MARIANA —Por favor, ayúdame o déjame ir. —Tranquila, Mariana, relájate, que ya ni me eres útil y tampoco me representas una amenaza; ni me sumas ni me restas. —Sheila, deberías ayudarme a buscar a mis hijos y a vengar… —No me lo repitas más, no me interesa vengar la muerte de Alberto y mucho menos buscar a sus hijos; no quiero arriesgar inútilmente a los miembros de mi manada. —Es que Alberto era tu hermano y mis hijos son tus sobrinos, son tu manada… —Te equivocas, el padre de Alberto asesinó a mi verdadera manada y me conservó como un trofeo, como una mascota; por eso no tengo vínculos con ellos, me vale una migaja de nada… Es mejor que te vayas. Lárgate antes de que me arrepienta y decida entregarte a los jaguares como ofrenda de paz. —Sheila estiró la mano enseñando la salida. D

