Estaba indecisa sobre si devolverle un mensaje o simplemente llamar como me lo pedía. Quizás era importante. Miré sobre mi hombro para asegurarme de que Bryan seguía durmiendo. La llamada cayó y escuché un silbido al otro lado del teléfono, seguido de una risa. –Srta. McDowell. Es realmente difícil contactar con usted –conocía esa voz. –Jeremy Miller. Sin duda era él. –El mismo –volvió a reír. No sé qué le hacía gracia–. Usted y su novio en realidad son muy activos sexualmente. ¿Cómo sabe que estoy con Bryan? –Señor, quisiera saber por qué la urgencia de la llamada –me estaba dando muchas vueltas. –Tengo una propuesta que no podrá rechazar, Srta. McDowell. Ah, por cierto. Es una lástima que no haya ganado el sorteo. –Sé que usted más que nadie lo lamenta –dije entre dientes–. Quisi

