Antes de entrar a la habitación, el guardia le había entregado una vestimenta adecuada. La transparencia de la tela era un problema, al igual que lo reveladora que era. Pero tuvo que obedecer. Cada mujer que entra en el cuarto del príncipe debía estar correctamente vestida. Por más que fuera una esclava
—Ya sabes lo que ha ordenado— murmuro el guardia al pie de la puerta —nada de mirarlo a los ojos. Solo entras, limpias lo que se quebró y sales por las mismas. No molestes a su alteza real. Y no hables si él no te lo pide.
Ella asintió recibiendo la orden con la cabeza gacha.
Entonces el guardia le estiro las cosas de limpieza y finalmente la puerta se abrió y ella a paso lento se adentró en la habitación oscura apenas iluminada por unos cuantos destellos de luz. Noto que el fuego provenía de unas velas encendidas. Fue allí cuando escucho las voces femeninas, las risitas, y los sonidos de placer que se filtraban por los oídos
El rostro de la chica se pintó rápidamente de un rojo carmesí ¿Qué rayos? ¿Qué clase de sonidos eran esos? ¿acaso el príncipe estaba…?
Prefirió ignorarlo y adentrarse más en la habitación para tener la vista completa del panorama de lo que estaba pasando. Miro disimuladamente hacia su izquierda, hacia el lugar donde se suponía estaba la inmensa cama y provenían los sonidos, y por supuesto lugar donde estaban los almohadones gigantes y elegantes de terciopelo que solo había visto en su palacio. Y sí. Allí estaba. El príncipe Elian en todo su esplendor recostado suavemente en medio de todo eso. Brillante, elegante, seductor y hermoso. Era increíble que detrás de tanta belleza hubiera tanta crueldad. Y junto a él rodeándolo estaban ubicadas tres hermosas mujeres vestidas casi igual que ella, jugueteando con él. Estas estaban tocando su pecho, acariciando sus cabellos oscuros como la noche, bailándole cerca, su aliento cerca de su boca. El apenas y las miraba, parecía ensimismado en sus propios pensamientos. Ella agradeció el hecho de que el no reparara en ella y bajo la cabeza nuevamente para recorrer con su vista el suelo y ver donde mismo estaba el desastre que se suponía debía limpiar.
Noto rápidamente los trozos de vidrio en el suelo cerca de un escritorio. Hay cosas regadas a su alrededor también, entonces se acerca con sus utensilios de limpieza; el pequeño recogedor y la pequeña escoba para barrer los vidrios. Se agacha suavemente mientras que con la mano recogía los trozos grandes para meterlos en la funda.
Mientras tomaba los pedazos fue que sus ojos se centraron en el nuevo objeto frente a ella. Justo allí. Y se veía tan fácil tomarlo. El pequeño cuchillo que seguro se utilizaba para abrir cartas estaba tirado en el suelo. Y por supuesto, papeles cerca de este cubriendo el arma. Era su oportunidad. Era tan fácil. Tan solo debía tomarlo. ¿Quién notaria que hacía falta? Un arma en las manos adecuadas era todo un milagro.
Su corazón latió a mil por hora por los nervios. Los papeles aun cubrían la mitad del arma. Ella alzo rápidamente los ojos hacia los aposentos del príncipe para ver que aún seguía distraído con aquellas mujeres. Para comprobar que aún seguía en su sitio.
Lo estaba.
Eso la alivio, y soltó el aire que había estado conteniendo por la tensión.
Podía hacerlo.
Regreso su vista al suelo. Si tuviera un arma consigo y la descubrieran claramente se metería en problemas, se pondría en peligro. Pero… ¿es que no lo estaba ya? Al menos esta arma quizás podria salvarle la vida en algún momento en el futuro si la escondía bien
Termino de recoger los vidrios rápidamente cerrando la funda.
Ella podria guardar el arma por su ropaje. Hallaría un buen lugar para ocultarlo mientras salía de aquí. O en la misma bolsa de basura.
Entonces extiende su mano para tocar el arma y guardarlo rápidamente. Pero antes de siquiera poder alzar nuevamente el brazo con el pequeño y delgado cuchillo entre sus dedos, un peso nuevo se cierne sobre su muñeca. Y es allí cuando se da cuenta de que los gritos y las risas han parado.
Ella siente su presencia a su lado. Y sabe que ha sido descubierta
—¿Ibas a tomarla?— su voz es sin entonación alguna. Lo cual la hace estremecerse
—N-no su majestad… iba a recogerla para alzarla. La iba a poner de vuelta en su lugar — mintió. Su voz era claramente sumisa y obediente. Ella sabía cuándo debía actuar valiente y cuando debía ceder
Escucho el bufido que salió de parte del príncipe, aquello que le dio a entender su error— no me digas. ¿Esperas que te crea?
—No es asi majestad…. Yo solo…
Entonces removió el peso de su mano dejándola libre y dijo —Adelante, vamos, tómala.— la incito — ¿de verdad crees que con esa arma de juguete podrías dañarme? ¿Enserio crees que eso podria llegar a mi cuello antes de yo romper el tuyo?
Su mano vacila en el aire y sus ojos siguen fijos en la alfombra de la habitación.
¿Debía hacerle caso? Quizás era el momento... Tomar el cuchillo con rapidez y cortarle el cuello. Pero… si hiciera eso. Si el muriera ahora, ella jamás saldría de aquí. No saldría de aquí con vida nunca.
Retrajo el brazo sin tomar el arma, y no menciono una sola palabra.
El silencio envolvió la habitación. Ella se rehusaba a obedecer aquella orden. Sabía que la estaba probando y tentándola. Pero ella fue más lista.
—Ya veo. Entonces, no estas tan desesperada por tu vida como creía.
—Ahora me retiro su majestad. Ya he limpiado el desorden
Entonces hace un amago de ponerse de pie, mientras sus manos se entrecierran firmemente en la funda de basura apretándola con fuerza, pero entonces una mano se cierne sobre su muñeca con más fuerza que la suya levantándola del suelo en un brusco movimiento. Provocando a su vez que ella soltara la funda y los vidrios regresan esparciéndose por todo el suelo
—¿Qué es esto?— lo escucha preguntar a él con voz gélida
¿Qué es qué?
—¿Q-que…?— ella no entiende de que está hablándole
Entonces el brazo del príncipe recoge la manga de ella para mostrar mejor su brazo —¿Quién te ha hecho esto?
Ella entonces entiende lo que Elian ha visto. —M-me caí…
Entonces sus ojos se entrecierran en odio mientras la jala consigo y sin saber cómo llego, su cuerpo ha tocado la cama de los aposentos reales. Pues el la ha arrojado allí.
—¿Q-qué haces...?
—¿Te crees que estoy bromeando? ¡¿Quién se ha atrevido a tocarte?! — sus ojos azules son más fríos que este invierno interminable y más fiero que las olas del mar.