola. Emma, al verlo tan cerca, hizo un sonido suave y gordo, como un pequeño cerdo feliz. Klaus, instintivamente, sin la presión de mi mirada, extendió la mano, le acarició la cabeza. Y le sonrió. No fue la sonrisa tensa del primer día. Fue una sonrisa genuina, fugaz, que desapareció en cuanto me oyó salir de la cocina. Se enderezó con un sobresalto, su rostro volviendo a la seriedad. —Sara. No te vi. Lamento la… desviación de la agenda. Necesitaba confirmar los patrones de sueño —se justificó con la prisa de un niño atrapado con las manos en la caja de galletas. —Entiendo, Señor —mentí, sonriendo por dentro. La confirmación del patrón de sueño era una excusa excelente para un poco de afecto paternal no programado. A partir de ahí, los cambios se hicieron más sutiles, pero constantes. * El Lenguaje: Klaus dejó de usar las palabras "variable" y "anomalía". Una mañana, lo escuché en una llamada con su segundo asistente. En lugar de decir: Necesito el informe sobre la Implementación del Proyecto E, dijo: Asegúrate de que haya suficiente fórmula láctea de esa marca cara. E está creciendo. * Los Objetos: La mesa de cristal, antes un santuario del vacío, ahora albergaba un juguete de madera brillante, un objeto de estimulación temprana que Klaus había comprado online. Un día, lo encontré revisando el manual de instrucciones del juguete con más detenimiento que un informe trimestral. * El Contacto: La hora de interacción se convirtió en algo más que una observación mutua. Klaus dejó de arrodillarse rígidamente. Ahora, me ordenaba que le colocara a Emma sobre el pecho. Se sentaba, y la bebé se acurrucaba, escuchando el latido lento y constante de su progenitor. Era un método para calmar a la bebé, que, según Klaus, optimizaba la respuesta parasimpática, pero yo sabía que era simplemente la necesidad de contacto físico. Llegó el quinto día. El aire en la mansión había perdido su esterilidad; ahora olía ligeramente a talco de bebé y, sí, a un toque de leche agria. La perfección de Klaus estaba siendo invadida por la hermosa y pegajosa realidad de la paternidad. El sábado por la tarde, lo encontré en su estudio, revisando gráficos complejos. Me acerqué para darle un reporte sobre un nuevo tipo de pañal. —Sara, mira esto —dijo, sin levantar la vista. Me acerqué a su pantalla. Esperaba ver datos sobre el mercado asiático. En su lugar, había un enorme gráfico de barras. —Es el peso de E. El eje X es el tiempo en días. El eje Y, el peso en gramos. La curva de crecimiento es exponencial. Está muy por encima del percentil 90. Es un… un logro. —Es una bebé sana, Señor —dije, reprimiendo una sonrisa. —Es más que eso. Es la prueba de que el fallo de código está generando un rendimiento óptimo. Me encogí de hombros. —Me alegra que su experimento esté funcionando, Señor. —Y Sara —añadió, finalmente levantando la vista—, el asistente que contrataste para apoyarme me llamó. Necesita un día libre extra la próxima semana. —Le diré que... —No. Dile que no es necesario. Ajustaré mi agenda. Necesito el tiempo de interacción adicional con E y tú puedes ir a la oficina. El plan estaba funcionando a la perfección. La fecha límite de Navidad estaba cerca, y Klaus no solo participaba en el experimento; se había vuelto adicto a los datos que solo Emma podía proporcionarle. El corazón. La risa. La calidez. Estaba a nada de que llegara el momento de que la analista, Sara, presentara su informe final sobre la permanencia de la "variable E". O eso pensaba...
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