Esa noche fue maravillosa. Después de haber estado juntos una y otra vez, terminaron exhaustos, abrazados en la cama, escuchando cómo los latidos de su corazón se normalizaban poco a poco. Se miraron a los ojos con infinita ternura y fue el momento más sublime para Rose y Thomas. —Fue maravilloso, amor mío. He soñado tanto con este momento que te juro que no cabe en mi pecho la emoción que siento—dijo él abrazándola. Las lágrimas empezaron a caer por el bello rostro de la joven, y el CEO se preocupó, pues no quería causarle ningún sentimiento de tristeza, por el contrario, solo quería provocar en ella absoluta felicidad. — ¿Estás bien?—interrogó preocupado. —Mejor que nunca, Thomas, mis lágrimas son de alegría, y al escucharte hablar así, de una forma tan linda, al ver lo tierno que er

