Algunos días transcurrieron y finalmente le dieron el alta a Diana; sin embargo, de igual modo sus amigas hacían guardias en las noches para estar al pendiente de ella, en el transcurso del día iban a su casa para llevarle alimentos y estar con ella un rato, no se permitían dejarla sin atenciones por tanto tiempo. Por su lado, como lo había prometido, Avril seguía yendo a la clínica todos los días a visitar al "paciente misterioso", ahora éste era el apodo del hombre entre el personal médico y sus amigas; generalmente, llevaba alguno de sus libros favoritos para leerle un rato, ella tenía la convicción de que cuando un paciente está en esas condiciones de inconsciencia, de algún modo escuchaba a quien se comunique con él. —Hoy debo irme más temprano, señor misterios... Te prometo que maña

