Ya habían tomado nuestra orden, mi tía pidió un vino tinto para celebrar, y en cuanto el mesero lo trajo a la mesa, ella nos dio un sermon de motivación y superación personal para después mencionar lo siguiente:
— Pues bien, hijos, como sabrán, la empresa en la que trabajo estaba viniendose abajo, entonces en mi papel de Administradora creativa — dijo riendo — armé un plan de trabajo y una estrategia para convencer a otras empresas y que de esa manera los costos de la materia y la maquinaria fueran más accesibles o que, en todo caso, se firmaran convenios para pagar en fechas más lejanas a las acordadas anteriormente, y... ¿Qué creen? —
— Todo salió bien ma, ¿Si no por qué estaríamos aquí? — dijo sonriendo Robert como nunca lo había visto sonreír.
— Más que bien, cariño — gritó emocinada mi tía.
— Me da mucho gusto, ma — le dije con la misma emoción.
— Pero eso no es todo, mis amores — dijo con un tono místico en su voz.
— ¿Aún hay más, mami? — dijo Ian con mucho cariño.
— Pues verán, los dueños de la empresa, que no solian pasarse por ahí regularmente, estuvieron presentes en la junta en la cual mostre las estrategias, a ellos les encantó y ahora soy la Gerente General de la empresa y Representante Oficial del consejo a nivel Nacional ¿Pueden creerlo? — gritó aún con más euforia.
Mi tía estaba tan emocionada, que las lagrimas de felicidad y su sonrisa gigante no podían ocultarse.
Los 4 en la mesa nos levantamos para envolverla en un abrazo, todo aquello significaba que no tendría que buscar trabajo, pero no sé qué más podría implicar, lo que fuera no importaba, estaba feliz de que ella al fin hubiera logrado su sueño de ser alguien muy importante dentro de ésta empresa que tanto le gustaba.
Después del afectuoso abrazo, nos sentamos, brindamos y cenamos. Fue una noche muy linda, y el brillo en la mirada de mi tía fue algo que dejé capturado en una hernosa foto familiar, sin emvargo, al volver a casa, mi pensamiento acerca de Charlie me dejó algo preocupada, pero al día siguiente hablaría con él para saber qué eataba pasando.
Al día siguiente no supe qué decirle a Charlie, él se portaba algo distante, quizás distraído, por su parte Bruno me saludó muy amable en la entrada de la preparatoria, en cuanto se dio la oportunidad, me acerqué a Charle, le di un choolate que había comprado para él antes de iniciar las clases, entonces le pregunté que era lo que pasaba, él me respondió que nada había pasado, que todo estaba bien.
—Ya en serio ¿Qué te pasa? ¿Por qué te fuiste así ayer? Me preocupe muchisimo — dije tratando de comprender qué era lo que le ocurría a mi mejor amigo.
— En serio Moon, no es nada — él me miró fijamente, puso una sonrisa un poco chueca sobre sus labios, lo más parecido a una mueca y me miró con ojos que mostraban algo de tristeza.
Entonces lo convencí de ir a la cafetería por un café y algo para comer, ya que el día era inusualmente frío, él accedió, casi no articulaba palabra alguna, pero al llegar a la cafeteria y formarnos en una fila un poco larga y mientras yo me quedaba mirando un punto en el vacío que me hacía parecer como perdida en el espacio, lo cual era muy común que me pasara, de pronto sentí unos brazos rodeándome por encima de la mochila y una cabeza apoyada en mi nuca.
Luego escuché un susurro detras de mí —Te adoro Moon, no lo olvides jamás — Charle suspiró y sentí unos nervios que no eran normales, me giré para mirarle a la cara, él fijó sus ojos en los míos y luego volvió a abrazarme, sentí una paz enorne, nunca me había abrazado de esa manera, y sentí una llama dentro de mi corazón que hacia a mi sangre arder. ¿Qué estaba ocurriendo?
Durante la comida todo volvió a la normalidad, Charlie había vuelto a la vida, ya no se le veía cara de zombie o de anémico, lo cual era muy bueno pues éste niño comenzaba a preocuparme. Comimos, hicimos chistes, también adelantanos unas tareas y después apareció Bruno a un lado de la mesa:
— Moon, Charlie ¿Interrumpo? — preguntó Bruno con cortesía, al parecer no queria comer solo.
— Claro que no ¡Siéntate! — dije yo algo nerviosa. Siempre me ponía nerviosa cuando Bruno se acercaba.
— Moon, tengo que ir rápido a la biblioteca por algo para la tarea — dijo Charlie un poco serio, pero supuse que era para evitar distraerse.
— Esta bien Charlie, aquí te espero —
— No Moon, te veo en clase —
— De... Acuerdo, allá te veo entonces Charlie — dije un poco confundida.
Bruno me miró y me preguntó si todo estaba bien con él, le conté todo lo que habia ocurrido el día anterior con Charlie y el también se puso algo serio.
Yo no sabía qué les estaba pasando a los hombres en estos días. Acabó el descanso o más bien las horas sin clase y regresamos al salón, Charlie ya estaba en su lugar y me senté volteando a verlo para preguntarle si había encontrado lo que buscaba, me dijo que sí sin voltear a mirarme y no me quedó más que acomodarme bien en mi asiento, pues la maestra ya había llegado.
El resto de las clases ocurrieron normalmente, al finalizar el día Bruno me preguntó si el jueves podíamos ir por ese helado que le había prometido compartir con él y le dije que sí, aunque se me hizo bastante curioso que dijera que el jueves, ya que la mayoría de nuestros compañeros hacian sus planes en viernes.
Charlie y yo fuimos los últimos que quedábamos en el salón, entonces Charlie me llamó y yo me acerqué pues yo ya estaba más cerca de la puerta que de él.
—¿Qué pasa Charlie, todo bien? — le dije curiosa.
Él me miró nuevamente de la manera que lo había hecho en la fila de la cafetería, pero esta vez se levantó lentamente de su pupitre, sin separar su mirada de la mía, él me tomó de los hombros, yo sentí cómo se subía la sangre a mis mejillas, no supe qué decir ni qué hacer, él se me acercó mucho hasta que nuestros labios se rozaron un poco, fue algo muy rápido pero mi corazón iba a mil por segundo y no entendía qué me estaba pasando ni por qué él habia hecho eso.
Luego del rápido beso, Charlie me jaló un poco para poder quedar abrazados, fue el abrazo más largo del mundo, entonces volvió a susurrar.
— Nunca te alejes, Moon, te lo ruego —
El sólo escuchar su voz entre triste y sofocada me hizo sentir una explosión de emociones que no sabía que una persona podía tener dentro, así que comprendí que ese beso había sido un grito de suplica porque no quería que lo dejara sólo, o quizá quería decir o expresar lo mucho que me quería, así que me limite a abrazarlo sin decir nada más al respecto, sólo acariciando su cabello.
Después de un rato largo ahí, a solas con Charlie, nos movimos para salir del salón y tal parecía que eso había sido como una forma extraña de regresar el mundo a la normalidad.