Los padres de Thomas estaban indignados, no podían creer el comportamiento de su hijo. Se habían esmerado tanto en arreglar aquel compromiso que resultaba tan conveniente para ambas familias, que el solo hecho de pensar que no se pudiese llevar a cabo, definitivamente echaba por la borda todos sus planes. —Vamos a perder la oportunidad de hacer que nuestro imperio se extienda a límites que jamás hubiésemos imaginado solo por la insensatez de tu hijo— gruñó Rufus. —Te recuerdo que también es tu hijo. Muchas veces te dije que no lo presionaras tanto, y ya ves, aquí tienes las consecuencias— refutó Clarisa. —Pero, ¿qué más quiere ese muchacho? Si Aranza es hermosa, la mujer que todo hombre desearía tener a su lado— se preguntó. Clarisa respiró profundo y se quedó pensando por un momento,

