Mi corazón retumba contra mi pecho al ver la expresión de Ethan, quien a veces (la mayoría de las veces) falla estrepitosamente cuando se trata de disimular emociones. Siempre he dicho que es algo bueno, que dice mucho de él, es una característica que lo convierte en una persona transparente. Su rostro siempre es un indicio de cómo se siente realmente. Y por esa misma razón ahora mismo me resulta verle doloroso verle a la cara.
Es que, qué escenario más patético. Dos hombres hechos y derechos, con el ceño fruncido y mirada acusadora, uno un extraño y el otro mi futuro esposo, me miran mientras estoy sentada en bata de casa con un maquillaje a media aplicación y una estúpida pinza sobre mi cabeza. Me siento incluso ridícula. Miro a uno, luego miro al otro. Las expresiones de ninguno ceden delante de mí. Así que decido ponerme de pié para no sentirme indefensa. Sujeto bien la bata, con ambas manos, para prevenir que la pieza de ropa de seda que llevo puesta muestre más de lo que debería.
—Chrys ¿recuerdas algo de ese viaje?— Me cuestiona Ethan probablemente cuando ve mis intenciones de hablar, de decir algo para mi propia defensa.
—Por supuesto que lo recuerdo — Digo inmediatamente, como si la pregunta me ofendiera —Recuerdo todo— Hago una pausa y cierro mis ojos con fuerza antes de soltar: —Menos esa noche— Y me desplomo nuevamente en la silla. Me rindo, no hay manera de que pueda salvar mi dignidad, espera un momento ¡si la hay! —¡Pero nos casamos en Las Vegas! Eso es bueno ¿no?— Que diga que sí, que diga que sí —Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas ¿cierto? Ese matrimonio no es legal.
Vamos, que un matrimonio oficiado en una capilla de diez metros cuadrados por un hombre disfrazado de Elvis Presley y con un par de parejas borrachas como testigos, no puede ser legal. Sin embargo parece que el Señor Ceño Fruncido parece no estar de acuerdo conmigo.
—Me temo,— Comienza a decir —que esa es una creencia infundada. Los matrimonios en el condado de Nevada son completamente legales si se solicita un permiso para casarse al menos doce meses antes de la boda y si posterior a esta se registra el certificado de la misma. Eso incluye a Las Vegas.
—¡Pues ahí está!— Digo con genuina alegría ¿acaso no lo ven? —Sí, Henry y yo nos casamos pero no registramos nunca nada. Así que pueden estar tranquilos. Puedes estar tranquilo, Ethan.
Pero no lo está.
Esta vez Ethan no me ve a mí, en cambio ve a su abogado y este le devuelve la mirada. Su expresión es un poema, algo así como "Vaya chica tan ingenua" pero cómo no serlo. Yo no recuerdo cómo sucedieron las cosas y ellos me van soltando la información que manejan a cuenta gotas, creando un suspenso que me está matando.
—Chrys, por favor, dime qué recuerdas de ese viaje. Cualquier cosa — El corazón se me encoge cuando escucho la voz de Ethsn, suena casi como una súplica.
Si me odia ahora mismo, está en todo su derecho. Hasta cierto punto, yo misma lo hago. Deberíamos estar planeando nuestra boda, mi primer y único matrimonio y ahora resulta que estoy casada, casada con un hombre que no sé nada los últimos dos años ¿en qué estaba pensando?
—Semanas antes del viaje Henry y yo bromeábamos acerca de la idea de casarnos. Creo que en el fondo hacíamos comentarios en broma, pero los dos queríamos ir muy en serio— Me detengo para alzar la mirada y ver a Ethan. No quiero que le resulte incómodo escuchar cómo pensaba casarme con mi ex —Dijimos que nuestro matrimonio sería algo sencillo, sin nuestras familias — Obvio los detalles porque Ethan sabe que para entonces yo no estaba en buenos términos con mi familia y el Señor Ceño Fruncido no tiene porque escuchar los dimes y diretes de mi vida personal —Solo nuestros amigos — Que en realidad solo eran amigos de Henry— Y nosotros. Entonces iniciamos el viaje y fue cuando me propuso matrimonio. Yo dije que sí — Igualmente, Ethan sabe que llegué a estar comprometida —Cuando llegamos a Nevada, pensamos que allí podía ser la ceremonia. Probablemente en el desierto, alguno de sus amigos oficiaria la boda y luego de la boda podríamos ir todos juntos a Las Vegas para divertirnos. Ese fue el plan— Exclamo, rogando que me crea porque así fue como planeamos las cosas. Como Ethan sigue expectante a lo que tengo que decir, continuo: —Es cierto, una vez que llegamos al condado fuimos y solicitamos un permiso para casarnos, lo hicimos porque sabíamos que tendríamos un año para casarnos y como queríamos una boda sencilla, se supone que nos llevaría menos tiempo. Obtuvimos el permiso y después decidimos seguir hasta Las Vegas, tener una noche como la que queríamos planear para nuestro matrimonio pero esta vez solo para nosotros. Y...— Arrugo mis ojos cuando me doy cuenta que a partir de allí todos los recuerdos son borrosos.
Exactamente no sé si es culpa del alcohol o si mi propio subconsciente se ha encargado de bloquear cualquier recuerdo de la que puedo bautizar oficialmente como La Peor Noche de mi Vida o lo que es igual Mi Error Más Grande. Puedo vernos en las mesas de juegos, yo sostengo una copa copa y Henry una botella. Ese es probablemente el único recuerdo que tengo de esa noche. De repente empiezo a sentir náuseas. Llevo una mano a mi boca temiendo que mi desayune se escape.
—¿Eso es todo?— Ethan no puede evitar lucir decepcionado.
—De aquella noche, sí. Después de eso recuerdo que despertamos en un motel cercano, a las afueras, me sentía fatal porque obviamente había tomado demasiado. Recuerdo también que traté de arreglarme — Eso sí lo recuerdo muy bien, amanecí luciendo fatal —Bajamos a desayunar y retomamos nuestro viaje por carretera. Eso fue todo.
Observo como Ethan sacude su cabeza, no está feliz con mi versión de los hechos. Probablemente no he dicho nada que sea realmente útil, después de todo no recuerdo si firmé un acta de matrimonio o no pero aparentemente sí lo hice.
—Después de casarse, Henry registró su certificado de bodas, Chrys— Entonces Ethan extiende la carpeta hacia mí y yo vuelvo a tomarla con mis trémulas manos.
Me armo de valor y leo todo con cuidado aunque una parte de mi cerebro parece no querer procesar lo que estoy leyendo. En Las Vegas, Nevada, el día trece de julio, hace cuatro años contraje matrimonio con Henry. No recuerdo absolutamente nada de aquel momento pero no cabe duda que esa firma es mi firma, para ver estado habría incluso me salió muy bien. Y esa es la de Henry. Sin embargo, aparte de esa noche que obviamente ni logro procesar porque no la recuerdo, hay otras cosas que no me cuadran.
—No entiendo porque Henry registró esto si a los meses decidió cancelar nuestro compromiso — Aprieto mis labios con fuerza, no me siento a gusto con la idea de que el abogado de Ethan escuche ese tipo de cosas, pero qué mas da, se supone que está aquí para ayudarnos ¿no? —¿Por qué demonios alguien querría terminar con una persona con la que ya estás casa? ¡Es ilógico!
—Definitivamente en eso estamos de acuerdo y es algo que tú tienes que averiguar.
Tú.
Ha dicho tú. No nosotros.
Supongo que Ethan ha querido decirme, de una manera no muy sutil "Tú creaste este enredo, ahora tu lo arreglas"
—Claro, es mí problema — Digo haciendo énfasis en las últimas dos palabras. Y me importa si suena como que si estoy enojada. Realmente lo estoy —Y a todas estas ¿por qué sigue tu abogado aquí?— Muerdo mi labio tratando de controlar mi soberbia y luego suelto —Si solo vino a decirte que tu futura esposa está casada con alguien más, puede irse ya. Ahora, si hay una forma de solucionar esto, que empiece a hablar.
—Chrys, así no— Me advierte Ethan, no tienes por qué ser grosera.
—Ella tiene razón— Le interrumpe —Vine para darte la noticia, creo que era algo que no debía contarte por teléfono. Y me temo que no hay una forma de anular esto, si es a eso a lo que se refiere. El matrimonio ocurrió hace cuatro años y creo que no hay manera de probar a estas alturas que lo que hicieron, lo hicieron bajo el efecto del alcohol. Lo único que hay que hacer en este caso es buscar a la otra parte y divorciarse.
Divorcio.
Cómo demonios voy a ser una mujer divorciada si ni siquiera recuerdo haber estado casada en primer lugar.
—Hablamos luego— Escucho a Ethan decir mientras yo apoyo mi rostro entre mis manos.
—Cualquier duda que tengas Ethan, tanto tú como la Señora Chrysanthemus, no duden en llamarme.
A este señor le resulta fácil hacerse odiar. Está bien que un papel diga que estoy casada pero de ahí a llamarme "señora" es pasarse completamente de la línea. Cuando alzo la mirada nuevamente, me percato que Ethan y yo estamos solos. Alzo mis cejas y las náuseas que sentía hace un instante, se convierten en ganas de llorar que trato de reprimir con todas mis fuerzas.
—¿Lo siento?— Digo sin saber exactamente qué decir.
—No tienes por qué disculparte, Chrys— Aunque Ethan se esmera por sonar agradable, si voz es pesada.
—¿Cómo que no? Por mi culpa estamos en esto, tú mismo me lo acabas de decir. Yo tengo qué averiguarlo, yo tengo que salir de esta.
Ethan cierra sus ojos un segundo y sacude la cabeza, parece agotado ¿de lidiar conmigo? ¿de fingir que no me odia cuando si lo hace? Lleva ambas manos a la cintura y me mira fijamente.
—No quise ser grosero. Me refiero a que no puedo ir tras Henry para preguntarle por qué registró su acta de matrimonio y a los meses decidió terminar su compromiso. Creo que es un asunto que les concierne solo a ustedes. Ni siquiera a mí.
Tomo una bocanada de aire y quiero creer que habla enserio, que realmente no me odia y que, al igual que yo, solo quiere salir de esto. Extiende una mano hacia mi y yo la tomo, me ayuda a ponerme de pie y me rodea con sus brazos.
—Hágamos algo— Dice mientras lleva un mechón de cabello tras mi oreja y mientras su mirada se encarga de repasar mi rostro —Vamos a la reunión con tu familia. Vamos, así pasamos un rato agradable y luego pensamos cómo encontrar a Henry ¿te parece?— Yo asiento u él besa mi frente. Yo lo rodeo con los brazos y me aferro a él, apoyando mi mejilla sobre su pecho.
Le conozco tan bien que aunque tenga este tipo de gestos connigo, sé que aún no está bien. Ni mucho menos feliz. No nos meremos esto, nos merecemos poder casarnos cuando queramos y cómo queramos pero supongo que no tengo a nadie a quien culpar más que a mi misma. Dejo escapar un largo suspiro y me separo de él. Llevo una mano a mi cabeza, donde está la pinza que sostiene mi flequillo y recuerdo que aún no termino ni siquiera de maquillarme. Probablemente ya se nos ha hecho tarde.
—Aún no estoy lista— Exclamo como si la bata de casa y la pinza en mi cabeza no lo hace bastante obvio.
—Vamos, aún estamos a tiempo de llegar a buena hora— Ethan me toma de la mano y dejando un beso en su hombro, sigo el camino que él también sigue.