Él la miraba obnubilado, le parecía imposible tenerla entre sus brazos después de tanto tiempo. Aquel instante mágico parecía haberse detenido; era como si los años no hubiesen pasado y ellos siguieran allí, en esa etapa universitaria donde una mirada bastaba para desencadenar emociones internas. Thomas envolvió a Rose en sus brazos masculinos, brindándole una sensación de seguridad que nunca había experimentado con Brendan. Los besos y caricias estaban llenos de pasión, sumergiéndolos en una atmósfera deliciosa. —Por primera vez en mucho tiempo me siento vivo, y todo es gracias a ti— musitó Thomas, lleno de deseo. —A mí me pasa lo mismo — contestó ella con la respiración entrecortada. Mientras sus cuerpos parecían adquirir vida propia, Thomas sintió que era mejor detenerse en ese momen

