Escribí mis deberes en el autobús, desde nuestra casa había casi una hora hasta el colegio.
Era uno de los mejores escuelas de la ciudad, una de las pocas en las que nos iba a poder dar becas para universidades, estábamos ahí con becas, costaba mucho mantenerlas pero por suerte de momento las estamos manteniendo sacando buenas notas, eran noches de intensos estudios, largas horas a la noche sin dormir pero iba merecer la pena, totalmente, estaba segura de cuando mis hermanos estuvieran en grandes universidades, quizás nos siguiendo eso que se les daba bien pero cuando estuvieran en ese lugar que todo estaría bien, iba merecer la pena cada noche sin dormir.
Unos minutos antes que las ocho llegamos al instituto, mis hermanos se fueron cada uno por libre, corriendo con sus amigos a donde fuera que quisieran pero iban a pasar un buen día.
—Lara—me gritó alguien que reconocí al segundo, poca gente me estaría gritando por la calle como si nada, pocos amigos tenía yo.
Gemma, mi mejor amiga se acercaba a mi con una enorme sonrisa de ilusión, mi amiga tenía un hermoso pelo castaño rizado y largo, de color n***o que le quedaban perfecto con sus hermosos ojos grises, obviamente mi amiga iba acompañada de su hermoso y fantástico novio Matteo, un joven brasileño que de la misma forma que te sacaba a bailar un tango, te enamoraba con alguno de sus cientos de encantos, me encantaba la pareja que hacían los dos, encima eran mis mejores amigos por lo que para mí, verles feliz era lo más importante.
—Hola mi niña—la salude.
Mi amiga me abrazó con fuerza sacudiendo con fuerza mi cuerpo.
—Los fines de semana sin ti son demasiado—comentó mi amiga.
Me reí.
Este fin de semana había sido complicado, mi hermana se pasó medio mala y el resto me tocó turno doble en la librería.
—Sabes que si quieres verme, puedes venir a la librería—comente.
Me miró.
Mi amiga y yo teníamos grandes diferencias, principalmente yo era una mujer de letras mientras que ella era mucho más de ciencias pero en si eran cosas que pasaban, pero nuestros justos diferentes era quizás lo que más nos unía.
—No tienes que comprar nada—le dije.
Mi amiga me miró.
—No es eso, estoy viendo cuando puedo ir—me dijo y me reí.
Mi amiga se giró a su novio.
—Te llevo cuando quieras—comento el chico antes de que mi amiga dijera nada, está le abrazó con fuerza y beso su mejilla.
Su historia de amor era la que muchos libros hubieran deseado contar, ellos fueron amigos durante muchos años, él era el mejor amigo del hermano de Gemma, pero eso no quitaba que ellos fueran amigos, incluso antes de que yo fuera amiga de ellos, eran amigo pero creo que siempre se quisieron, se que los chicos y las chicas pueden ser amigos, pero ellos estaba claro que estaban destinados a amarse, sus miradas siempre dijeron eso, que se querían de otra manera, y cuando terminaron juntos hace casi ya dos años, fue una de las mejores cosas que pasaron, soy la primera que amo verlos juntos.
—¿Al final tu hermano a aceptado la oferta?—me preguntó Matteo.
Había demasiadas cosas que no les contaba por vergüenza, porque no quería ser su obra de caridad, la persona con la que estuvieran por pena, quería ser mucho más que eso, y si ellos sabían todo lo que estaba pasando, que mi madre no estaba, seguramente intentarían ayudar, ser nuestra salvación y yo no quería meter a nadie más en mis problemas, no quería que ellos vinieran a salvarme, no porque no quisiera ayuda sino porque no quería regalar mi tormento.
—Aún se está analizando, está demasiado lejos como para que vaya solo—comente.
—Yo le llevo encantado—me dijo Matteo.
Le sonreí en forma de agradecimiento, que Enzo jugará de forma más profesional nos iba a dar dinero, algo seguro cada mes pero eso no quitaba que me pareciera demasiado mal poner a un niño a trabajar, Enzo apenas tenía catorce años, era un chico joven que debía vivir la vida, de mi se podría decir lo mismo, solo tenía tres años más de Enzo, pero no era lo mismo yo prometí a mi padre cuidar de mi hermano por lo que, era una cosa demasiado diferente.
—Hablaré con él—le dije.
No me podía negar, no era una decisión mía, sino de mi hermano, era cosa de Enzo elegir, tomar esta decisión por mucho que no estuviera de acuerdo, si se llegaba a enterrar que he tomado una decisión, me odiaría de por vida, no era justo que lo hiciera, debía dejarle elegir aunque no me gustará.
— Vayamos a clase—dijo Gemma agarrando mi mano—Recuerda que me tienes que pasar el horario de este mes, que te quiero organizar varias citas—comentó.
—Oye—se quejo Matteo.
Gemma se giró y se lanzó a los brazos de su novio para despedirse. Matteo no iba al instituto, era varios años mayor que nosotras por lo que iba a la universidad, estaba estudiando algo de ciencias pero siempre me quedaba dormida cuando hablábamos del tema, en casa dormía tan poco que me iba quedando dormido por donde podía, pero mis amigos lo sabían y me comprenden.
Buscar amigos que te cuiden y apoyen es la clave.
—Bueno, lo que estaba diciendo antes de ser interrumpidas—dijo Gemma agarrándose a mi brazo tras despedirse de Matteo y que este se fuera a la universidad.
—No quiero citas—le deje claro.
Mi amiga me miró.
—Son amigos de Matteo, de la universidad, son maduros—se quejo mi amiga.
—No creo que nadie pueda ni deba lidiar con una madre alcohólica y dos crios—le dije.
Mi amiga me miró.
—Yo lo aguanto—comentó.
—No deberías—.
Nadie debería estar atado a cosas malas por mucho que sea en nombre del amor, pero no creo que sea momento de ponerme tonta.