CAPÍTULO 1
Era tarde, una tarde coloreada de naranja por los árboles y la puesta de sol con tonos rojizos y marrones en el cielo y en el suelo, caminaba despacio después de un dia común en la preparatoria, bajé aquella colina sobrepoblada observando detenidamente las hojas de los árboles caer lentamente, sintiendo el aire cálido de inicios de Otoño y escuchando el crujido que producían mis suelas a cada paso que daba, al pisar con lentitud las hojas que días antes ya se habían desprendido de sus correspondientes ramas.
Seguía caminando, las calles estaban casi vacías, no había gente, no habian carros, ni siquiera habían animalitos, es decir, ni perros, ni gatos, ni se oia a las aves cantar, todo estaba tranquilo. Aquel día, la ultima clase fue la de deporte, y en esta escuela, el profesor se lo tomaba muy en serio, así que nos ponía a hacer lo que el título de su materia indicaba... Deporte. Yo no suelo ser alguien de mucha actividad, llevo una vida tranquila, con los oídos tapados con audífonos, mis ojos cubiertos con mis lentes de lectura, y mi nariz metida en los libros y algunas veces en los PDF que encontraba; así que cada que tocaba esta clase, acababa muerta. Cuando llegué al primer parque que se cruzaba en mi camino, me senté un rato en los columpios, quería meserme, pero ni para eso tenía ganas, me sentía tranquila sólo estando ahí, observando las ramas de los árboles moverse con el aire, saqué una manzana de mi mochila y al terminarla me limpié las comisuras con papel, guardé el corazón de la manzana entre el papel utilizado, y lo metí en la mochila para continuar luego el camino, a continuación vi pasar a unos niños de aproximadamente 9 o 10 años, uniformados y con mochilas en sus espaldas, por ello asumí que ya eran más de las 6:00PM pues esa era la hora de salida de las primarias, en su turno vespertino.
– ¡Las 6 de la tarde! ¡Ay, no! ¡Me van a regañar horrible! – me dije preocupada, luego me calmé pues la culpa la tenía el profesor, no yo. –¡Ok, aún puedo tardar un poco más! —
Luego de mis 5 minutos de pánico, continué con mi camino y llegué al segundo y último parque del camino, justo a poco más de una cuadra de casa, el parque tiene un cuadro de fuentes, rodeado por pequeñas montañas cubiertas de césped y adornadas con algunas flores, subí a una de esas pequeñas montañas y me recosté un rato, ese fue el mejor momento del día, a mi cara llegaba una suave brisa que se producia por el viento que chocaba con el agua de las fuentes, las hojas seguían cayendo lentamente, pero ahora el cielo se veia un poco más morado, me quedé ahí comtemplando el paisaje como por 30 minutos más o menos, luego me senté, estiré mis brazos lo más que pude, como queriendo alcanzar el cielo, me levanté y ahora si apresuré los últimos pasos para llegar a casa, ahora si sentía un hueco en la barriga, que más bien era como un agujero n***o del espacio sideral, que hacía ruidos muy extraños.
Saqué las llaves de uno de mis bolsillos del pantalón de mezclilla que llevaba puesto, abrí la reja, luego la puerta de la casa y al fin entré a lavarme las manos y la cara para poder ir por algo de comer en la cocina.
— Espero encontrar aún, algo de comida preparada — me dije a mí misma, en voz alta.
Pero antes debía avisar que había regresado.
— ¡Tíaaaa, he vuelto de la escuela! — grité a todo pulmón, pues no quería subir las escaleras, moría de hambre. Nadie respondió lo cual se me hizo extraño, pero no le tomé importancia, seguro mi tía habia salido y mis primos aún no regresaban.
Abrí el refrigerador y saqué el traste con la sopa que preparamos el dia anterior, y también revisé dos Tupper para ver que había, en una dejaron pollo con vegetales, tipo a la jardinera, y en la otra dejaron chilaquiles, así que me decidí por los deliciosos chilaquiles, calenté mi comida, y me preparé para comer.
Una hora más tarde aproximadamente, ya me encontraba haciendo tarea, y escuché la puerta de la sala cerrarse, saludé y mi tía me respondió el saludo, me dijo que había salido a casa de una amiga, asentí y continué con mi tarea, ella se fue a su habitación a ver las noticias del día.
Ya eran las 10 de la noche, había terminado las tareas y bajamos a cenar, luego regresé a mi habitación y no podía dejar de pensar en él, ese chico era el amor de mi vida, o al menos eso creía, él era un chico aparentemente serio, siempre se veía así dentro del salón, sólo cursaba dos clases con el, que eran las materias de elección, pero siempre que debíamos tener contacto me ponía los nervios de punta, el chico tiene una voz única, entre seca y sensual, y una mirada penetrante hasta los huesos, sus ojos grisáceos y brillantes, pequeños, hermosos... Su cabello n***o y su tez blanca, su mandibula era cuadrada, angulosa y muy bien definida, lo que lo hacía lucir aún más atractivo, sus labios eran carnosos pero pequeños, con un tono rojizo natural, él es delgado, alto, como de 1.80 metros, su olor ¡Dios mío, su olor! Usaba la fragancia perfecta, en pocas palabras podía decir que era el chico perfecto, además tenia una personalidad un tanto introvertida y en cuanto a la escuela, era muy responsable.
En todo el semestre hemos hablado muy poco, realmente solo para trabajos de equipo, yo me juntaba con mis amigos, o más bien con los compañeros con los que mejor me llevaba, o en todo caso, con los que estaban más cerca, pero él... Siempre hacía eso que tanto me desconcertaba, quitaba la mochila de alguna banca cercana a mí, pedía que le hicieramos espacio y se sentaba cerca de mí, eso me ponía aún más nerviosa de lo normal, pero pensaba que quizá otra de las personas que siempre se juntaban, le agradaba o algo parecido, así que no me dejaba influenciar por ese pensamiento, pues si me quedaba encerrada en ello, no terminaría nada del trabajo, que por cierto, siempre me tocaba a mi repartir, por alguna razón todos decían que yo designaba y distribuía bien las obligaciones que a cada quien le tocarían, y a mi no me molestaba, me gusta que las cosas salgan bien y sean parejas.
En fin, yo a veces lo miraba, me gustaba pensar que cuando él miraba en mi dirección, era porque me miraba a mí, pero igual no me hacía ilusiones.
Transcurría ese semestre, que por cierto era el penúltimo de la preparatoria, a veces lo miraba platicar con otros chicos, aunque casi siempre se quedaba dentro del aula, a veces sólo iba a la cafetería por algo para beber, y bueno, cuando me di cuenta de lo mucho que le ponía atención a Bruno, me sentí acosadora, así que traté de aterrizar, y pensé que quizás el ni siquiera me ponía atención, y que tal vez en el fondo yo era como un fantasma para él, así que me propuse firmemente tratar de... ¿Superarlo? O como sea que se le pueda decir a eso de ignorar a una persona que te ignora, de hecho.
Luego de eso, me dirigí al baño, necesitaba una ducha caliente para el cansancio corporal, y también para despejar un poco mi mente, dejar de pensar en Bruno y comenzar a pensar en otras cosas, a mi tía le estaba yendo un poco mal en el trabajo, en la cena me contó que en su oficina estaban despidiendo al personal, pues las épocas iban en decadencia, ella era una administradora en una empresa textil dedicada también a la moda, su jefe se aparecía poco pero ese no era problema, simplemente los costos de todo comenzaron a elevarse, por lo que la gente dejaba de comprar, así que si ella perdía el empleo o en el mejor de casos le reducían el sueldo, yo tendría que conseguir un empleo, ya que sus hijos no saben hacer nada, o mejor dicho, no les gusta hacer nada, y a mi me toca ayudar pues mi tía me acogió desde que mamá se desentendio de mí.
Salí del baño, sequé mi cabello con la toalla, me unté crema corporal y facial, me metí la pijama, me arropé y poco a poco fui conciliando el sueño.
—Mañana será otro día— me dije como tratando de darme ánimos a mi misma.