*Editado
Había logrado convencer a los doctores de darme el alta, dentro de lo que cabía me sentía bien, aunque ya no era el mismo hombre atlético y fuerte de antes, el coma había hecho estragos con mi cuerpo y lo había debilitado al punto de que hasta bañarme me costaba un gran trabajo. Luego de haber despertado, había estado casi una semana sin poder hablar, apenas y podía comer cosas líquidas y pasarlo a través de mi garganta me requería un esfuerzo inimaginable. Las cosas que hacía tan cotidianamente como respirar o comer me dejaban sumamente agotado y me llegaba a sentir como un muñeco de trapo.
Mi madre había tenido que bañarme los primeros días, ya que me daba vergüenza con las enfermeras. No dejaba que se me acercaran a menos que fuera para hacerme los análisis de rutina para ver que mi cuerpo respondiera bien al medicamento. De ahí en fuera, era mi madre la que se encargaba de alimentarme, vestirme, bañarme, peinarme. Volvía a sentirme como si fuera un niño pequeño que dependía totalmente de la mujer que me había traído al mundo. Mi padre aun no me dirigía la palabra, estaba reacio a darme la oportunidad de que explicar porqué había hecho lo que había hecho. Se negaba a escucharme y me sentía profundamente herido porque sentía que no le importaba, aunque viniera a verme, sentía que lo hacía más por compromiso, que por amor a su hijo. Mi madre me había dicho muchas veces que le tuviera paciencia, pero empezaba a cansarme de la situación y si seguíamos así, la relación que teníamos de padre e hijo se iba a terminar de romper.
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Mi cuerpo aun no se recuperaba del todo, llevaba un mes fuera del hospital, pero aun sentía cierta debilidad al hacer las cosas. Manejar me requería un esfuerzo sobre humano y caminar me dejaba fatigado a los cinco minutos. Jerry me estaba ayudando con algunos entrenamientos de resistencia que hacían en la policía e iba funcionando poco a poco, pero mi cuerpo estaba resentido y en las noches los dolores eran insoportables. Había tenido que acostumbrarme a tomar baños de agua tibia cada noche para poder dormir más o menos bien. Había bajado mucho de peso y me sentía enclenque al lado de los agentes con los que entrenaba. Me había reducido a un cuerpo de un adolescente de quince años de nuevo y volver a ponerme en forma me estaba costando horrores.
- Hey Sam.
- Jerry, ¿qué pasa?
- Tenemos noticias de las chicas, ya es confirmado que están en Uribia.
- ¿Qué? ¿Cómo lo sabes?
- Los agentes que tenemos allá las vieron. Parece que tu chica está saliendo con alguien más.
- ¿De qué hablas? - Empecé a sentir que la sangre me hervía.
- La vieron irse con un tipo en una camioneta, los siguieron hasta las afueras, pero les perdieron el rastro. Suponemos que se están quedando en una de las casas que hay por ahí, pero es una zona exclusiva, no se puede ingresar sin la autorización de alguno de los dueños.
- Pero ¿por qué dices que está con otro hombre?
- Los vieron irse juntos, él la tomó por la mano.
- ¿Y eso qué? Victoria no estaría con otro hombre tan pronto.
- Bueno, bueno. - Levantó las manos en señal de defensa. - Calma tigre, yo solo te estoy informando lo que me dijeron.
- Es una estupidez, ¿por qué hacen esas suposiciones?
- Lo escucharon presentarse como su novio. - En ese momento sentí como si un balde de agua fría me hubiera caído encima.
- ¿Estás seguro?
- Eso es lo que dijeron, no lo sé. - Sentí mareo y me senté en una de las sillas que había en la oficina de Jerry. - ¿Estás bien? - Negué con la cabeza y coloqué una de mis manos sobre mi rostro. ¿Victoria me había olvidado? ¿Tan pronto me había dejado atrás? - Oye, tranquilo. Solo son suposiciones, no lo tomes como una verdad.
- ¿Y Julieta?
- Está en la misma boutique que nos dijeron la última vez. Ha estado allí toda la semana, no ha tenido un solo día libre. Pero la tienen custodiada, mis agentes no han podido acercarse a ella.
- ¿Y Victoria?
- No hemos podido detectar ningún guardia a su alrededor.
- ¿Y el chico?
- No sabemos de dónde salió. Solo ha estado junto a ella esa noche, desconocíamos que tenía una relación.
- ¿Y si él es su guardia?
- ¿Tú crees?
- Piénsalo, ¿de dónde salió esa noche? Nunca antes lo habían visto con ella, no tenían en el radar a ese hombre hasta esa noche. - Esperaba que mis suposiciones fueran ciertas, no me cabía en la cabeza que ella hubiera encontrado a alguien más.
- Pero por lo que dijeron no se vista como los guardias de Julieta. El chico se viste muy casual.
- Pues si están en el campus de la universidad no va a andar en traje y con lentes de sol, sería sospechoso. Tal vez está como infiltrado.
- ¿De dónde sabes tanto Samuel? Parece que tú fueras el detective aquí. - Levanté los hombros como restándole importancia.
- Las series ayudan. - Jerry sonrió y empezó a negar con la cabeza.
- El caso es que las chicas están en Uribia, ya está más que confirmado. La cosa es saber ahora dónde se están quedando y si Ramón está con ellas, no podemos permitir que ese malnacido se nos vuelva a escapar.
- Entonces vámonos ya para allá, ellas están en un peligro constante y nosotros no estamos haciendo nada aquí sentados.
- No es tan sencillo Samuel.
- ¿Por qué no?
- Debemos pedir un permiso especial para poder actuar en Uribia, mis hombres están allá de incógnitos, ningún agente sabe que ellos están allá realizando un trabajo de espionaje y si se enteraran podríamos meternos en un problema grande. Además, tú no eres de la fuerza, decir que metimos a un civil en una investigación policial es meternos en un peo aun más grande.
- ¿Pero qué tiene de malo? Yo he sido su informante, les dije nombres, lugares en los que se entregaba la droga, todo lo que sabía.
- Sí Samuel, pero eres solo eso o solo deberías actuar como informante, no meterte en la investigación. Lo permití porque has sido de gran ayuda y mal que bien sabes manejar una situación de estrés y trabajar bajo presión, pero eso es aquí en Lourdes, ya en Uribia es otra cosa.
- Por lo menos déjame ir con ustedes, así no pueda actuar.
- Veré qué puedo hacer. - Salí de la comisaría en camino hacia la biblioteca. A pesar de no hablar con mi padre, aun le ayudaba con la administración. Sofía había renunciado y sin la presencia de Victoria las cosas eran más complicadas. No habíamos podido encontrarle un remplazo y mi padre tampoco quería quitarle ese lugar, estaba seguro de que ella volvería y quería que encontrara su puesto vacío como ella lo había dejado.