Logan fue a saludar a las enfermeras, les llevó café y galletas, conversó y coqueteó con ellas hasta que vio a su esposa con el ceño bastante fruncido, se disculpó con sus amigas y corrió hacia su esposa. —Hola. —¿Hola? —Respondió sorprendida.—¿Sin café, coqueteos o pestañeo? —Quiero una operación gigante. Helicópteros, un choque masivo, quiero sangre. ¿Sabes hace cuánto no estoy a cargo? —Logan, diriges un consultorio de sexo, tu vida es un carnaval—Comentó su primo y les dejó para visitar a sus propios pacientes. —Mientras Dios mata a personas como un favor hacia los médicos de este hospital yo puedo acompañarte a nuestro lugar—Musitó Logan en el oído de su esposa, ambos sonrieron ante la idea. —Tengo que ver a un paciente, luego salgo. —¿Te irás hoy a casa?—preguntó a sombra

