7 ¿Té?

1021 Words
El amanecer llegó más pronto de lo que a Angyal le podría gustar, los ligeros toques en la puerta de la habitación hicieron que sus ojos se abrieran, el color dorado reflejaba el sol del amanecer resaltando la curiosa forma de su iris, como si de un cristal de tratara, su estrecha pupila oscura se adapta a la luz tan intensa, Giro su rostro para evitar tener el sol de frente. Llamo su atención el toque en la puerta. —Señorita, buen día. Se asoma tranquilamente una de sus damas de compañía. La fina peliroja de afelinados ojos verdes y finos labios rosados. —Buen día, Edil. Contesta Angyal con los ojos a medio abrir y acomodando su cabello tanto como podía mientras se acomoda mejor en la cama. — ¿que día es?...—Angyal miro a su alrededor un poco, recordando poco a poco el hecho de que no estaba en Köd, que no era el palacio asignado para ella, un suspiro algo pesado salió de sus labios.—Es domingo señorita. ¿prefiere tomar el desayuno aquí o en el comedor con los demás invitados?.—Edil guardo silencio unos segundos mientras desenreda el cabello de Angyal con un cepillo de cerdas blancas.— Si me permite, le aconsejo que vaya al comedor, Su alteza el rey Enrico la está esperando. Una ligera sonrisa aparece en sus labios y parece aceptar el ir al comedor, finalmente prefería pasar un poco más de tiempo con Enrico, lo consideraba una especie de mentor o hermano mucho más mayor. Le quería en cierta manera y apreciaba aprender de él ciertas actividades además de pedirle concejos en cuanto a las mismas. —Tambien está su majestad el rey Golet, creo que luego de tantos años no consiguen llevarse bien. Ríe ligeramente Edil, Angyal solo niega un poco con la cabeza mientras recuerda lo mal que se llevaban Golet y Enrico, fingiendo no aborrecer uno al otro en esos pequeños momentos en los cuales estaba ella presente, tienen muy poco en común, pero, tampoco podía ignorar que Golet era bastante cercano a ella, Conocía mucho del mundo que ella no podría ver con tanta facilidad y libertad, sabía navegar con las estrellas, conocía islas más allá del horizonte, tenía historias que le emocionaba escuchar, era alguien interesante así parecer. A ambos les tiene un gran aprecio. —Supongo que hoy usaré el vestido celeste. Se levanta ya con su cabello bien peinado y junto con edil se encamina al baño, estaba lista para obtener un dolor de espaldas mañanero, suponía que debido a su estatura sería sumamente incómodo estar en una bañera "estándar". Para su sorpresa está parecía ser reemplazada por una hermosa especie de piscina con un ambiente cálido, miro el lugar con intriga y cierta satisfacción además de un profundo alivió. Había un ligero olor a rosas y azucenas en el aire, mientras el agua cristalina dejaba ver el hermoso fondo blanco de la "Gran bañera" hecha para ella. El agua estaba tranquila, pareciendo un cristal su superficie. las demás damas que le servían salieron quedando ella y Edil. —¿Estará hecho adrede este lugar?. pregunta retirando el camisón blanco que suele usar para dormir. —Yo opino que si, señorita. Ya dentro del agua sentía la calidez de esta acariciando su piel, no era desagradable, al contrario, era una temperatura perfecta. —Esta es una magnífica forma de empezar el día. sonríe mientras aparta su cabello empapado de su rostro tras emerger del agua. Tras un agradable baño y alistarse para salir, el tiempo paso, luego de un desayuno un poco incómodo, ya que está no está acostumbrada a convivir con tanta gente y menos que nada tantos nobles. Le pareció interesante ver a Los dos reyes gemelos actuar de forma distinta, tan acostumbrada a ver a sus hermanos Kígyó y Vágott actuar casi exactamente iguales de a momentos, esperaba que los gemelos fueran casi como una sola persona, curiosamente ellos no, pero no negaba que realmente era interesante. Por otro lado había otros que no reconocía, pero sabía que en ocasiones sus miradas estaban en ella, mientras entablaba una pequeña y trivial conversación con Golet y Enrico, quienes no se ponían de acuerdo en que era mejor, si los buñuelos de arroz o los panes con miel. Por su lado Angyal optó por ambos, ya que igualmente le gustaban. Le daba igual el saber que para ser una princesa era algo "Reprochable" el comer cierta cantidad o más que eso, repetir un plato, pero, ¿cómo culparla?, era demasiado alta y con un apetito heredado de su padre, además, los chismes eran algo que jamás le importo, sabía que mejor que ella muchos pero como ella nadie, si hablaban suyo sería envidia, le gustaba pensar que su gran estatura y belleza tan única hacían destacar de todos mundo, ser algo impresionante y nunca antes visto, se enorgullecía de eso y más. El jardín que en algún momento llamo su atención era tan impresionante como pensaba, paseaba con edil por dicho lugar mientras observa todo el espléndido lugar. —En verdad es un jardín muy hermoso, si tuviese más tiempo me sentaría a detallarlo mejor, pero, no quiero volver a Köd y buscar las pinturas que jamás pensé en traer. Debo hacer mejor mi lista de cosas para viajes largos. Suspira frustrada mientras con sus dedos acarician una flor de amplios pétalos que con descaro exhibe sus bellos colores que se vuelven de un rosado pálido a un intenso rojo desde el centro a las puntas de sus grandes pétalos. — Estoy muy segura de que a Viharok le encantaría indagar en esas lindas flores. Rie ligeramente Angyal alejándose dejando a la flor con sus pétalos helados una fina capa de cristales de pálido hielo. Sentía en su espalda la mirada de alguien, pero, no le importaba, ya sabía que le miraría en todo momento. Sonreía internamente por ello, le gusta saber que sin esfuerzo alguno la atención recaer en ella. —Disculpe mi atrevimiento, su alteza, pero, ¿Podría tener el honor de invitarle a tomar el té?.
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