Él, luego de escucharme, permaneció en silencio sin mirarme, yo me giré, quedando frente a él. Su mirada estaba sobre sus manos, aquellos dedos entrelazados reposaban sobre sus piernas. Cerré mis ojos, me ardían, no quería llorar, pero era explotar o sacarlo a través de las lágrimas. —Me alegra que te quedes sin palabras, fue justo como me sentí yo al saber todo cuanto habías hecho. Y a saber las cosas que no sé. Quiero ir mencionándote cada una de ellas. Para empezar, el trato no se rompió cuando te acostaste con Patricia, sí, con esa zorra a la que pusiste frente a mi, pidiendo favores para ella, se que fue con quien te acosaste. El trato se rompió cuando te fuiste de la lengua con tus amigos, algo que era solo entre tú y yo, algo que no le ibas a decir a nadie. Te sentaste frente a el

