Acto reflejo

1534 Words
—¡Muévansen! ¡¿Qué esperan?!— gritaba el hombre con el látigo en lo alto de la mano Muchas veces habían personas que supervisaban a los esclavos de forma mas dócil, y luego cada cuanto aparecía un inadaptado como aquel hombre. Desde temprano en la mañana ya estabas bajo el fiero sol con las cosas pesadas a tu espalda. Normalmente la princesa cautiva, como muchos le habían apodado trabajaba dentro de las puertas del palacio. Pero hoy fue diferente, ella asumía que habia sido orden del príncipe trasladarla. Después de todo, si ya estaba sana, seguramente era su mejor jugada para destruirla. Hacer que se rinda debía ser su plan. Pero ella era mas fuerte que esto. Mas fuete que todo. Y se lo demostraría. Ya no era escuálida, y a decir verdad, nunca se habia considerado asi, aunque era delgada, siempre habia sido de cuerpo definido. Los ojos ambarinos de la chica miraron hacia el cielo. Bajo este mismo cielo en algún otro lugar lejano estaba su reino. Planicies de tierra lleno de verde color, con aldeanos corriendo por todas partes. Sin embargo, este reino era diferente. La gente vivía atemorizada, y seguramente solo unas partes del reino eran privilegiadas, la gente con una posición económica mas estable. No sabia como se manejaban las castas en el reino de Akira. Pero en el suyo era diferente. En algún punto de su trayecto hacia la carreta, miro ligeramente a su derecha y noto a los demás esclavos, gente fuerte, pero cansada. Sin embargo, le llamo la atención ver que habia un pequeño niño entre sus tropas. No entendía que hacia allí. Sin embargo, si llevaba la cadena quería decir que era uno de ellos. Casi como si los mismos organizadores fueran conscientes de ello, su bolsa de cargar era mas pequeña. Ella sintió algo oscuro en su pecho. Su mirada se opacó. En su reino, un pequeño de esa edad jamás podria convertirse en un esclavo sin importar su crimen, o lo que hubiera hecho. —¿Qué estas mirando? Sigue caminando Ella miro hacia el hombre con el fuete en la mano que se encontraba encima de la tarima bajo el abrasante sol. No le contesto. Ella era valiente, pero no estúpida. Y no iba a arriesgar su propia suerte. Decidió obedecer, dejar de mirar al niño y seguir caminando para continuar con su labor hasta la carreta. Sin embargo, luego de unas horas de trabajo paso un incidente. Uno que marcaria un trato diferente para siempre. Cuando las rodillas del pequeño toparon la tierra, el hombre le pidió que se pusiera de pie, sin embargo las fuerzas del niño le fallaron y no pudo volver a levantarse, el cansancio se notaba en cada parte de su diminuto cuerpo y sus ojos reflejaban ese poco espíritu que lo rodeaba ahora. Entonces cuando la mano del hombre se alzó y descendió con una fuerza y decisión guiada por el odio, ella se interpuso. Habia estado cerca, y habia sido un acto reflejo. Solo habia levantado el brazo para cubrirlo, y el látigo cayo en su antebrazo Ella hizo una mueca de dolor, pero siguió de pie. Los ojos del hombre la vieron con furia por haberse interpuesto —¡¿Qué estás haciendo, esclava?! ¡Regresa a la fila!— entonces su mano se levantó de nuevo y la bajo otra vez, ella al moverse un poco el látigo le dio por las costillas. Entonces ella cayó al suelo por el dolor. Y el hombre no dio a torcer su brazo, pues luego de ese vino otro azote, y otro, y otro, y otro, le siguió golpeando con rabia y descontrol mientras le gritaba cosas que ella no procesaba del todo ya. Sin embargo, en otro movimiento cuando iba a seguir golpeándola, la mano de alguien mas lo detuvo. —¿Qué crees que estás haciendo?— una voz gruesa y firme lo reprendía —¿Qué te pasa? ¿Qué no ves que reprendo a un peón fuera de control? —¿Peón?— habia enojo en su voz —¿Acaso eres idiota? ¡¿te quieres morir?! El guardia no comprendía, el otro hombre, que al parecer era otro m*****o de la guardia de más alto nivel meneo la cabeza en negación con pesar y terror — ella es la princesa del reino de Calimpo, — por el como hablaban se podía ver que eran cercanos. Casi como colegas, amigos. El rostro del hombre ahora palideció —¿qué? — habia pánico en su voz. Luego sus ojos verdes regresaron a verla con temor —pero… pero…— miro de vuelta a su amigo —ella se supone que trabaja puertas adentro. ¿Por qué estaría aquí afuera? —¿Es que nadie te lo ha informado ya? —¡¿Cómo se supone que iba a saberlo?! —El príncipe Elian ordeno que nadie la tocara. Acabas de firmar tu sentencia de muerte. « ¿Muerte? » pensó ella « ¿Por qué el daría esa orden? ¿Qué nadie la tocara?» Sus ojos mieles se alzaron hacia el guardia que la miraba ahora con terror. Entonces el tipo se arrodillo ante ella —por favor... por favor... perdóname. No me delate con su majestad. No le diga nada. Se lo suplico. Ella lo miro crédula, nunca habia pensado que alguien en el reino enemigo se arrodillaría ante ella, y menos suplicarle Ella sintió la sangre caliente rodar de su brazo —¡Criada! ¡Criada!— grito el otro guardia cuando veía a una mujer pasar —por favor, llévensela ahora y cúrenle las heridas. Todo en secreto. Ni una sola palabra de esto —le amenazo Ella asintió y obedeció ayudando a la chica a ponerse de pie. —¿Me perdonaras la vida?—retomo el otro hombre aun en el suelo— ¿no se lo dirás, verdad? Ella lo miro aun sin retirarse por completo con la mujer. Entonces sus ojos se cerraron un poco mirándolo de forma escrutadora—bien. No diré nada — cedió — pero, —menciono mirándolo sería — tu no volverás a causar la tortura, o la violencia física para adiestrar a ninguno de los esclavos — entonces miro hacia el otro hombre de traje, el líder de la guardia —y si aprecias a tu amigo, tu darás esa orden a todos tus hombres también —dijo reconociendo quien mandaba mas aquí Este asintió — no es mi amigo, —la miro —es mi hermano. Y... —suspiro —tienes mi palabra. El otro hombre lloro, porque consideraba eso piedad —gracias. Gracias — parecía desvivirse por demostrar lo agradecido que estaba con ambos. En especial con ella. Entonces el hombre arrojo lejos el látigo como si eso demostrara algo. —Si me llego a enterar que has roto tu promesa, —menciono lentamente — yo… —No se preocupe. No lo hare. Le doy mi palabra también. Gracias. —entonces el guardia se levantó del suelo, y camino hacia el pequeño y lo ayudo a poner a este en pie como prueba de una forma de hacer las cosas diferentes Ella asintió y quedo parcialmente convencida de ellos dos. Entonces se marcho junto con la mujer. La señora fue servicial, pero poco conversadora. Por no decir, nula. No le dijo una sola palabra. Solo la curo. La vendo. Y le dieron ropa nueva. Una de mangas largas para que cubriera las heridas hasta que sanaran del todo. Seria un secreto. Su secreto. Era mejor asi. Alguien más debiéndole un favor. Ganarse el aprecio de todo el mundo seria importante para sobrevivir. No es que hubiera planeado que las cosas salieran asi. Solo habia sido una acción altruista. Solo quería salvar al pequeño. Pero el mundo la habia recompensado. Mientras sus posibilidades por seguir viviendo aumentaran la forma en que lo conseguía era lo de menos. Horas más tarde luego de llevarla a su celda descanso el resto del dia. Sin embargo, mientras estaba en la vigilia del sueño alguien entro para levantarla Ella giro levente y miro a un joven de rubios cabellos parado cerca de la reja, perfectamente uniformado —Levántese. —ordeno —Tiene trabajo que hacer Eso le pareció extraño. Miro hacia la ventanilla que daba al exterior, aquella que se habia convertido en su mejor amiga y la que le permitía soñar con la esperanza y la libertad. ¿Qué clase de trabajo se desarrollaba en medio de la noche? Su corazón latiendo a mil por hora. Algo sonaba raro en todo esto. ¿Acaso era una trampa? ¿La llevarían a un lugar para matarla en medio de la noche sin que nadie la viera u oyera gritar? ¿se habría cansado el príncipe de esperar a que ella misma deseara su propia muerte? ¿Acabaría por fin el trabajo, y este hombre seria quien lo hiciese? —¿Por qué? —Porque asi lo han demandado. Son las ordenes. —¿Pero llevarme a... a donde? —Requieren de su presencia, — el hombre la miro con postura firme —en los aposentos de su majestad; el príncipe.
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