Albert Bustamante había llegado a España y tan pronto lo hizo, le pidió a Alexander que lo llevara a tomarse unos tragos, el hombre bebió por algunas horas todo lo que ponían frente a él, lloraba, reía, conversaba, volvía a reír y llorar dejando a Alex impresionado con las confesiones que le hacía, algunas tan íntimas de su relación con Corina de las que prefería no saber, otras veces decía cosas muy inusuales dándole fuertes abrazos. —¡Tu eres eres mi hermanito! ¿Sabes? Yo te voy a cuidar, no dejaré que algo malo te pase. —Pasó su brazo por el cuello de Alexander con un tosco abrazo casi cayéndose de la borrachera. —E...emmmm, estás peor de lo que imaginé Albert. Estás tomando demasiado. —Alexander lo veía como que si se había vuelto loco por las muestras de afecto que le daba. —No, no

