Con todo y la tensión que le causó la presencia de sus ex compañeros de taller allí, Alondra llegado su momento de mayor emoción se obligó a disfrutarlo. No sin antes de haber sido sometida a la tensión propia del curioso que nunca falta para enturbiar los buenos momentos. Matías, parecía destinado a ejercer bien esa misión, no dejó de mirarla. —Y dime, Alondra… —se inclinó apenas—, ¿sigues en contacto con alguien de nuestro pasado? La pregunta era una trampa. Lo supo de inmediato. Alondra no dejó que su rostro reflejara sorpresa o incomodidad. —No realmente. Mi vida ha cambiado mucho. Matías asintió lentamente. —Interesante. Alondra supo que debía terminar la conversación antes de que él profundizara más. Le hicieron seña para que subiera al lugar donde estarían quienes iban a rec

