El rey Nicolai Di Triano seguía con una mirada perdida los pasos de la joven Sárkány, quien en las horas que llevaba en el lugar desde el momento de su llegada había sido invitada por varios jóvenes para bailar. Sin embargo, si bien aceptaba parecía indiferente ante este hecho. No le interesaba, parecía solo hacerlo para pasar el tiempo sin estar siempre sentada.
Pero todos notaron que, él rey Istenek logro por unos instante atrapar su atención, era complicado entender que había llegado a hablar en el tiempo que permanecieron bailando esa melodía, le hubiese gustado saberlo para tener una ínfima oportunidad de que alguno de sus hijos varones pudiera ser una opción de interés para Angyal.
Ahora mismo Nagy hermano de Istenek había tomado a Angyal para si, sorprendiendola, no esperaba que fueran gemelos, pero Este obtuvo también la misma reacción de Angyal, logro capturar un poco su interés, una ligera sonrisa en esos labios era seña de que iban por buen camino, quizás ellos saben algo o notaron algo que los demás no.
Nicolai suspiro, quería entender como alguien como Angyal no demuestra interés en el mundo exterior, es bien sabido que Köd es como una cúpula de cristal, nada entra y rara vez algo sale. Quería saber que había dentro de ese reino, ese Imperio oculto con tantas leyendas que impresionan hasta al más grande aventurero, volvió a mirar a Nagy y Angyal, ambos parecían sumidos en esa conversación mientras bailaban, entre los cientos y cientos de nobles presentes, había un puñado con oportunidad de bailar con Angyal, Nicolai sentía la mirada de todos esos, los tenia contados, esas dagas clavadas en el hermoso pavo real blanco que era la princesa de Köd, reyes, emperadores, soberanos de países extranjeros, grandes reinos que buscaban expandir su poder, esa dama era un tesoro invaluable para sus planes, la necesitaban.
A sus ojos Istenek y Nagy debido a su casi imposible estatua podrían ser algo interés para Angyal, quien posiblemente solo habia conocido a su padre como un hombre más alto que ella, y ver otro dos le resulte llamativo, finalmente es una mujer, a tidas les gustan los hombres altos e imponentes.
Siguió con la mirada el salón en silencio.
Tenía que poner en juego alguna pieza para abarcar al menos una pequeña fracción de terreno.
Le hizo señas a uno de sus hijos para que se acercará.
—¿Sucede algo, padre?
Este se ubicó junto al trono de su padre Y se inclinó para escuchar lo que tenía que decirle.
—Leandro, ¿Por qué no has ido a Bailar con alguna de las jóvenes?
El príncipe se preparó para refutar sus palabras, pero cerró la boca de inmediato.
Solo se había entretenido con los dulces.
—¿No hay alguna que te parezca apropiada?
Le interrogó el rey mirando hacia el amplio salón donde había muchas hermosas damas en sus mejores vestidos.
—Padre… ¿Quién es la joven de blanco?.
El rey lo miró algo extrañado por su pregunta.
—es la hija menor de Tüske y la emperatriz Királynő.
Leandro clavó sus ojos en ella, y esa misteriosa actitud de desinterés, no podía ver nada de su rostro más allá de sus ojos debido al abanico. El príncipe iba a decir algo, pero al ver la expresión de molestia de su padre guardo silencio.
—Creo que deberías hacer dos cosas hijo. Primero, dejar de gastar tu tiempo y atención en atragantarte de comida, y luego invitar a bailar a la joven princesa Angyal. Parece estar aburrida de todos los que la han invitado, tal vez le hace falta un acompañante distinto, más… interesante.
Sonrió ampliamente el rey de Datria mientras su hijo menor parecía dispuesto a intentar un “Acercamiento directo” con la princesa. En ese instante Angyal se levantó para acomodar mejor su vestido. Dándole una especie de ventana al príncipe para avanzar, a lo cual tragó con fuerza al verla.
—padre… es demasiado alta.
El rey inhaló profundamente con decepción.
—¿Y crees que eso nos impidió a tu madre y a mi bailar en su debut?
La reina Lizabeth Doste, era una dama hermosa tanto física como emocionalmente, fue amor a primera vista cuando Nicolai vio esos brillantes ojos grises, su largo cabello de un color rojo intenso y esa pálida piel que no poseía ni un solo lunar a la vista, hace ya Doce años que falleció y la ama como el primer día, en su primer baile juntos hacían una pareja algo inusual, ya que Nicolai era más bajo que Lizabeth, la suerte le dio ese día la oportunidad de bailar con una joven más alta que el y con un escote recto en el vestido de color Borgoña, no iba a perder esa oportunidad, su único obstáculo era su mal oído para la música y lo torpe que era bailando, provocando todo que el Príncipe Nicolai fuera recordado hasta el fin de los tiempos como “paso doble”.
—Aun recuerdo la textura de la avena en mi cabello y la hermosa risa de tu madre.
Leandro solo sonrió al ver tan nostálgico a su padre.
—Creo que Sebastián se decidió a ser el primero — Dijo Leandro poniendo la mano en el hombro de su padre y señalando con la mirada a su hermano mayor.
—A veces creo que terminarás obeso Leandro — Alegó seguido de un suspiro frustrado al ver que Sebastián si tubo la iniciativa.
Leandro solo se coloca la mano en su abdomen Algo nervioso, le gustaba bastante “degustar “cualquier cosa comestible, más aun, si son comidas que nunca a probado.
Pero no quería que le dijesen gordo.
Por su parte Angyal se encontraba aburrida de ver solo ese salón y no poder salir a observar más de la capital, no le causaba ningún interés estar allí quería ver un lugar nuevo no tenía pensado quedarse tanto tiempo y perder su oportunidad de encontrar algo interesante estaba siendo arruinada por esta reunión.
Ya que no está bien visto bailar con un mismo compañero dos veces, no podía volver a tomar a ninguno de los reyes así fuera gemelos, esa charla de constelaciones y viajes marítimos se quedaría incompleta con Istenek y la agradable conversación de ajedrez y estrategias ganadoras dónde hizo un perfecto jaque a Nagy jamás sería jaque mate.
—que desperdicio… Sería agradable encontrar alguien con quién hablar.— Susurró mientras sus labios estaban ocultos tras el abanico.
Escuchó que se aclaraban la garganta, miró a su costado.
Sus ojos se encontraron con la mirada gris de el hombre que llamo su atención. De la misma manera que otros diez lo hicieron.
—Disculpe señorita, ¿Le molesto si le hago una pregunta?, Aparte de está, claro.
Angyal lo miró a los ojos y bajó el abanico cerrándolo en el acto.
—¿Qué es lo que desea saber, su alteza?
—¿Sería tan amable de ir conmigo a los jardines? Sería un completo honor.
Ella lo miró con la misma frialdad que a todos, pero, internamente se encontraba bastante confundida.
Por una parte, quería irse y ver qué demonios había afuera, apenas y pudo ver el exterior del lugar y le pareció lindo. Pero no tenía idea de lo que quería él, sabía quién era, y no se molestaría en dar explicaciones si le apetecía irse si la situación se tornaba incómoda o extraña, pero, era mucho mejor esa oportunidad de salir de ese sofocante lugar.
El pianista la tenía harta con esa melodía tan aburrida.
—Si eso es lo que desea, puedo darle ese privilegio.
Sin duda lo era.
Sebastián sonrió ampliamente y apenas ella se levantó quedaron cara a cara, este sintió el frío de su presencia.
Es tan fría como hermosa.
Tenían la misma estatura, podía con eso.
La sonrisa en los labios de Sebastián hacía arder en rabia a otros que tenían la intención de acercarse a Angyal.
Entre esos estaban los hermanos menores del rey de Sollestri, el hermanastro mayor del Gobernante de Osterta, los Reyes gemelos de Helvete, El hijo único de los reyes de la islas del mar de Nisia y el recientemente ascendido al trono de Eredet el único varón del Xalara que falleció recientemente; Todos ellos con intenciones meramente a conveniencia de poder, estaban bastante interesados en saber, que era lo que había tras las montañas nevadas de Köd.
Si las leyendas eran ciertas, entonces estaba garantizado el poder absoluto a quien llegará al trono de Köd junto a Angyal.
En los amplios jardines del castillo Sebastián encontró una pequeña abertura para entablar una conversación con Angyal.
Parece que no eran las flores lo que llamo su atención al llegar.
—¿Y cómo es que funciona?
Preguntó Sebastián con genuino interés.
—Si la mujer tiene mayor rango que el marido o una estirpe puro el apellido predominante es el de ella, si es al contrario predomina el del marido. Es simple.
Angyal lucía interesada en ese recorrido por el Castillo.
Siguen caminando por el amplio jardín hasta los campos de entrenamiento.
—¿Y en daría como lo hacen?
—Es bastante simple, el apellido del hombre siempre va primero. — pasan de largo de la entrada, los ojos de Angyal se clavan en esa entrada, dónde se encuentran unos cuantos siguiendo órdenes de alguien más. —¿Sucede algo?
Sebastián también dirigió su mirada ala entrada.
Se encontró con los ojos verdes de su hermano mayor.
—Buenas noches.
Sebastián y Angyal hicieron una reverencia.
—Buenas noches…— Sebastián sonrió. —hermano, ella es la princesa Angyal Sárkány, hija de la emperatriz Királynő y el emperador Tüske—se dirigió a Angyal. — el es mi hermano mayor, Nicolai octavo.
A pesar de no tener el mejor de los aspectos en esa ocasión, eso no evito que se presentará de una forma educada.
—Un placer conocerla su alteza, disculpe si no estoy en un estado adecuado en su presencia, me temo que no esperaba visitas.
Si bien los tres estaban en un rango igual, Angyal seguía siendo, a ojos de ambos, mucho más importante debido a la “rareza” de su origen.
Ella correspondió a la reverencia.
—No sé preocupe. Son cosas que pasan — Dijo con calma y simpleza.
—He escuchado que el emperador es un formidable general, muchos lo reconocen como el mejor guerrero en la existencia.
En toda la noche nadie había logrado hacer que Angyal mostrará interés.
Ella por fin mostró algo más en su mirada que el inmenso desinterés de toda esa noche.
Parece que eso tocó su lado orgulloso.
—Lo es, pero, eso es de esperarse.
Nicolai octavo acabó robando a la acompañante de su hermano, pues aprovechó la situación para indagar más en sus gustos.
—¿Y su padre está de acuerdo con sus gustos?
Les resultó extraño que una joven de su edad y rango tuviera interés en las artes de la guerra y pelea cuerpo a cuerpo.
—No es en sí el interés o el gusto, es la costumbre, el deber y la necesidad.
Necesidad, una palabra que no encajaba.
—Disculpe, pero ¿a qué se refiere con Necesidad? — Preguntó Sebastián.
—Hay algo que nadie puede vencer y es el tiempo, por muy fuertes que sean los que estén para protegerme, no siempre se está completamente preparado para todo, no puedo ni debo estar a Merced de lo que puedan hacer los demás por mi, y preferiría que, si voy a caer sea luego de pelear. Y hacerlo bajo mis propias normas, No me apetece ser una víctima. Es una forma deshonrosa de perder o caer en batalla.
Ambos estaban extrañados por su forma de pensar pero igual bastante interesados e intrigados.
—¿entonces le parece correcto involucrarse en actividades de un entrenamiento meramente masculino?.
—¿meramente masculino?...—Pareció pensarlo unos segundos.—Bueno, en Köd es bastante común encontrar mujeres dentro de dichas actividades, también en el ejército o en las tropas Navales.
Ambos príncipes miraban a la nada pensando en cómo era es posible.
Nunca habían visto a una mujer en algo así, la primera fue Angyal, quien con su sola presencia ya había pensar bien que hacer, pero, mujeres en un ejército... No conseguían capturar dicha imagen.
Era un extraño pensamiento.
—Disculpe mi atrevimiento pero, ¿tiene alguna especialidad o preferencia en cuanto a esto?, ya sabe, ataque, defensa, quizás la magia o a distancia como un arquero.
Pregunta Nicolai, quien quería explotar un poco ese punto de interés de Angyal, captar su mirada era importante para empezar una relación así sea de "amigos" o como mínimo algo positivo.
—La magia es mi fuerte.