“Se puede olvidar lo que pasó pero no cómo se sintió.”
==========
Zennen entró a la oficina de su amigo Charles, y se sentó en frente de su escritorio, como frecuentemente él hacía cuando iba a la suya. Los últimos días no se sentía bien. Reconoció que tenía un problema con el nombre de una mujer “Abby”. En el poco tiempo que estuvieron juntos se había acostumbrado a dormir con ella, a sentir su piel contra la suya. En las madrugadas sentir sus pies fríos, buscando su calor. Esa mañana al verse al espejo reconoció que estaba bebiendo licor y fumando demasiado, y que su vida le pedía a gritos un cambio.
—¿Qué haces? —le preguntó Zennen.
—Estoy haciendo la planificación para el evento anual de la empresa que es dentro ocho meses.
—¿Cuál? —frunció el ceño, porque lo cierto era que ni siquiera lo recordaba.
—La Copa Naval. —lo miró con los ojos entrecerrados y agitó las manos—. Esa que hacemos todos los años, en donde hacemos un congreso con las demás navieras e invitamos a un grupo de los mejores trabajadores, ¿te acuerdas?
—¡Ah sí! Ya recordé. —se encogió de hombros.
—¿Para qué viniste? ¿Qué necesitas? —Charles entrecerró los ojos.
Zennen se levantó del sillón, caminó hasta la gran ventana. Se metió las manos en los bolsillos, y respiró de manera profunda.
—Quiero salir por ahí —se encogió de hombros al responder.
—¿A seguir tomando como si en el mundo se fuese acabar el licor? —cuestionó su amigo.
—Tal vez; necesito drenar este ahogo que siento.
—Sabes bien que eso no te pasará así, al contrario complicaría más las cosas.
—¿Y cómo según tú? —enarcó una ceja—. ¿Buscando a Abby en el bendito mundo virtual y quedando como al principio? Gracias, pero la respuesta definitiva es no.
—Entrégasela entonces al exmarido en bandeja de plata, y se acabó el problema. —Charles hizo el gesto sacudiendo las manos.
La mirada que le dio Zennen fue asesina, porque los celos aparecieron una vez más. Sin embargo, contestó:
—Creo que lo mejor es que me vaya a casa con Santiago.
—La mejor opción de todas y espero que se te aclare la cabeza, Zennen. No puedo creer que tu terquedad, te lleve por el camino de la autodestrucción.
Dejó a su amigo, y se dirigió a su casa. Cuando llegó Rosa, su ama de llaves de muchos años lo miró con el ceño fruncido.
—¿Otra vez no cenarás? —preguntó la mujer mayor con un tono de preocupación.
—No. No tengo hambre, Rosa —le hizo gesto con la cabeza, y una mueca.
—Quedarás en los huesos, estás más delgado que antes, y eso no puede ser. Eso no es saludable, hijo.
Él se le acercó, y le dio un beso en la cabeza con cariño.
—No te preocupes, voy a estar bien. —iba saliendo de la cocina.
—Esa muchacha, te quiere. —cuando él se giró, Rosa se sonrojó—. Lo vi en su rostro, los días que estuvimos compartiendo. La necesidad de ella de saber de ti, sobre todo los detalles, incluso conocer tus gustos en la comida. Todo para complacerte.
—Yo también la quiero, Rosa. Más de lo que te puedas imaginar, pero de qué sirve. Si no quiere estar conmigo —se encogió de hombros.
—No hay peor enemigo para una relación que el orgullo, Zennen.
—Tienes razón, pero yo en esta relación lo di todo, ahora es el turno de ella.
Terminó de salir de la cocina, y fue en busca de su hijo. Lo encontró jugando en el Xbox, y en línea con los altavoces activados.
—¿Por qué estás molesto? —preguntó Santiago a alguien, Zennen frunció el ceño.
—Mi mamá en estos días anda más peleona de lo normal. No me gusta cuando está así.
Zennen sonrió, sabía con quien hablaba su hijo por el altavoz, con David el hijo de Abby.
—Las madres son peleonas, la mía les gana a todas, creeme.
¡Joder! Esos niños hablaban como gente adulta. Pensó en intervenir pero, lo mejor era dejarlo pasar. Solo le hizo señas a su hijo de que ya era hora de ir a la cama.
Se fue a la habitación a darse una ducha rápida. Sentía el cuerpo cansado, pero cada vez que intentaba dormir, no podía hacerlo porque inmediatamente a su mente venía el recuerdo de Abby, y el tiempo se detenía.
Salió del cuarto de baño, y fue al armario solo para buscar un bóxer, no quería hacer mucho esfuerzo porque se sentía somnoliento, tal vez esa podría descansar. Estiró la mano sobre el colchón.
—¡Qué falta le haces a esta cama, Abby! —expresó en voz alta, y ni siquiera el silencio le contestó.
Tomó el teléfono celular, y comenzó a ver todas las fotos que le había tomado. Tenía una que era su favorita, estaba pensando en imprimirla. Ella ni siquiera sabía de su existencia, porque se la tomó dormida. Fue el primer día que estuvieron juntos como pareja en resort, habían tenido sexo hasta altas horas de noche, pero él se había levantado cuando estaba amaneciendo por más.
Cuando la vio a su lado, se sintió completo de nuevo, saber que era cierto que estaba a su lado y que no era producto de su imaginación, le robó el aliento. Estaba con la espalda apoyada en el colchón el cabello desordenado de tantas veces que se lo había jalado, una pierna desnuda, la sabana arremolinada en la cadera, los pechos firmes con los pezones delicados color rosa, tenía pequeñas marcas que le había hecho el mismo a la hora de amarla; subían y bajaban lentamente al compás de su respiración relajada mostrándose libres, uno de sus brazos, sosteniendo su mejilla, la boca hinchada de tanto besos. Le tomó la foto porque lo que pudo ver en ese momento, es que ella era su mujer, y nada le impedía hacerlo.
Por solo un minuto la desbloqueó de su i********:, quería ver, y le sorprendió al punto de sentarse en la cama al ver una foto de ellos abrazados, pero con la cara de él distorsionada y tenía un comentario que decía:
“Lugar: En el paraíso. De vacaciones con mi bombón”.
Tenía la fecha de cuando estaban juntos en el viaje. Ahora menos lo entendía porque al parecer, ella no ocultó en ese momento que tenía una relación con él.
Después de dar muchas vueltas en la cama, el cansancio lo venció. Y se quedó dormido, pero como siempre por muy pocas horas. Esperó que amaneciera, para levantar a Santiago para que desayunara con él, y luego llevarlo al colegio.
Su día comenzó normal, y sin complicaciones hasta que alrededor de las dos de la tarde recibió una llamada de alguien a quien tenía mucho tiempo que no veía. Emitió un silbido.
—Hola cariño.
—Hola Isabel, ¿cómo has estado?
—Muy bien.
—¿A qué se debe el placer de escuchar después de tanto tiempo tu voz?
—Cierto, siempre este trabajo lo coordina mi asistente, pero quise hacerlo yo misma. Es que estamos organizando nuestro evento anual, y necesito patrocinadores. Inmediatamente pensé en tu empresa.
—¿Cuando quieres que nos reunamos?
—Ese es el problema, Zennen. ¿Puedes venir hasta aquí? Estoy un poco corta de tiempo con todo esto de los preparativos.
—Solo dime cuando, y ajustaré mi agenda —lo decía en serio, pues siempre le gustaba participar en eventos benéficos
—Muchas gracias, Zennen —en el tono de voz al otro lado de la línea, se escuchaba alivio y gratitud.
Colgó la llamada, y quedó pensativo. Hacía mucho tiempo que no hablaba con Isabel, quien fue su novia desde el bachillerato hasta casi terminar la universidad. Al poco tiempo de terminar su relación con ella, conoció a Melania.
Fue extraño escuchar su voz, y no sentir absolutamente nada. Ni la añoranza de un pasado que estaba de sobra decir que no volvería, pero si ella necesitaba su ayuda, ¿por qué no hacerlo?, se preguntó. Ella no era mala persona.
Pocos minutos después recibió otra llamada. Esa sí que no la esperaba. Era el detective que contrató para dar con el paradero de Melania.
—Buenas tardes, señor Istán.
—Buenas, dígame qué noticias me tiene —fue directo al grano.
—Llamo para confirmarle la información anterior. Efectivamente su esposa está aquí en Italia, como caza fortunas.
—¿Cómo que cazafortunas?, no entiendo y le recuerdo que no es mi esposa.
—Disculpe señor, pero lo que me preocupa es que ella se está relacionando con gente de procedencia dudosa.
—¿Me habla de delincuentes? —Zennen necesitaba entender al hombre.
—De la peor clase. Está con un hombre que ha estado involucrado con el lavado de dinero llamado Tony Santorini, el individuo es peligroso.
—Bueno no puedo meterme en eso, Melania es una mujer adulta, por tanto tiene conocimiento entre el bien y el mal. Lo que me interesa saber es si ella regresará al país, porque quiero dar una gran bienvenida.
—Al parecer esos no son sus planes todavía, pero no se preocupe, lo mantendré informado respecto a eso, señor.
—Muchas gracias.
Al finalizar la llamada quedó sorprendido de ver como Melania, con quien había compartido tantos años, se había quitado la máscara y no la conociese en absoluto.
Al final de la tarde, decidió buscar a Santiago y pasar un rato él. Fueron al cine, comieron pizza y después helado. Lo que más le gustaba de ser ahora un padre soltero, era que podía disfrutar a su hijo como quisiera.
—Me gusta mucho estar contigo, papi. Pero esta salida está incompleta —manifestó el niño de manera espontánea como siempre.
Zennen parpadeó, su hijo quería entablar una conversación. No había duda que lo escucharía, al igual que lo había hecho su padre con él.
—¿A qué te refieres? —indagó.
—¡Olvídalo es algo tonto! —el pequeño negó con la cabeza.
—No creo que sea tonto si te pone triste.
—Extraño a Abby y los chicos, ¿tú no? —Santiago lo miró con los ojitos reflejando tristeza.
Tragó grueso. Él también los extrañaba, pero qué podía hacer. Ella no quiso ir con él.
—Tú puedes ser el papá de David. —le dijo como si fuese fácil.
—Santi... creo que él ya tiene papá —fue lo único que Zennen podía responder a eso.
—¡Pero los dejará! —exclamó el niño, tratando de que su padre entendiera un poco su punto.
Zennen quiso hacerse el que no estaba sorprendido con la noticia, en ese momento tenía toda la atención de su hijo.
—¿Me puedes explicar? —su corazón comenzó a latir rápidamente.
—Su padre se marchará muy pronto de su casa.
Odiaba utilizar a su hijo, pero necesitaba más información.
—¿Qué dice su mamá al respecto? —carraspeó al formular la pregunta.
—Fue ella quien dijo que él tenía que marcharse. David está triste. Abby dice que deben recordar que tienen ahora una nueva vida, y en ella no estaba su papá incluido. Cuando me lo contó pensé en mamá, también se fue y nos dejó. Ahora no está en nuestras vidas.
—Son casos diferentes, Santi. Los dos sabemos que Abby no es como tu madre.
El niño le sonrió pícaramente.
—¡No! —movió la cabeza alegremente—. Ella es mucho más bonita, además me gusta como habla, y lo que más me agrada es que olvido por un momento que mamá no está. Papi… tienes que reconocer que a ti Abby te hace reír.
Hasta su hijo se daba cuenta de que le hacía bien estar a su lado. Estaba muy intrigado por saber de lo que había ocurrido, pero si la buscaba, Abby no iba a salir del círculo vicioso del mundo virtual. Quería que su relación fuese más allá de una conexión a internet.
—¿Papi? —indagó el niño y Zennen lo miró para alentarlo a que hablara— ¿Cuando les volveremos a ver? Me gusta mucho estar con ellos.
Se sentía tranquilo, porque el niño había aceptado a Abby y a sus hijos, pero seguía desconcertado por la indecisión de ella. La conocía, no iba a hacer nada por ellos. Dejaría las cosas así, sin importarle que eso sería hacerle daño a ambos.
Terminó la velada con su hijo, y se fueron a casa. Ahí ayudó al niño a cambiarse la ropa y después jugaron un rato más, armando un lego. La verdad que su casa se sentía solitaria al punto que estaba seriamente pensando en comprarse un perro, Creía que con los ladridos, al menos no se sentiría tan vacía. Miró alrededor, no quería volver a la misma vida antes de Abby y tampoco a la que tuvo viviendo con ella. Era hora de hacer un cambio.
Al siguiente día. Llegó a la cocina como siempre y Rosa ya tenía preparado su desayuno. Se lo comió todo, el ama de llaves solo miraba un poco confundida.
—¡Me alegro que ahora tengas apetito! —exclamó complacida.
—Desde ahora muchas cosas van a cambiar. —le dijo sonriendo.
—Espero que sean buenas, para encontrarte de ese animó.
Llamó al niño, lo llevó al colegio, pasó por un gimnasio, se inscribió, y luego fue a la oficina. Todo el mundo se le quedó mirando algo notaban en él. La noche anterior había decidido olvidar lo que pasó con Abby.
Cuando entró a su oficina, y encendió el computador lo primero que hizo fue guardar en la nube todas las cuatrocientas veintidós fotos que tenía de Abby en su teléfono celular. Fue un paso difícil aceptar que ella no quería arriesgar nada por él.
Llamó a Charles y le preguntó por el caso de las acciones que había robado Melania. Este le contestó que aún no podían hacer nada. Solo esperar a que ella apareciera para terminar el proceso legalmente, esa vez si tenía pensado enviarla a la cárcel.
A los pocos minutos su amigo entró a su oficina.
—Te noto diferente —cuestionó su amigo, entrecerrando los ojos.
—Nada, estoy bien. Deberías acompañarme hoy al gimnasio —le comentó Zennen sin importancia.
—¿Te has vuelto loco? —formuló la pregunta con cautela.
—Quiero hacer un cambio en mi vida, haré ejercicios, dejaré de fumar, y dejaré un poco las fiestas con mi amigo Daniels —él hizo referencia al whisky.
—¿Qué andas empastillado? —su amigo no pudo evitar el comentario y Zennen lo miró con cara de pocos amigos.
—¡No! —exclamó— He decidido que tengo que vivir mi vida con Abby o sin ella incluida.