“Quiero que sepas que a pesar de estar lejos, la distancia no destruye lo que siento.”
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Abby se sentía atrapada en su propia casa con James. Cada vez que lo veía quería tirarle por la cabeza lo primero que tenía a la mano. Le echaba la culpa de no estar con Zennen en ese momento. Necesitaba salir, tomar un poco de aire, y relajarse lo más que pudiera antes que cometiera un asesinato, por eso pensó en buscar a su amiga Sonia, para ir a tomar un café.
Como siempre su mente estaba en otro sitio, pensando en lo que pudo haber sido, y que no fue por la aparición de su exmarido. Con un poco de molestia reconoció que para esos días ella debía de estar de regreso o tal vez se hubiese quedado si todo era como lo había planeado Zennen.
Suspiró porque ya nunca iba a saber si su relación funcionaría, fuera del mundo virtual. Estaba tan sumergida en sus pensamientos, que no estaba prestando atención a lo que su amiga le estaba diciendo.
—¡Oh vamos, Cris! Estás de nuevo en Zennenlandia, típico de ti en los últimos días.
Abby la miró con los ojos entrecerrados.
—No eres agradable, ¿sabías? —expresó con tono de voz seria.
Ella simplemente soltó una carcajada en respuesta a su comentario.
—Si te vieras la cara de estúpida, entonces no hablarías así. Solo te pones así cuando estás pensando en él.
—La verdad es que tú no tienes filtro —entornó los ojos y luego se echó a reír.
Su amiga suspiró.
—A ver Abigail Cristina, dime que no te has preguntado cómo hubiera sido tu vida si hubieras mandado todo a la mierda, y te hubieras montado en ese avión con Zennen.
—La verdad es que no lo sé, tal vez no lo sepa nunca —dijo con voz triste, mientras ponía un codo sobre la mesa y sostenía la barbilla con la mano.
—¡Mujer! ¿Lo has buscado? ¿Trataste de comunicarte con él para explicarle lo que pasó?
—¡Por supuesto que lo he hecho! —exclamó indignada—. Pero el me ha bloqueado de todos los lugares en los cuales nos podemos contactar, al parecer cumplirá su palabra.
—Creo que te estás pasando de orgullosa, Cris. Verdaderamente eres una tonta si piensas dejar escapar a un hombre como ese.
—¡Oh, bájale al dos! no es fácil dejarlo todo e ir detrás de un hombre. Además te informo que Zennen no es cualquier hombre —hizo gesto en su muñeca que le quería poner una esposa.
—Ante todo es un hombre que te quiere, y que te lo ha demostrado muchas veces. ¿Se te olvida que todo lo que tienes es porque él te ha ayudado? Eso sin contar que vino desde Europa por ti.
—No sé si es el hombre indicado —eso era lo que pensaba.
—Si no lo intentas no lo sabrás nunca —Sonia solo quería que abriera los ojos.
—A veces siento que estoy perdiendo la oportunidad de tener un verdadero hogar.
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—En eso estamos de acuerdo, y creo que te mereces ser feliz. Pero eres tan terca que creas paredes invisibles. Para empezar… Zennen no es James, y mucho menos Sebastián.
Era cierto lo que Sonia decía, pero recordó lo intenso que podía ser. Se colocó el cabello detrás de su oreja y se defendió:
—No, es cierto lo que dices. Pero el jodido hombre es insufrible, para empezar tiene un carácter de los mil demonios —entornó los ojos— Él fue quien esa noche salió molesto de la habitación; de hecho me dijo que si no me iba con él, todo se terminaría entre nosotros.
—¿Y qué habías decidido antes de venir? —interrogó su amiga antes de morder una galleta con chispas de chocolate. Su intención era presionar, pero de manera sutil.
—Yo había arreglado todo para irme con él, cuando iba a buscarlo llamó mamá diciendo lo de James. y en vez de montarme en el avión con destino a mi felicidad en Europa, tuve que tomar el de regreso para acá, no pude despedirme de él.
—Hablas como si no pudieras hacerlo —su amiga puso los ojos en blanco—. Son puras excusas, tienes como ir. De hecho tienes como vivir allá, cómodamente, y sin pasar ningún tipo de necesidades, si es eso lo que te preocupa.
Su amiga tenía toda la razón, se estaba pasando de cobarde.
—Vamos a llevarte a casa. En pocas horas me toca trabajar —cambió el tema.
Tenía que pensar seriamente en cómo resolver muchas cosas, y de cierta manera la escapada con su amiga le había sentado bien. Sentía que podía ver las cosas con un poco más de claridad.
Al día siguiente Abby estaba preparando el desayuno, cuando observó que James se dirigía a la cocina en sus muletas. No podía negar que seguía siendo guapo a pesar del tipo de vida que llevaba, y de los años. Era bastante alto, un metro con noventa y tres. Piel blanca con el cabello castaño claro, y los ojos marrones claros que cambiaban según su estado de ánimo, con el cuerpo perfectamente entrenado. En ese momento recordó que le había cautivado de él, y le había dado la oportunidad de entrar en la vida de Farah y ella.
—Toma —le ofreció una taza de café.
Él entrecerró los ojos, mientras se apoyaba. en uno de los taburetes de la cocina con mucho esfuerzo todavía. Pero Abby ni siquiera se movió, para ayudarle y James se dio cuenta de eso.
—La verdad es que has cambiado mucho, Cris —manifestó James, aceptando la taza humeante de café.
—Sí, es cierto —ella solo encogió los hombros.
—Tal vez, tu cambio se debe a tu nueva pareja —disparó él.
—¿Vuelves con un tema que sabes bien que no es de tu incumbencia? —espetó arqueando una ceja.
—¿En dónde está él?, porque tengo varios meses aquí, y jamás lo he visto.
—De verdad que estás tocando un tema muy sensible, para estas horas de la mañana.
—Si no está aquí es porque, debe ser un viejo o está casado.
Abby soltó una carcajada.
«¡Si supieras!», pensó.
—Te recuerdo que me llevas ocho años, y también creo que no recuerdas que me engañaste con una mujer mayor que ambos, y casada por muchos años.
De repente miró a James, y a su mente vino la imagen de Zennen parado en ese mismo sitio. Realmente no tenían comparación. Estaba ansiosa por saber de él.
—Me marcharé en unos días —le informó James de golpe.
—Esa es una buena noticia para comenzar mi día —ella sonrió mientras le daba un sorbo a su bebida.
—Tienes planes, ¿cierto? —miró a su alrededor—. ¿Es por eso que ya no me quieres aquí?
—¿Estás preparado para tener esta conversación? —presionó enarcándole una ceja.
—Cris, mi vida… —James suspiró.
Ella alzó la mano para que se callara.
—No me importa que ha pasado en tu vida, pero te contaré un poquito de la mía. La cual quedó destruida cuando te fuiste. No tuviste la amabilidad de decirme nada acerca de esa mujer. Solo nos diste la espalda, sin importarte nada, sin mirar atrás. Nuestras vidas cambiaron drásticamente, y fue muy duro para todos. Ahora que estoy estable, apareces después de tantos años como el marido perfecto. Como si solo hubieses ido a comprar la leche en el supermercado, y ya está.
James no sabía qué decir, ante aquello. Pues ella tenía toda la razón.
—Sucedieron muchas cosas…
Le interrumpió de nuevo
—Me imagino que esas muchas cosas, son las que no te permitieron llamar a tu hijo en su cumpleaños o en navidad, ¿me equivoco?
—Sabes que no puedo explicarte cómo sucedieron las cosas.
Abby de nuevo hizo un gesto con la mano.
—No lo hagas, no lo digas, porque realmente no me interesan tus explicaciones, solo tus acciones.
—David es mi hijo, y me has quitado el derecho sobre él.
—Para reclamar derechos debes cumplir deberes, y en ningún momento he hablado de dinero. Has sido un padre ausente.
—Eso no justifica el hecho de lo que hiciste con la custodia.
—¡Ah, pues mira que bien! —en la frase expresó sarcasmo—. Entonces yo me iba de vacaciones fuera del país, no me lo podía llevar. Porque el padre abnegado no aparecía para darme el permiso de viaje. ¿Dónde te localizaba? ¿Por señales de humo?
James no tenía ninguna respuesta a todas las preguntas que Abby le hacía.
—No me mires así, James. Que no inspiras en mi ni un porcentaje de lastima.
—Es que jamás te había visto tan decidida
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—También te informo que si me sale una oportunidad laboral fuera del país, la voy a tomar.
—Si ya tienes todo planeado —se encogió de hombros—, quién soy yo para decir algo, ¿verdad? Al final siempre has hecho lo que te ha dado la gana.
—Exactamente, mi prioridad es el bienestar, y el futuro de mis hijos.
—Eso no voy a discutirlo, porque tienes toda la razón.
—Muy James, espero que te recuperes pronto.
Salió de la cocina dejándolo solo con su taza de café. Entró a su habitación, y se lanzó en la cama. Todo sería tan diferente si Zennen estuviera a su lado. Tal vez Sonia tenía razón, debía dejar su orgullo atrás.
Respiró profundo y se levantó a buscar su teléfono celular. Buscó entre sus contactos, se dio cuenta de nuevo que él, la había bloqueado.
«¡Ya verás grandísimo arrogante controlador!», pensó.
Mientras ampliaba una foto que tenía de él en su teléfono celular. Estaba sonriendo, y negando con la cabeza, cuando ella le rogaba que se quedara quieto para tomarla.
Se dio una ducha rápida y se vistió para salir. Estaba tomando las llaves, pero se encontró de nuevo con James. Lo miró como si no hubiese sido su pareja por muchos años. Era extraño ya no sentir las maripositas en el estomago al verlo.
—No sé cuánto tiempo me vaya a tardar, así que traeré comida hecha.
Él solo asintió.
Abby salió de casa, no sabía si la idea que tenía en mente iba a funcionar. Lo primero que hizo fue visitar la agencia de viajes. Habló con una de las ejecutivas que había atendido antes.
—Está bien señora Bohorquez, podemos activar sus boletos, pero debe pagar una diferencia.
—No te preocupes; no tengo ningún problema con eso, lo podemos hacer ahora mismo.
—Perfecto, ¿para cuándo quiere viajar?
En ese momento se quedó sin respiración. Era en ese momento o nunca—. Lo antes posible.
—En ese caso tengo fecha para dentro de nueve días.
—Creo que he retrasado mucho este viaje —miró a la ejecutiva— ¡Hazlo!
La chica le entregó los tres boletos. Los tomó en su mano, y salió de la agencia. Al subirse al auto, abrió el sobre y se lo puso en el pecho.
—Espero que esta sea la decisión correcta —dijo en voz alta y encendió el motor.
Solo tenía una duda, si decirle a los niños o esperar a que se fuera James. Lo cierto es que estaba muy ansiosa por darles la noticia. Ellos estarían muy contentos.
Pasó por KFC y pidió comida para llevar, estaba tan contenta que hasta doble ración llevó para James. Cuando llegó los encontró a los tres en la sala con las caras un poco serias. Los miró y le hizo señas a Farah para que le dijese que sucedía.
—Mami —el pequeño llamó su atención—, papi se va en dos días —su vocecita estaba un poco rota.
—Bueno cielo —se acercó a él—. Tu padre tiene su vida, y tiene que volver a ella. Así como nosotros tenemos la nuestra.
—Pero yo quería que se quedara. —David estaba a punto de llorar.
—Yo quiero ser la hija de Edward Cullen y Bella Swan. Y ya ves enano... aquí estoy. —agregó su hija, siempre sarcástica.
—¡De acuerdo! —Abby puso orden—. Su padre se irá así que deben pasar estos días juntos. Haciendo cosas que a los tres les guste, y deben tomarse muchas fotos.
James la miraba con un poco de nostalgia.
—Vamos a ver películas. —anunció el niño—. Mami, haremos un cine casa.
—Es muy buena idea —estuvo ella de acuerdo.
Los niños salieron de la sala a organizar sus cosas.
—Cris… —la llamó James—, siéntate conmigo un momento.
Ella lo hizo y él la miró con aquellos ojos hermosos que una vez le hicieron feliz.
—Te haré una pregunta. Quiero que me respondas con toda la sinceridad que puedas.
—Siempre lo hago, James.
—¿Ya no sientes nada por mi?
—¿Qué quieres que sienta?
—No me respondas con otra pregunta —tomó su mano—, yo no me quiero ir de tu lado.
Abby lo miró, le soltó la mano y cruzó las manos en su pecho, cuánto tiempo había esperado por escuchar esas palabras. La situación era un poco extraña porque, no sentía ni un poquito de emoción al oírlas de sus labios, y muchas veces había practicado la respuesta frente al espejo.
—Ha pasado mucho tiempo, James —suspiró.
—Sabes que no soy bueno con las palabras, pero sabes de mis sentimientos hacía ti. Te hice mi esposa, la madre de mis hijos.
—Construiste castillos en la arena, porque cuando esa señora apareció una tarde en nuestra hogar, se destruyó todo.
—Sé que estuvo mal.
—No te justifiques, que no hay una explicación que me satisfaga.
—Me gustaría empezar de cero. Tener una oportunidad.
—¿Después de tantos años y el divorcio?
—Cris, no lo niegues, tú sientes algo por mí. Si no yo no estuviera aquí. Solo lo estás haciendo para castigarme y demostrarme mi error —movió las manos—. Está bien, ya lo entendí, fui un maldito idiota, pero déjame demostrarte que las cosas cambiaron. Que todo lo que les hice, fue una mierda, pero aquí estoy, dispuesto a enmendar mi error.
—Eres la imagen paterna de Farah, y eres el padre de David, eso es algo que no se puede cambiar y que tampoco quiero, pero ya el tiempo para nuestra relación pasó y es muy tarde —suspiró—. No te ayudé porque sienta algo por ti, lo hice porque en ese momento era lo que se tenía que hacer. En cuanto a lo idiota lo sigues siendo; y en lo de castigarte y demostrarte que fallaste, no tengo necesidad de hacerlo tú solito te diste cuenta.
—Yo te necesito en este momento...
—Espera un momento —se levantó del sofá y se dirigió a su habitación, y a los pocos minutos salió.
Dio un fuerte respiración y cuadró los hombros, necesitaba ser fuerte.
—Las veces que te necesitamos no estuviste ahí —sacó un fajo de dinero, y comenzó a contar.
—Cuando me llamaste se notaba que tenías problemas. Así que tranquilo no soy tu, te voy a ayudar —le entregó mil euros—. Toma para que resuelvas. —le dio otro fajo dinero—, para que no me crees problemas. —siguió contando—, para que te vayas de mi casa —más dinero mientras James la miraba confundido—, para que no se te olviden los cumpleaños de tus hijos, y les envíes felicitación por r************* , eso no es mucho pedir —al contar el último fajo de dinero y dárselo lo miró—, esto último es... para que te olvides que alguna vez te amé.
James estaba aturdido con el dinero en sus manos, le había dado cinco mil euros. Abby le dio la espalda, y caminó, pero se detuvo un momento. Se giró y lo miró con voz firme le dijo:
—No quiero que te vayas en dos días. Quiero que te largues hoy mismo de mi casa.