Finalmente ese tipo arrogante sale de mi oficina, en cuanto eso sucede me recargo en mi cómodo asiento, genial Melissa ahora serás la asistente de la prometida de ese arrogante. Al día siguiente... Son recién las siete de la mañana, estoy comiendo con tranquilidad un sándwich hasta que esa tranquilidad es obstruida por una llamada de un número el cual no reconozco, sin más rodeos contesto esa llamada. —Hola—frunzo el ceño. —Quiero que vengas ahora mismo a mi casa, necesito que agendes las tareas del día de hoy—esa voz arrogante la conozco y no es precisamente del arrogante de mi jefe sino de su prometida. Sin más tuerzo mis ojos, ellos dos son tal para cual por eso es que no los soporto. —Enseguida salgo ¿Señorita? —Señorita De Bail. Por Dios estamos en el siglo veintiuno de verda

