Tan pronto vuelvo a la habitación, regreso a mi asiento previo. Me instalo frente el tocador y lo primero que hago es retirar la pinza de mi flequillo. Tomo del tocador mi cepillo para el cabello y peino mi melena. Doy un vistazo en el espejo detenidamente y alzando las manos para ayudarme, recojo mi cabello entre mis manos. Sí, mucho mejor. De la gaveta saco una pequeña caja con colas y horquillas y hago mi mejor esfuerzo para recoger mi cabello, dejando libremente mi flequillo.
En el momento en el que estoy lidiando por hacer que mi cabello se mantenga en un solo lugar, veo que Ethan entra a la habitación. Se mantiene en silencio y ni siquiera se gira para mirarme. A través del espejo lo veo caminar tras de mí y aunque intento no ser la típica novia paranoica, no puedo evitar pensar que su comportamiento es extraño. Por lo menos distante. Yo también guardo silencio. Lo veo de reojo mientras llevo una horquilla a mis dientes para abrirla y con esta fijar mi último mechón de cabello al aire. Definitivamente, mucho mejor.
Me pongo de pie y camino hasta las puertas que dan al closet, el cual, cada vez que me detengo frente a él solo puedo pensar en lo ridículamente enorme que es. Ni siquiera mis padres que son posiblemente las personas más snobs que conozco tienen un armario que abarque la mitad de la habitación, como es en este caso. Despliego las puertas corredizas de madera y camino por un pasillo de al menos unos dos metros de largo que me conduce hasta el auténtico armario. Es una habitación dentro de la habitación, la mitad está destinada para mí y la otra para Ethan. En medio de esta hay un espejo doble y una butaca redonda recubierta en gamuza negra. Completamente innecesario si me lo preguntan. Pero como todo el mundo dice los polos opuestos se atraen y nunca pensé que eso fuese cierto hasta que conocí a Ethan, tan diferente a mí, tan perfecto para mí.
Me dirijo hasta el lado que me corresponde, repleto de ropa y zapatos, sí, pero que juntos sumarían más o menos lo que vale una camisa de mi futuro esposo quien por cierto, cada vez que tiene oportunidad me obsequia algo ostentoso que después de darle las gracias suelo dejarlo al fondo del closet, no porque no me guste, es una suerte tener un novio que realmente conozca mis gustos sino que rara vez tengo oportunidad de asistir a eventos que ameriten usar ropa de más de dos mil dólares, aunque pensándolo bien, el anuncio del compromiso de Margaret podría ser una oportunidad perfecta para llevar uno de esos trajes caros. Así que aparto mis blusas y franelas viejas, deslizando las percheras hasta dejarlas en un esquina y presto atención a la ropa que me ha obsequiado Ethan estos últimos meses.
Mi atención enseguida se posa en un traje n***o, pantalón y blazer, que incluso viene con su corbata. Ethan, quien me conoce bien, sabe que si bien me gustan los vestidos, nunca los cambiaría por un buen y cómodo pantalón, especialmente uno tan elegante como este. Entonces lo tomo y con cuidado de no arrugarlo lo llevo hasta el mueble en el centro. De vuelta al armario busco mi siempre aliada camisa blanca para completar el atuendo.
Lo primero que hago es deshacerme de la bata blanca de casa que dejo caer sobre el piso y tomo el pantalón. Jamás reconocería esto en voz alta pero a veces entiendo la fascinación de la gente por la ropa cara: la seda contra mis piernas es como una caricia sobre mi piel. Sin embargo, nunca renunciaría a mis pantalones de lino que compro en el centro de la ciudad. Tomo la camisa y la coloco, asegurándome que el brasier color nude no se vea sobre la tela. Mientras abotono la camisa, Ethan entra al armario manteniendo esa expresión impenetrable, sus ojos siguen sin buscarme. Termino de abotonar la camisa, la coloco por dentro del pantalón mientras él toma la ropa que llevará para la reunión. Lo miro pero él no me devuelve la mirada, luce demasiado concentrado mientras cambia su conjunto de chándal por un pantalón n***o y una camisa gris.
Yo aclaro mi garganta pero él no hace nada, no dice nada. Esto es algo inusual. Le conozco tan bien y sé cuan expresivo es que incluso cuando trata de mantener una expresión neutra en su rostro es porque está tratando de esconder algo más pero ¿exactamente qué? ¿sigue molesto conmigo? ¿está decepcionado? ¿podría preguntarle qué le sucede y no quedar como una loca paranoica?
—Creo que el experto en esto eres tú — Digo alzando la corbata negra también de seda —¿Podrías ayudarme?— Digo cuando me cercioro que ha terminado de arreglarse.
Aún en silencio camina hasta mí, toma la corbata y luego lleva sus manos hasta el cuello de mi camisa para levantarlo. Acomoda la corbata debajo de este y vuelve a acomodarlo tal como estaba hace un segundo. Mientras tanto, yo estudio con tanta determinación cada uno de sus movimientos que enseguida puedo notar el atisbo de una sonrisa.
—¿Qué sucede?— Digo sonriendo por mera inercia o tal vez solo quiero aferrarme a la idea de que ese pequeño gesto es un indicio de que no está enojado conmigo y todo el caos he estado pensando es exactamente eso, producto de mi volátil cabeza.
—Nada. Es simplemente que...— Se detiene y retoma nuevamente la frase —Es la primera vez que arreglo una corbata que no es mía.
—Entonces dilo— Le insto —Sabes cuanto me encanta que te des cuenta de esas cosas que parecen pequeñas pero significan algo. Significan mucho.
Dilo, por favor, porque tu silencio me está matando.
—Es algo insignificante — Dice encogiendose de hombros, justo antes de terminar de arreglar la corbata.
—Sabes que no lo es— Digo mientras sacudo la cabeza —No entiendo porque estás tan callado.
—Lo dices como si estuviese todo el tiempo hablando, sabes que no soy así — Se gira para tomar del mueble el cinturón, su cartera y otras cosas que no me detengo a ver.
—Ethan, sabes a lo que me refiero. Ni siquiera te atreves a mirarme. Y durante todo este tiempo que tenemos juntos, incluso diría que desde el momento en que nos conocimos, nunca pero jamás has llegado a un lugar en el que yo esté y no voltees a mirarme. Si estás tratando de castigarme por lo que hice te felicito, lo estas consiguiendo...
Me detengo cuando soy consciente de que esa última frase no pasó por el filtro entre mi cabeza y mi boca, así que son palabras irracionales pero jo ¿es eso lo que quiere? ¿torturarme con su ley de hielo? Llevo ambas manos a mis ojos y sacudo la cabeza repetidas veces tratando de aclarar mis pensamientos. Debo ser racional. Necesito ser racional.
—No estoy tratando de castigarte, Chrys. Incluso suena ridículo decirlo en voz alta— Si expresión es de asco, como si realmente le indiganara el que yo creyese que ignorandome es su forma de hacerme pagar por estar casada con mi ex —Es solo que acordamos dejar el tema para después de la reunión de tu hermana ¿no?
—¿Y mientras tanto lo mejor es hacer de cuentas que no estoy aquí?— Si sueno ofendida es porque lo estoy —¡No te das cuenta que hacer como si no existo hace las cosas mucho peor! Al menos para mí — No me doy cuenta del incremento en el volumen de mi voz hasta sentir mi respiración entrecortada justo cuando hago silencio.
—Yo no quise...— Se detiene para dejar escapar el aire contenido en sus pulmones —Mi intención nunca ha sido hacerte sentir mal, Chrys. Lo siento si he hecho las cosas peor para ti.
Lo miro fijamente por un par de segundos y me tranquiliza al menos ver el arrepentimiento en sus ojos. Le creo. Sacudo el flequillo en mi frente y miro inquieta el lugar tratando de salir de este atolladero cuanto antes. Mordiendo el interior de mi mejilla, tomo el móvil de Ethan que está sobre la butaca y lo extiendo hacia él para que desbloquee la pantalla por mi. Una vez que lo devuelve busco enseguida el mapa y registro nuestra ubicación actual y la casa de mi hermana, donde llevará a cabo su reunión.
—Tenemos veintisiete minutos para sacar de nuestro organismo todo lo que tenemos que decir — Digo devolviendo el teléfono a sus manos —Pero siento que no podemos seguir reprimiendo esto por mucho más tiempo— o acabaremos explotando, destrozados por el peso de lo que hemos oprimido.
Camino nuevamente hasta mi armario y tomo un par de tacones altos y puntiagudo y procedo a salir del lugar. Una vez en la habitación, me siento en el borde de la cama para cambiar de calzado. Mi celular, que se encuentra justo sobre la mesa de noche, suena una sola vez, pero basta para reconocer que se trata de un mensaje.
Cuando me encuentro lista lo tomo y veo que Nicole me ha enviado un artículo que lee: "Días completos de spa, la nueva tendencia en despedida de solteras" y junto a ese artículo, Nicole agrega: "Por favor, dile a tu novio que este es el tipo de despedida de soltera que te mereces" luego añade: "que nos merecemos" . Yo sonrío para mí pero enseguida me siento culpable. ¿No es eso lo que debería de estar haciendo ahorita? ¿No debería estar planificando mi boda, mi luna de miel, mi despedida de soltera? ¿Seremos capaces de manejar esto entre nosotros o el chisme correrá como la pólvora? Nicole probablemente soltaria una carcajada al enterarse; Daisy probablemente también, claro, luego de alarmarse y reprenderme por no haber pensado las cosas antes de hacerla; y mi madre, definitivamente si quiero que mi madre viva, no debería decirle bajo ninguna circunstancia que me encuentro casada con un hombre que no veo desde hace dos años.
Ethan se reune conmigo, nuevamente en la habitación y yo lo miro. Esto es extraño, es como si verlo anticipara el hecho de que aun sin querer, puede que las cosas se pongan rudas entre los dos.