MARIANA —Estoy en el infierno, suponía que con el nacimiento de mis hijos llegaría al cielo; ahora resulta que no hay mayor horror que he enfrentado. Cierro fuerte los ojos, deseando que esto sea una pesadilla, la más cruel pesadilla y no, únicamente vuelvo a esta espantosa habitación blanca y enormes luces guardadas en el techo. ¡Por favor, por lo que más quiera, desátame! Le pagaré lo que usted quiera, por favor, no lo haga por mí, hágalo por mis hijos. —Señora, temo que eso no es posible. Nos vimos obligados a amarrarla para que no intente escaparse, es que nos dio unos buenos sustos, aparte de que hirió a varios celadores y enfermeros. Es posible que algunos no sobrevivan. Es que fue increíble como usted, que se ve tan hermosa, pueda transformarse en esa inmensa bestia que parece un

