Los murmullos entre los invitados eran opacados por la música del lugar, todos esperaban con ansias el debut en la alta sociedad de una cantidad considerable de “nuevas joyas”, aunque, ya juzgarían quién era una joya real y quién era solo una piedra bonita.
Se habló durante gran parte de la noche sobre el debut de la hija de la emperatriz Királynő y El emperador Tüske, cosa que sorprendió a todos aquellos a cuyos oídos habría llegado tal noticia. En todos los siglos en que se conoce la existencia del imperio de Köd, nunca se había visto que tuvieran intenciones de socializar o entablar relaciones con algún otro reino. Eran un gran misterio, pocas cosas se conocían más allá de que Tüske y sus hijos eran conquistadores de tierras invencibles, que el imperio era impenetrable, de la emperatriz no se sabía demasiado tampoco, solo que era alguien de un temperamento inamovible y de un corazón frio cual ventisca, además se sabía que el padre dragón habitaba bajo el Reino en las cavernas de cristal, inclusive se sabía que tenían cinco , pero, más allá de esos pocos datos, el resto de las historias no eran más que meras suposiciones mitos, rumores y algunas leyendas más antiguas que los emperadores actuales.
Pero, no solo se esperaba a la familia real de Köd, la antítesis perfecta del imperio gélido era el reino de Helvete, un lugar de clima cálido, bastante caluroso en general, pero, era el lugar que todo mundo quería visitar, y era relativamente fácil, un lugar de hermosas costas y verdes prados, amplios valles y perfectas vistas a las grandes montañas colmadas de flores; su centro de atracción era principalmente la capital Amartia y con esa hermosa ciudad de tentaciones de toda clase estaban los reyes. Si, su curiosamente interesante modo de gobierno cayó en unos hermanos gemelos, y de volvió algo único, ya que (como era de conocimiento público) la profecía del nacimiento del rey era durante el eclipse perfecto, dónde en ese perfecto instante en que los tres astros se alineaban nacería el primogénito, en este caso, a segundos de haber empezado nació uno y A pocos segundos de acabar, nació el segundo. Demostraron ser competentes en conjunto y ya que no había más hijos varones se entregó El Reino a ellos. Eran verdaderos encantos y, el hecho de que estuvieran presentes era noticia ya que estaban en edad casadera, muchas jóvenes debutantes estaban en una lucha campal para llamar su atención tan pronto como llegaran, al igual que muchos jóvenes y hombres en edad de casarse estaban con la mira puesta en el debut de la hija del hielo, querían saber cómo era, cuál era su nombre, su edad, que había en ese estirpe imperial que los hacía alejarse de todo, solo se conocían cinco reinos con dragones en su linaje y Köd era uno, quien lograr conquistar a la princesa tendría el poder de doblegar a todos a su paso o al menos eso es lo que se espera. ¿Qué escondía tras aquel abanico dorado que cubría todos sus misterios?.
La música se atenuó y las puertas principales de abrieron, los ojos se clavaron en los presentes mientras eran anunciados sus nombres, rangos y lugar de orígen.
Para nadie fue sorpresa que los reyes de Helvete llegarán de primeros, opacando a todos con su orgulloso atractivo. Calentando el lugar con sus miradas y provocando que los suspiros no se hicieran esperar.
— Han llegado los reyes de Helvete, su alteza Nagy kísértés y lord Istenek kísértés.
Era de esperarse que opacaran a todos los demás, quienes pasaron sin mayor vista ante la presencia de ambos, quienes entre las charlas observaban en silencio todo aquel que era presentado, además de analizar a las debutantes de distintos reinos, tenían bastante de donde escoger, pero, no acababan de estar de acuerdo en nada, necesitaban una que encajara perfectamente en los estándares y planes que tenían de ante mano.
Pero no eran los únicos que tenían problemas para elegir una mujer a quien coronar, había tres grandes naciones más buscando una reina ideal.
¬—Su majestad la emperatriz Királynő Sárkány y el emperador Tüske Neobosit, gobernantes del imperio de Köd.-Los ojos estaban fijos en ellos, expectantes. El joven que los presentaba parecía completamente inmerso, mirando a quien venía tras ellos. En silencio. Respiró hondo mientras el frio le hizo volver a la realidad. — y Lady Angyal Sárkány Neobosit, Princesa de Köd.
El silencio en la sala fue remplazada con murmullos, la familia imperial estaba preparada para eso. No le daban mayor importancia, no era su objetivo principal.
La música volvió a recuperar un volumen agradable y con una tonada más animada mientras se servía la ronda de los dulces, el ambiente no bajaba su incomodidad en lo absoluto mientras los ojos de todos estaban en la presencia de la princesa que se ocultaba tras un abanico dorado, no solo eso llamaba la atención, tampoco podían dejar pasar el vestido de color blanco con bordados en un intenso color rojo, el cuello del vestido era alto y las mangas llegaban hasta sus codos, mientras sus manos eran cubiertas por unos finos guantes del mismo color blanco, la joyería que portaba era de admirarse, era un simple sueños para muchos, su larga melena de color blanco y de apariencia sedosa. Si bien eso llamaba mucho la atención ya que era evidente el contraste de el color de su cabello con el de su piel color dorado, tampoco fue eso lo que los hizo quedar sin aliento y luego murmurar entre ellos. Lo que provocó aquellos murmullos era que se parecía a su padre, tampoco sus profundos ojos amarillos con una fina pupila oscura, esos ojos de reptil o felino, con una mirada que te congelaba al mismo tiempo que te apuñalaba vilmente con su desinterés, eso si bien los tomo por sorpresa, a diferencia de otras y otros debutantes no había ni un ápice de interés, emoción o brillo en sus ojos, eran como el vidrio, pero, tampoco fue algo completamente sorprendente, algunos reyes; emisarios y gobernantes de otras naciones se lo pudieron llegar a imaginar debido a la apatía de Tüske en reuniones donde era requerida su presencia, para asuntos de estado, lo que era algo fuera de lugar, era su gran estatura, superaba a la promedio de una mujer, era más alta que la emperatriz y el borde de su cabeza, sin la tiara y el peinado que llevaba, llegaba al hombro del emperador, quien superaba a la mayoría de los machos de muchas razas con 2.7 metros de estatura. Era bastante alta y eso, era muy extraño en una joven de su edad.
Los tres se presentaron ante el rey de Datria, en cuyo reino, al ser básicamente un punto de fácil acceso para otros por diversas razones geográficas, era sencillo reunir a distintos nobles para presentar a sus hijos en la alta cuna de la sociedad, además de cumplir con la vieja tradición sin ningún problema.
El rey y los príncipes notaron la frialdad de la princesa Angyal, quien, no tenia evidentemente algún interés en estar allí y solo cumplía su papel, era raro para ellos que alguien que jamás salió a ningún lugar demuestre tanta apatía, pero, era bastante cortes y educada. No podían decir mucho ya que no estaba haciendo nada incorrecto. Muchos debutantes estaban decididos a causarle una buena impresión a todas las damas presentes, incluyéndola como algo esencial. Tanto los príncipes de Datria como otros nobles de alto rango, con conocimiento, si bien algo limitado sobre el imperio de Köd, conocían lo importante que podría ser el atraer la atención de la princesa.
—Su alteza, disculpe mi atrevimiento, pero, ¿podría concederme el hijos de bailar esta pieza?.
Angyal levantó la mirada de encontrándose con un vibrante color Naranja en unos ojos de oscuras pestañas, la amplia y amable sonrisa en los fino labios del hombre a su lado le llamo inmediatamente la atención, no por la sonrisa en si, sino por la hermosa y brillante mirada de un extraño color, era cálida.
Por su parte Istenek, ofreció su mano para que ella decidiera si bailar o no con él.
Por su parte ella estaba lo suficientemente aburrida como para aceptar.
Istenek noto la parte interna del abanico, el color oscuro con unos diseños que brillaban, pareciendo un trozo de cielo nocturno que vivía tras ese abanico.
Ella lo cerro de inmediato sacando al rey de su trances.
dejo su abanico en la silla donde estaba y tomo la mano del rey.
Los fríos dedos de Angyal sorprendieron a la pálida piel de Istenek quien era un hombre de climas cálidos, incluso áridos, pero, no sabía como alguien podía ser tan gélido.