Es la mañana de un miércoles, Alexander observa desde su cama hacia la ventana de la habitación en donde está hospitalizado aún, por ella se vislumbra la libertad de las aves que vuelan y cantan muy cerca, bajo una mañana grisácea. Se encontraba solo, Albert ya se había marchado a trabajar y todavía era temprano para que alguien fuera a visitarlo. En su pecho reposaba el libro que leía "Sensatez y Sentimientos" de Jane Austen, Avril le había prestado la colección y volvía a deleitarse con ellos. En ocasiones sus pensamientos se quedaban presos de Avril y sus intenciones con ella, no hallaba cómo empezar a conquistarla en su estado. —¿Será que ella se fijaría en una persona como yo? —Probablemente quede cojeando, que vergüenza... Seguramente me ve con lástima todo el tiempo. —Ella me deb

